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Agosto 2021 – Noticias y Novedades
Biografía de Louis Antonin François Lliboutry

Fue un glaciólogo y montañista francés, nacido en Madrid de padres franceses catalanes, formado profesionalmente en Francia, radicado en Chile desde 1951, donde estudió y cartografió durante 5 años los glaciares de los Andes Centrales y Patagónicos siendo considerado el padre de la glaciología chilena

Por José Herminio Hernández. Montañista, Coronel (RE)


Restauración Fotográfica: Centro Cultural Argentino de Montaña, Raúl Torres

 

Este artículo se ha realizado inspirándonos en el libro "El hombre que desafió los glaciares, Louis Lliboutry", del autor Marc Turell

Para ingresar a la versión PDF del libro "El hombre que desafió los glaciares, Louis Lliboutry"
Hacer clic aquí: Louis Lliboutry - El Hombre que Descifró los Glaciares


Origen familiar y primeros años

Nació en Madrid, España, el 19 de febrero de 1922, de padres catalanes franceses, todos sus ancestros fueron catalanes de Perpiñán; fue uno de los primeros geógrafos, glaciólogos, esquiador, andinista y alpinista francés.

Tanto su padre Jacques Lliboutry, como su hermano Louis, llegaron a Barcelona, Reino de España, al inició del siglo XX, donde trabajaron duro para insertarse en esta nueva comunidad y llevar adelante sus oficios.

Louis Lliboutry en el cerro Polo, 1954. Foto: Wikipedia
Colección de la familia Lliboutry, del libro El hombre que descifró los glaciares


Ambos hermanos se instalaron luego en Madrid, donde Jacques, ejerció el oficio de representante comercial.

La Primera Guerra Mundial, hizo que Jacques (el padre de Louis), por una necesidad del país, Francia, fuera movilizado como piloto de reconocimiento militar y se destacó en combates aéreos sobre el río Somme, actividad ésta por la cual, le otorgaron una medalla militar, por su desempeño.

En el año 1920, Jacques, se casó en Perpiñán, con una joven atractiva y dinámica de origen catalana y nórdica, Jeanne Danoy Macabies; se trasladaron a Madrid, donde el 22 de febrero de 1922, nació el primogénito, Louis.

En el año 1927, nació el hermano de Louis, bautizado con el nombre de René; mientras que luego, toda la familia se trasladó a Pozuelo de Alarcón, en el año 1934, a tan solo 39 kilómetros.

En Madrid, cursó sus primeros años del colegio, en el Liceo Francés de la ciudad. Proclives a las ideas republicanas, tanto su padre, como su tío, formaron parte de un movimiento cultural que luego trajo el avenimiento de la Republica, en el año 1931, pero ante el avance de este partido de gobierno e ideología, más algunas equivocadas decisiones, provocó la caída del mismo y el avenimiento de un gobierno militar encabezado por el General Francisco Franco; esto motivó que debieran regresar a Francia, toda la familia y fue por este motivo, que su familia tuvo que dejar todos sus bienes, mientras que su padre perdía también su trabajo. Repatriados hacia Francia, Louis, pronto reveló su interés por la investigación y la exploración, inculcado por las novelas de Julio Verne, mientras que los Recuerdos entomologiques de Jean-Henri Fabre, lo llevaron a observar y coleccionar insectos. También recordaba, Louis, su temprana pasión por Meccano, lo que tal vez explique su inclinación y posterior decisión en convertirse en un investigador mecánico.

Luego sus padres consiguieron una beca de la Fundación Honnorat y por el Comité de Protección de los hijos de franceses que residían en el extranjero.

Louis Lliboutry, padre de la glaciologia chilena. Foto: Fundacion glaciares Chilenos
Colección de la familia Lliboutry, del libro El hombre que descifró los glaciares


Primera etapa de estudios y especialización en física

Louis, estudió como interno en el Colegio de Perpiñán y luego, en el Liceo de Montpellier, obteniendo el bachillerato en Matemáticas y Filosofía.

Posteriormente, efectuó varios cursos en matemáticas en el Liceo Louis-le-Grand, destacándose por su capacidad de pesar en su corta edad.

El propio Louis, comentaba que, aficionado desde su infancia a la observación y a las ciencias naturales, me hubiese convertido en naturalista sino hubiese tenido facilidad para las matemáticas; lo que, según la organización actual de los estudios en Francia, le hubiese conducido directamente a la Escuela Politécnica. Sin embargo, entró a la Escuela Normal Superior, con el claro objetico de dedicarme a la investigación, y eligió la física para alejarme de la abstracción, a la cual era demasiado propenso.

Durante su primer año de sus estudios superiores, Louis, a diferencia de sus compañeros que eran atraídos por el estudio de la física nuclear, él se metió en el estudio de la física mecánica.

También, hizo referencia en sus escritos, que el acceso a los niveles superiores de los estudios, era un camino con dificultades, para aquellos de recursos económicos escasos, y aunque fuera brillante quien la llevaba a cabo, le costaría varias generaciones, para acceder a la burguesía, como así también, tener algo de suerte en la vida para conseguirla.

A pesar de la guerra que tocaba a la Francia de entonces, los estudios superiores se mantenían a pesar de todo las precauciones propias para evitar que el invasor no detectara si había alguna inclinación por oponerse al régimen imperante y para seguir adelante sin tener que sufrir algún problema.

De todas formas, Louis, obtuvo el cuarto lugar para el ingreso en la Escuela Normal Superior y luego, una beca para seguir la licenciatura en la Academia de Montpellier.

No obstante, los traslados y las restricciones que se vivía en ese momento, la construcción de nuevos laboratorios científicos a pesar de la situación reinante, hizo que fueran mejores las condiciones que antes de la guerra, en cuanto a la parte investigativa impulsado por Pierre Auger (primero en el mundo, en diseñar y estudiar rayos cósmicos de altas energías) y Joseph Pérès (matemático francés, y uno de los fundadores del Institut des Hautes Études Scientifiques y su primer presidente hasta su muerte), llevando adelante los trabajos.

Mientras que Louis, solicitó una beca para seguir sus estudios superiores, su padre, Jacques, trabajaba como empleado en las oficinas de Puentes y Caminos de Perpiñán, sin poder ayudar a su hijo económicamente, como era su deseo.

Louis Lliboutry,en Grenoble. Foto: Le Dauphine
Colección de la familia Lliboutry, del libro El hombre que descifró los glaciares


Se le otorgó una beca del estado que le proporcionó, un escaso subsidio, que le permitía pagar el alojamiento, comida, calefacción y servicio de lavandería, pero las condiciones del lugar eran bastante deplorables y tenía que hacer buenos cálculos para que le alcanzara para sus necesidades básicas.

A mediados de 1943, Louis, fue citado por parte de los invasores para la revisión, con vistas a ser reubicado, logrando un certificado de incapacidad para evitar ser trasladado a Alemania, lugar donde eran trasladado por los nacistas para trabajar para su gobierno.

En este corto, pero cruento periodo de la resistencia, Louis, muchas veces estuvo tentado de participar como partisano, actividad esta peligrosa de la cual, luego, se arrepintió el no haber podido llevarla a cabo, no obstante, participó en los últimos momentos de la recuperación de París, como camillero, en la parte sanitaria de la misma.

A mediados del año 1945, si bien la guerra seguía oficialmente, se podía decir que ya había concluido y se iniciaron los preparativos para las elecciones de autoridades en la Francia libre, lo cual tranquilizaba los ánimos de la población y especialmente, de nuestro biografiado.

Por sus destacados resultados durante su carrera, Louis, no se le exigió ningún cargo docente, exigencia ésta de todo becario que debía devolver con sus servicios la recepción de sus becas, es decir el dinero que solventaba el estado mientras durara el cursado del estudio en la casa de altos estudios, es decir en los estudios superiores; esto le permitió entrar de lleno al área de la investigación.

La ascensión del Cervino fue, sin duda, uno de los mayores desafíos alpinos de Louis Lliboutry.
Foto: Colección de la familia Lliboutry, del libro El hombre que descifró los glaciares


La investigación y el alplinismo como sus pasiones en la vida

El profesor Néel, futuro premio nobel, le propuso a Louis, ser asistente de cátedra, en la Facultad de Grenoble, mientras preparaba una Tesis sobre Las variaciones en la magnetización de una barra de acero bajo choques y tensión; el propio Néel, describió a su asistente: Tenía una mente original, y lo reconocía como un colaborador sin igual, "inventivo, brillante, ligeramente temperamental”, y era capaz de tomar buenas decisiones frente a los problemas que se le presentaban y sabía profundizar los contenidos que consideraba importantes.

El 15 de agosto de 1945, Louis, se trasladó a Les Praz de Chamonix, por un periodo de 15 días para la práctica del esquí, en la Escuela de Esquí y de Alpinismo, práctica que se realizaba con alumnos de las escuelas superiores, siendo el único que no pertenecía a la Escuela Superior de Educación Física.

Poco tiempo después, fue a realizar un curso de técnica de hielo al glaciar de Bossons; allí realizó algunas escaladas en las Aguja de Argentiere y luego, de dos ascensiones fáciles, ascendió a la cima del Monte Blanco, encordado con un aspirante a guía, siendo una gran experiencia para un novato que se incorporaba a la actividad deportiva de montaña.

Esto fue el puntapié inicial para seguir con la actividad durante muchos años y que le sirvió en el futuro para desarrollar sus investigaciones en la alta montaña de los Andes; también, siguió en la actividad de esquí, que prontamente no solo da sus primeros pasos, sino que con piel de foca hizo su ascenso al Rocher Blanc des Sept Laux, la Croux des Belledonne y varias cumbres más cercanas al Alpe de Villar d’ Arêne, en un fin de semana de semana santa, con integrantes del Club Alpino Francés, estos logros lo motivaron para seguir desarrollando estos deportes.

Luego, ascendió a la Barre des Écrins; también, realizó una travesía de la Meiji, con su compañero de cordada Breynat, a quien sostuvo cuando haciendo de primero de cordada, su compañero se desprendió de la montaña y tras caer 10 metros fue sostenido por Louis, quien por realizar esta maniobra tuvo algunas quemaduras en sus manos, producto del rozamiento acelerado de la cuerda que sostenía.

En el invierno del año 1947, volvió por dos semanas a la escuela de Les Praz, para continuar perfeccionando la técnica del esquí, donde su instructor fue André Lachenal; haciendo lo mismo en el período estival para perfeccionar la técnica de alpinismo.

En el año 1948, incursionó en la espeleología durante treinta y ocho horas, con el Espeleo Club Alpino de Lyon, pero el sumergirse en las cavernas interiores de la tierra, fue una experiencia poco grata, lo cual hizo que nunca más regresara a la práctica de este deporte.

Para obtener datos de interés glaciológico, Louis Lliboutry propuso la creación de un refugio observatorio de altura,
cerca de la mina La Disputada de Las Condes (4.320 mts.)
.
Foto: Colección de la familia Lliboutry, del libro El hombre que descifró los glaciares


El sol de primavera que fusiona y endurece la superficie del terreno nevado consolidaba la superficie y permitía un mejor descenso, una práctica de una técnica más segura, lo cual le fascinaba hacerlo en esta época, el cual disfrutaba, tanto el largo y fatigado ascenso, como el breve descenso de regreso, por pendientes que le permitían realizar una mejor técnica, más depurada.

El profesor Néel, controlaba permanentemente su avance en su tesis que le había impuesto desarrollar, aunque le preocupaba, las prácticas de los deportes de montaña, y no miraba con buenos ojos la práctica tanto del alpinismo, como del esquí, que desarrollaba Louis.

Pretendía el profesor Néel que se dedicara de lleno al tema impuesto, además, porque veía en estos deportes de riesgos, una posible causa de abandonar el trabajo que llevaba a cabo, llámese por los posibles accidentes o porque se entusiasmara en demasía por esos deportes.

El 7 de junio de 1950, defendió la Tesis; una tesis que desarrolló en su exposición en forma excelente según el profesor Néel, recibiendo el título de doctor en Ciencias, con mención muy honorable; sus padres estuvieron presentes en la exposición, y se emocionaron mucho no solo por la desenvoltura en que realizó la exposición, sino en cuanto a los resultados obtenidos en la misma; aunque, faltaba alguien para que la alegría y la felicidad de Louis, fuera completa, la joven amiga que había conocido en Grenoble, Claude Micanel, quien después se convirtió en novia, en esposa y madre de sus hijos.

En el año 1947, decidió solicitar su traslado al extranjero, para trabajar como docente o profesional, tuvo que elegir entre Chile, Perú o Afganistán.

Lamentablemente, recién se concretó esta solicitud a finales de febrero de 1951, cuando luego de habérsele seleccionado el lugar de destino, se embarcó en Marsella, en el barco Florida, rumbo al lejano país sudamericano de Chile.

Allí prestó sus servicios tanto docentes como prácticos al gobierno de ese lejano país; sus padres alegres por sus logros, pero tristes por la despedida lo acompañaron desde Perpiñán, hasta el puerto, en donde su hijo se embarcaba en una nueva misión como profesional; esto los llenó de orgullo y satisfacción y de tristeza por el alejamiento.

Su largo viaje por el mar, lo llevó a encontrarse a si mismo, y soñar con nuevos horizontes que se le abrían en su nueva vida profesional; luego de hacer escala en Brasil, desembarcó en Buenos Aires, donde tomó el tren trasandino hacia su destino final Santiago de Chile.

Docente desde su juventud en que aquilató conocimientos, produciendo un gran placer las enseñanzas de sus fundamentos, si bien cada clase eran un desafío, también cada una de ellas estaba llena de orgullo y placer de enseñar, lo que a lo largo de sus años de estudiante e investigador había logrado reunir conocimiento y experiencia.

Su periplo en la travesía en tren le deja no solo apreciar los pueblos y costumbres, primero de la pampa húmeda de Argentina, luego la zona árida hacia el suelo cuyano, como también y muy especialmente, los monumentales Andes que se yerguen en su paso hacia Chile.

Su llegada, luego de una demora de cuatro horas en el pasaje a Chile por desperfectos de la máquina que arrastra el tren, arribó a Santiago en la madrugada; pero un buen recibimiento más un cómodo departamento bien ubicado en la ciudad capital, llenaron todas las necesidades cubiertas y las expectativas que traía.

Louis Lliboutry en una de sus expediciones a los glaciares Olivares y Juncal Sur.
Foto: Colección de la familia Lliboutry, del libro El hombre que descifró los glaciares


No solo fue bienvenido por las autoridades de la Universidad de Chile, sino que recibió todo el apoyo desde la embajada francesa en este país, que desde su llegada tuvo una relación directa y todo el apoyo.

No bien llegó se enteró que podía dar cabida también a su pasa tiempo los fines de semana de la época invernal con el deporte del esquí lo cual matizó sus tareas de la semana con los fines de semana en la montaña nevada frente a Santiago, especialmente en el cerro Colorado.

Fue Louis, el primero en bajar esquiando luego de subir con piel de foca, el cerro Colorado, desconocida técnica y material.

También se conectó con andinista y esquiadores chilenos y extranjeros que visitaban el país entre ellos el triple campeón mundial Emile Allais, quien entrenaba el equipo norteamericano de esquí y era director de le Escuela de Esquí de Portillo.

Este campeón de esquí alpino de Francia, había ganado los tres eventos en los campeonatos del mundo de 1937, en Chamonix y la medalla de oro en la combinada de 1938. Nacido en Megève, fue un corredor dominante en la década de 1930 y es considerado el primer gran esquiador alpino francés.

Entre los andinista lugareños, conoció, a los hermanos Chiaranda, que tenían un lujoso restaurante, uno de ellos, cuyo nombre era Vicente (destacado andinista chileno), fue quien ascendió en el año 1953, y filmó un cortometraje que la tituló: Un metro más alto que el Aconcagua, fue el que subió hasta la cumbre del Techo de América, llevando una mesa liviana que había portado hasta la cima, siendo filmado arriba de la misma y de ahí el título de la película; posteriormente, años más tarde, Vicente Chiaranda, conformando la cordada junto al capitán del Ejército chileno, René Gajardo Torres, luego de conquistar la cima del cerro Mercedario, a su regreso se perdió en la montaña y nunca más fue encontrado su cuerpo.

Podemos decir sin temor a equivocarnos, que Louis, fue el glaciólogo más destacado de Chile por sus intensos estudios tantos en los Andes centrales como en los Andes Patagónicos.

Cambios del glaciar Universidad, San Fernando, región de O’Higgins, Chile. En la parte superior de la imagen está el glaciar Universidad en el 2016. La imagen es de Google Earth. En la parte inferior está la fotografía más antigua del glaciar hasta ahora conocida. Esa fotografía fue tomada por la fuerza aérea de los Estados Unidos en el invierno chileno de 1944. Las puntas de flecha de colores marcan puntos de referencia en las imágenes para así dimensionar los cambios del hielo en el tiempo.
Imagen: www.glaciareschilenos.org


Su participación en la ascensión al Fitz Roy o Chaltén

En el mes de febrero de 1952, participó Louis, de la expedición francesa que coronó la cima del Chaltén; la misma fue organizada por un grupo de alpinistas franceses y ésta, tuvo una característica muy peculiar ya que era organizada por el Club Alpino de aquel país, no por alpinistas acostumbrados a las paredes de hielo, sino simples virtuosos de la escalada llamados bleausards, que se entrenaban en unas pequeñas rocas en las cercanías de París.

El grupo estuvo formado por Jacques Poincenot, Guido Magnone, M.A. Azena, René Ferlet, Depasse, Strouvé y el alpinista Lionel Terray, a los cuales se sumó como oficial de enlace el andinista argentino teniente Francisco Gerónimo Ibáñez y con la participación de nuestro biografiado, Louis Antonín Francois Lliboutry, radicado por ese tiempo en Chile.

A propósito de él, nos relataba en su libro Al asalto del Fitz Roy, Louis Depasse: Louis Lliboutry, excelente alpinista y esquiador, de cara redonda, regocijado, siempre contento, es también un apasionado de la montaña. Se desempeña actualmente como profesor de física de la Universidad de Santiago de chile, pero, en cuanto oyó hablar de la expedición, pidió inmediatamente participar en ella. Su tarea será ruda. Además de los estudios glaciológicos y geológicos, le tocará a menudo, realizar, sin la ayuda de ninguno, las penosas triangulaciones en terreno difícil y aún peligroso. En varias oportunidades requeriremos su ayuda para los transportes, a hombro, del material hacia los campamentos superiores. En cambio, nosotros nunca podremos ayudarlo.

Y así fue su ardua tarea, como andinista y como profesional de la misión requerida por la expedición. Pero que mejor dar paso al propio Luis Lliboutry, quien nos relataba la expedición en la participó, en ese año 1952: Cincuenta años después, de la expedición realizada por los franceses; la existencia de esta montaña, visible de muy lejos en la pampa argentina, fue señalada por Antonio de Viedma, en el año 1782.

Relató que los indios Tehuelches lo llamaban El Chaltén, en realidad así nombraban en su dialecto a cualquier volcán. Pude observar que era fácil tomar esta montaña, por un volcán. La canaleta del Fitz Roy, que tiene una orientación Oeste-Norte-Oeste, canaliza las nubes y las expulsa bajo la forma de un inmenso chorro blanco de mil metros de altura, antes de transformarse en gigantescos torbellinos en el cielo.

En el año 1826, el navegador británico Robert Fitz Roy, lo menciona de nuevo de tal manera que, en el año 1831, Francisco Moreno, bautizó oficialmente con el nombre de Viedma, el lago y Fitz Roy, al cerro. Fue solamente en el año 1902, durante estudios realizados para el trazado de las fronteras, que el geólogo alemán, Rodolfo Hauthal, reconoció que no es un volcán.

Ese año, un inmigrante danés, Andreas Madsen, se instaló a 12 kilómetros del Fitz Roy, en el Valle de las Vueltas. Publicó relatos muy interesantes sobre la Patagonia argentina, que había conocido a principios del siglo pasado, antes de que los estancieros quemaran todos los bosques y diezmaran las pacíficas poblaciones de huemules. Friedrich Reichert, un químico alemán, emigrado a Buenos Aires en el año 1904, realizó numerosas exploraciones en la región.

En los años 1931, 1932 y 1935, los alrededores del Fitz Roy eran visitados por el padre italiano Alberto de Agostini, quién bautizó muchas cumbres, como buen padre salesiano que era. Sus conferencias en Italia motivaron al Conde Aldo Bonacossa y a tres alpinistas italianos, a intentar el ascenso del Fitz Roy, en el año 1937.

Llegaron a La Silla, una loma helada a 640 metros bajo la cumbre. En el año 1948, el austríaco Hans Zechner, intentó una escalada por la vía opuesta, la Oeste. En el año 1951, estaba ya en Chile, cuando recibí una carta de René Ferlet, el secretario del Club Alpino Francés, en Paris. Organizaba una expedición a la Patagonia, para vencer al Fitz Roy y me pedía algunos mapas chilenos del sector.

En 1953, Louis Lliboutry, propone a la Universidad de Chile organizar en terreno el primer seminario
de glaciología con cursos de geofísica
.
Foto: Colección de la familia Lliboutry, del libro El hombre que descifró los glaciares


Le ofrecí mis servicios para participar en la expedición, levantar un mapa topográfico de la región y efectuar observaciones geológicas y glaciológicas. Tomé el avión hacia Buenos Aires, el 13 de diciembre del mismo año. Conocí allí al primer miembro de la expedición, Louis Depasse, guía de montaña en Chamonix.

Depasse, me presentó al presidente de la Asociación Argentina de Andinismo, Teodoro Hauthal y a su secretario, Federico Finó. De las personas que recibieron a nuestra expedición, quiero mencionar a un suizo que representaba a la empresa Nestlé en Buenos Aires, Freddy Marmillod.

Después de haber trabajado para Nestlé, en Santiago y en otras capitales andinas; Marmillod, realizó varias primeras ascensiones en los Andes de Perú y Chile y subió dos veces el Aconcagua con su esposa Dorly.

Algunos días después, llegaron Lionel Terray, quién acababa de terminar un ciclo de doscientas conferencias sobre el famoso ascenso al Annapurna y el subteniente Francisco Ibáñez, de 24 años, quién estaba de vuelta del Aconcagua. El quinto miembro de la expedición, el doctor Marc Antoine Azema, llegó al día siguiente en avión, con su esposa, mientras los cuatro parisinos de la expedición: Rene Ferlet, Guido Magnone, Jacques Poincenot y Georges Strouvé, desembarcaron en el puerto de Buenos Aires.

Hacía cinco años que Juan Perón, estaba en el poder en Argentina. Hauthal, nos había conseguido una audiencia con él. El 20 de diciembre, estábamos en la antesala de la Casa Rosada: La puerta se abrió y Perón, nos recibió. Conversó con nosotros recordándonos que había sido durante mucho tiempo oficial en las tropas andinas. A los 45 años, siendo coronel, había realizado una marcha de 17 horas, cargando una mochila de 36 kilos.

Su interés por el alpinismo no era fingido. “Usted se encarga de la expedición, nosotros de su viaje horizontal”, nos dijo. ¿Qué necesitan? No hay más espacios en los vuelos hacia el Sur... ¡Que me llamen al ministro de Transporte! Dijo Perón, y en minuto estuvo el ministro. Puso un avión especial a nuestra disposición.

No hay muchos contactos entre Puerto Santa Cruz, en la costa atlántica y el Fitz Roy, para transportar las dos y media toneladas de materiales. Nos gustaría conseguir un contacto radial también..., dijo Perón: “Que me llamen al ministro de Guerra!” Algunos minutos más tarde, dos camiones militares y un camión radio, eran puestos a nuestra disposición. No se confundan. Perón, amaba el montañismo. ¿Cuántos hombres políticos hoy en día asisten a largos partidos de fútbol sin apreciar realmente este deporte? El relato apasionante y dramático del doctor Azema, me dispensa de relatar en detalle la primera ascensión del Fitz Roy, por la vía Sureste, del 31 de enero al 2 de febrero de 1952.

Libro Nieves y glaciares de Chile. Autor: Louis Lliboutry. Foto: Iberlibro.com


Grandes etapas de la expedición a la Patagonia y escalada del Fitz Roy

Me limitaré a describir las grandes etapas de nuestra expedición. Partimos de Puerto Santa Cruz, en dos camiones militares el 24 de diciembre de 1951, para atravesar bajo el sol, 250 kilómetros de pampa sin ningún árbol. Pasamos la noche de navidad en un pequeño hotel en el extremo Oriental del Lago Viedma.

Nos acogieron los tres hermanos Halvorsen, cuya ayuda nos fue muy valiosa. El día siguiente era magnífico, sin nubes y con una vista soberbia.

Al Noreste y a unos 20 kilómetros de distancia, divisamos por primera vez el imponente Fitz Roy y su cortejo de agujas. Mis camaradas, observaban el Fitz con los prismáticos y desde lejos subestimaban las dificultades. Pensaban que la vía estaba llena de fisuras y chimeneas, como las agujas graníticas de los Alpes.

Creían percibir rampas nevadas cuando en definitiva se trataba de nieve que los torbellinos de viento habían pegado bajo algunos desplomes. Partiendo para efectuar un reconocimiento a caballo y cruzando el río Fitz Roy, Jacques Poincenot, cometió un error fatal y se ahogó, arrastrado por la fuerte corriente del río. Jacques, tenía facultades excepcionales para la escalada.

A pesar de este trágico accidente, seguimos en nuestro objetivo. Me puse a observar científicamente la región. La topografía del macizo se presenta como un cordón de orientación Norte-Sur de 25 kilómetros de largo que culmina en su centro con el Cerro Torre, de 3.102 metros SNM.

El Fitz Roy, de 3.405 metros SNM., se encuentra a 5 kilómetros más al Este, al centro de un pequeño cordón paralelo de 6 kilómetros de diámetro. Entre los dos se encuentra un valle extremadamente encajonado, ocupado por el glaciar del Torre. Este glaciar, se expande hacia el Sur y va unirse a los glaciares Adela y Grande, para terminar en un pequeño lago, denominado la laguna Torre.

La parte Norte del cordón principal a orillas del Hielo Patagónico Sur, ha sido bautizado Cordón Marconi, por el Padre de Agostini. El lado opuesto al hielo, está bordeado por el glaciar del mismo nombre que termina en la Laguna Eléctrica, cuyo desagüe, el río Eléctrico, va a desembocar en el río De las Vueltas.

El nombre de río Eléctrico, nombrado así por los estancieros y que suscitó el nombre de Cordón Marconi, proviene de las ráfagas de vientos extremadamente violentas que azotan el valle y que se asemejan a la descarga de los rayos. La cara Este del Fitz Roy, se enhiesta a más de 1.000 metros sobre el glaciar.

Laguna Torre bautizada por Louis Lliboutry. Foto: Welcome Argentina


Este último, tiene un desnivel de 6 kilómetros, bajando de 2.344 metros a 714 metros. Como en muchos glaciares de esta región, se termina por pequeños lagos, retenidos por una morrena transversal. El río Blanco nace de dos lagunas y desemboca hacia el Norte, en el río Eléctrico.

Es en un bosque ubicado a la ribera Oeste del río Blanco, a 715 metros de altura, donde instalamos nuestro campo base, a 5 kilómetros solamente en proyección horizontal del Fitz Roy. Es totalmente loco, mucho más difícil de lo que pensábamos. Del 7 al 10 de enero, instalamos el campamento 1, en un névé (masa de nieve endurecida), a 1.970 metros de altura y el campamento 2, a 2.335 metros.

Este último se encontraba en la base del Fitz Roy, en el borde inferior de la rimaya. El 11 de enero, Terray y Depasse, franquearon este muro de roca y hielo bajo La Silla, que no menciona Bonacossa. El glaciar debía haber llegado más arriba, en el año 1937. Alcanzaron La Silla, a 2.760 metros, punto extremo alcanzado por Bonacossa. Armaron el campamento 3, en la Brecha de los Italianos, haciendo una cueva en la nieve y bajando expuestos a un viento huracanado. Ninguno de los expedicionarios se había imaginado la fuerza de estos vientos patagónicos.

Fue necesario atar las cuerdas con piedras para efectuar los rapeles. Desde La Silla, el Fitz Roy presenta una inmensa pared vertical, con un solo defecto: una fisura casi vertical de 45 metros. El 22 de enero, Terray y Magnone, se demoraron todo un día para equipar los primeros 20 metros. "Es totalmente loco, mucho más difícil de lo que pensábamos" comenta el doctor Azema.

El mal tiempo nos obligó a pasar una semana en el campamento base. Las temperaturas bajaron de 5 grados y nevó mucho arriba de los 1.000 metros. Y siempre el viento, el terrible viento de la Patagonia, ¡con ráfagas de más de 180 kilómetros por hora! Con Depasse y Paco Ibáñez, observamos desde el campamento base, gracias a unos buenos prismáticos, la progresión de la cordada Terray-Magnone.

El primer día, emplearon nueve horas para superar los veinte metros, equipar y subir 100 metros suplementarios, forzando unos pasos de escalada muy delicados (A3).

Bajaron en tres horas para dormir en el campo 3. Los vientos no cesaban, guardianes implacables de estas cumbres inexpugnables. Pensaban renunciar.

Pero al día siguiente, mejora el tiempo. A las 07,15 horas, volvieron a subir, alivianándose lo máximo posible: parkas de plumas, un litro de agua, un queque y 150 gramos de alimentos concentrados, una sola cuerda de 60 metros, un solo par de grampones, un martillo para cada uno, algunas cuñas de madera y 60 pitones (hubieran necesitados más de 100), unas cintas y mosquetones, era todo, ni siquiera llevaban cámaras fotográficas. En cuatro horas, volvieron a escalar equipados, los 120 metros.

Luego, un paso de escalada artificial extremadamente difícil. Tardaron cinco horas para franquear 25 metros de pared. Cincuenta metros más arriba, las rocas están cubiertas de hielo y las condiciones se volvieron totalmente invernales. A las 22,30 horas, armaron un muy precario vivac, tallando el hielo durante dos horas, petrificados por el frío. Al día siguiente, les quedaban 400 metros muy expuestos con tres pasos de grado V Superior y tres de A3. Guido Magnone, sacó un largo de libre extremo, según él: ¡Alucinante!

En este último tramo, han agotado todos sus pitones, pero estaban por lograr ésta increíble ascensión final. La cumbre no resistió más al ímpetu de estos conquistadores de lo imposible. A las 16,30 horas, Terray y Magnone, coronaron la ascensión más difícil de toda su carrera deportiva.
El tiempo parecía comprometer la bajada. Lograron bajar en seis horas con quince rapeles, volviendo al campamento 3, agotados, justo antes del temporal. Más tarde, pregunté a Magnone, cómo habían podido realizar esta ascensión final sin pitones. Me respondió con toda humildad: "Expusimos la carne..."

Aguja Mermoz bautizada por Lliboutry. Foto: Desnivel


Festejos por el éxito de la escalada

Nos Louis Antonin Fracois Llibutry: Nos demoramos casi una semana para bajar todo el material de altura hasta el campamento base. Festejamos la victoria en la estancia de los Halvorsen. El 17 de febrero, volvimos al Puerto Santa Cruz, donde recordamos la memoria de Poincenot. Llegamos a Buenos Aires, cuatro días más tarde.

Conferencias de prensa y un cocktail en la Embajada de Francia, fue el programa en esta semana de carnaval en la capital argentina. Paco Ibáñez, fue celebrado como héroe. Guido Magnone, se preparaba para lograr otro de sus grandes proyectos: la cara Oeste de Los Drus, en los Alpes. Partimos a Mendoza, el 1ro de marzo, para subir el Aconcagua, con Paco Ibáñez y Freddy Marmillod. Lamentablemente, tuve que dejar a mis compañeros ya que comenzaba mis cursos en la Universidad de Chile. Conciencia profesional inútil, porque llegando a Santiago, mis colegas chilenos se habían puesto en huelga por un mes...

Una de sus obras más famosas fue el amplio tratado de nieves y glaciares de Chile, cuyo título es: Nieves y Glaciares de Chile, Fundamentos de Glaciología, fue publicado en el año 1956, por la Universidad de Chile.

Las obras de Lliboutry, se concentran en la glaciología de los Andes secos y Andes húmedos, especialmente en los alrededores de Santiago.

Louis Lliboutry


Tratado sobre los glaciares y nieves de Chile

Nos relata Hans Fernández, en un artículo sobre Lliboutry: “Glaciares y nieves de Chile” se considera como el primer tratado de glaciología moderna. La obra resume la física de la nieve y los glaciares. Además, brinda detalladas descripciones de los glaciares chilenos y del resto del mundo, otorgando orientaciones teóricas y metodológicas para el estudio de la criósfera (o ambientes congelados del planeta). De hecho, después de publicar “Glaciares y nieves de Chile”, a Lliboutry se le denominó el padre de la glaciología moderna. “Glaciares y nieves de Chile” no solo abordó el comportamiento físico de la nieve y del hielo, sino que también el impacto de los glaciares en el paisaje y el cambio de superficie glaciar alrededor del planeta durante la primera mitad del siglo XX.

La figura de Lliboutry dentro de las ciencias de la criósfera, es transcendental. Louis Lliboutry llama la atención por varios aspectos. Uno de ellos se relaciona con su entrega casi total al desarrollo del conocimiento científico. Lliboutry llega a Chile en 1951. Específicamente al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile de la mano del decano don Juan Gómez Millas. La idea de Gómez Millas fue promover la investigación de la ciencia física entre estudiantes de pedagogía.

De esta forma Lliboutry arriba al Instituto Pedagógico para hacerse cargo del Laboratorio de Física.

Sin embargo, la infraestructura institucional no era la esperada. Ante la dificultad, el francés asumió el desafío de adecuar por sí mismo las instalaciones del laboratorio para garantizar la correcta ejecución de experimentos básicos. Las dificultades materiales se sumaron a otro problema. En un muy buen libro de Lliboutry, escrito recientemente por Marc Turrel, se explica que además de los problemas de infraestructura se sumaba otro inconveniente casi insoslayable: la poca motivación de los estudiantes a los temas físicos.

Ante la falta de infraestructura y desmotivación estudiantil, Lliboutry comenzó a pensar en una nueva estrategia de trabajo.

Louis Lliboutry en su estudio. Foto: La Nacion


Vincular el montañismo al estudio como estrategia

Lliboutry, quien contaba con una vasta experiencia como montañista en los Alpes europeos, en sus funciones como Pedagogo (Instituto Pedagógico) de la Universidad de Chile le dejaron tiempo suficiente para explorar los Altos Andes de Santiago donde algunos glaciares, aún no estaban mapeados y muchos otros lugares realizados por el Instituto Geográfico Nacional de Chile, pero que variaciones importantes con la realidad, según mencionaba el propio Llibutry.

El levantamiento topográfico que llevó a cabo siguió utilizándose casi cuarenta años después.

En marzo de 1952, a unos 4.700 metros, es decir, 15.400 pies sobre el nivel del mar en el Nevado Juncal cerca del Aconcagua, observó los penitentes de nieve, misteriosas estructuras ya encontradas por Charles Darwin y atribuidas por los nativos a la talla de névé por fuertes vientos.

Louis Lliboutry, explicó cualitativamente su formación, debido a fenómenos complejos de fusión y radiación infrarroja reemitida por los penitentes. Esta es su primera contribución importante a la glaciología. 

Lliboutry, pasó su último año en Chile, en el año 1955, escribiendo un libro de casi 500 páginas, Nieves y glaciares de Chile, que presagiaba los dos volúmenes de su futuro Traité de glaciologie, de más de 1.000 páginas. En las décadas siguientes, su experiencia en glaciología y geofísica fue recordada muchas veces en América Latina, especialmente por el gobierno peruano y la UNESCO, antes y después del desastre de Yungay (un flujo de escombros causado por el estallido de una laguna cerca del glaciar Huascarán, causando la muerte a aproximadamente 20.000 víctima, el 31 de mayo de 1970).

Aguja Poincenot bautizada por Lliboutry. Foto: Wikipedia


Proyecto Trimetrogon

El proyecto se denominó Trimetrogon y permitió el levantamiento sistemático de información de los Andes chilenos desde el espacio por primera vez. Louis Lliboutry estudió las fotografías del proyecto Trimetrogon y comparó las imágenes con la cartografía existente en ese momento.

Ante todo, vamos aclarar como este método, utilizado en ese momento para realizar el relevamiento terrestre de la zona estudiada.

Trimetrogon es un método de relevamiento aerofotogramétrico creado poco después de la Segunda Guerra Mundial que consiste en la utilización de tres cámaras sincronizadas. La primera cámara se enfoca en forma perpendicular a la superficie terrestre, mientras que las otras dos cubren lateralmente un ángulo de 30º o más. La superposición de las imágenes obtenidas permite un análisis estereográfico de la topografía correspondiente a la zona sobrevolada.  ​

El nombre proviene de Metrogon, nombre que tenían las cámaras provistas por Bausch & Lomb para el primer sistema utilizado.

Una de las primeras cosas con que se encontró Lliboutry fue la existencia de una precaria cartografía cordillerana. Los mapas oficiales se caracterizaban por su falta de precisión en términos de localización, altitud y toponimia.

De hecho, el propio Lliboutry comentaba sobre la cartografía fronteriza de Chile central:

“La misma se encontraba agotada, no fue prácticamente modificada desde los tiempos de Risopatrón. En la región que nos interesa hay notables errores topográficos (…) Por otra parte prácticamente ningún glaciar figura en este mapa, aun cuando hay unos 1.200 kilómetros cuadrados de glaciares entre 33° y 35° S.”

La falta de datos y los grandes errores de los mapas nacionales, llevaron a Lliboutry a querer mejorar y actualizar buena parte de la cartografía chilena y también, la argentina, por estar en proximidades de la zona limítrofe.

Particularmente se enfocó en desarrollar la cartografía de los Andes Centrales y Patagónicos, lugares en donde desarrollo su actividad de estudio. Para ello utilizó las imágenes del vuelo Trimetrogon, fotografías y relatos de montañistas, lugareños y fue personalmente a levantar datos topográficos con su teodolito. Las imágenes del proyecto Trimetrogon sirvieron a Lliboutry para establecer los primeros mapeos detallados de los glaciares y desarrollar su estudio y proyección.

También esos registros se han ocupado posteriormente, para conocer cuánto y cómo han cambiado los glaciares desde mediados del siglo XX, a la fecha.

Aguja Saint Exupery bautizada por Lliboutry. Foto: Wikipedia


Louis Lliboutry confeccionó mapas sumamente detallados para los Andes chilenos. En ellos plasmó y corrigió sus datos de altitud de las montañas, la toponimia que los lugares aportaban y, por supuesto, la cobertura glaciar andina.

De acuerdo a esos estudios realizados en esa época, hoy se puede constatar y saber cuánto han retrocedido los glaciares y cuanta superficie glaciar se ha perdido en Chile central y en la Patagonia.

En Chile central, Lliboutry recorrió y mapeó la cordillera central de Chile central desde las secciones del Nevado Juncal (32° S) hasta el volcán Palomo (34° S). Añadió a la cartografía las rutas de acceso a las cumbres y una clasificación de dificultad para su ascensión.

Tan novedoso fue el trabajo de reconocimiento glaciológico que realizó Louis Lliboutry, que, en el año 1955, el propio francés lideró la primera expedición científica a los glaciares de la cordillera de la región de O’Higgins.

Viendo las fotografías del año 1944, notó la existencia de un glaciar de casi 30 kilómetros cuadrados en la cordillera de San Fernando.

Dicho glaciar nace desde el volcán El Palomo y es parte de las masas de hielo más grandes de Chile central.

Así Lliboutry junto a dos estudiantes de geología, llegaron a uno de los glaciares más extensos del centro del país. Lo estudiaron, lo recorrieron y lo bautizaron. Decidiendo denominarlo con el nombre “Universidad” al cuerpo de hielo, en honor a la casa de estudios que lo había recibido, acogido y apoyado.

Finalizada esta etapa, hace los preparativos para regresar a su tierra natal, su objetivo era concretar su unión matrimonial.

Antes de viajar hacia Francia, logró con la colaboración de andinista chilenos, elaborar un mapa de los Andes Centrales de Chile, con mejores datos que los que había publicado el Instituto Militar chileno, hasta ese momento.

Aguja Guillaumet bautizada por Lliboutry. Foto: Explore Share


Noviazgo y casamiento en Francia de Louis
Conferencias en Europa de sus estudios

En el mes de septiembre de 1953, Louis escribió a Claude, esa joven pianista que había conocido en Grenoble, a quien le propuso formalizar su casamiento; ella era la menor de tres hijas del matrimonio de Edgar Micanel y Marie-Louise Auclert.

Claude, se la conocía dentro del grupo de amigos y familia con el seudónimo de Pomme. Su padre era un científico y eminente jurista. Secretario del Colegio de Abogados, presidente del Grouppement Dauphinois de la Houille Blanche, miembro del Consejo de la Administración de la Asociación de Amigos de la Universidad de Grenoble; Edgar Micanel, ocupó numerosas funciones en el mundo político, cultural y social de la región.

Su esposa, Marie-Louise Auclert, cuyo origen era la Argelia francesa donde su padre se desempeñó como médico militar; era una dama deportista melómana y culta, y tanto la lectura como la escritura eran una pasión, como también los deportes de montaña, el esquí y el alpinismo.

Sin lugar a dudas el alejamiento, hizo apresurar la decisión de Louis, de convertir el noviazgo que había sido corto pero profundo, en casamiento.

En el mes de enero de 1954, viajó a Francia, para preparar la fiesta de su casamiento y regresar con su flamante compañía de su esposa; el mismo se concretó el 5 de abril de 1954.

Luego de una corta luna de miel, se trasladan hacia Cambridge a los efectos de que Louis, diera una charla sobre el tema Los Penitentes, en el Bristish Glaciological Society.

El 10 de julio, se embarcaron hacia Buenos Aires, donde visitaron algunos amigos de Louis, entre ellos los Marmillod y volaron hacia Santiago de Chile, donde fueron muy bien recibidos, tanto por los chilenos, como por sus compatriotas radicados en ese país trasandino.

En el mes de diciembre de 1954, Louis, se convirtió en miembro de la Sección de Hidrología de la American Geophisical Union; recibiendo para esa misma fecha la propuesta de su amigo el profesor Néel, de la creación de una cátedra de Glaciología en la Universidad de Grenoble.

Para esta fecha hizo la exploración y reconocimiento de la zona del cerro Palomo, con sus glaciares adyacentes.

El 17 de abril de 1955, nació el primer hijo Emmanuel Jacques Edgard. En el mes de febrero de 1956, junto a una cordada, se trasladó hacia el volcán Tiguiririca, haciendo cumbre en el mismo, y explorando los glaciares aledaños y luego, ascendieron a un cerro sin nombre al que bautizaron con el nombre de Punta Rosita, en honor al nombre de la novia de uno de los integrantes, alumno de Louis. A la noche del día de regreso les comunicó Louis, a los integrantes, que su décima exploración, era además, su última expedición a la cordillera.

En el mes de mayo de 1956, se embarcó con su esposa e hijo Emmanuel hacia Francia, desde el puerto de Valparaíso, rumbo al Norte, para cruzar por Panamá y luego dirigirse hacia su tierra natal, lo acompañaba, además, de sus pertenencias una gran cantidad de material de su estudio por las montañas y glaciares del país trasandino.

Cerro Fitz Roy y Aguja Pointcenot


Profesor en la Universidad de Grenoble

A su regreso, fue nombrado en la Universidad de Grenoble con retroactividad al año 1954, como profesor titular de esta casa de altos estudios.

A finales de 1956, fue invitado a participar de un curso organizado por el Snow, Ice and Permafrost Research Establishment, donde participaron un gran número de investigadores de distintos lugares del mundo. El 19 de enero de 1957, nació Olivier, su segundo hijo.

Se dice que trabajar para comprender los procesos que controlan el deslizamiento basal de los glaciares ocupó la mayor parte de la vida de Louis Antonín Francois Lliboutry.

Este trabajo que transcribió luego de su estudio, lo realizó sobre la base de los apuntes que en cada exploración científica hizo en el año 1958, el mismo año en que se creó el Laboratorio de Glaciología de Grenoble; cuando Lliboutry publicó tres artículos cortos en el famoso Comptes Rendus des séances de l'Académie des Sciences francés. Louis Lliboutry, publicó más de 20 artículos sobre este tema, siendo el último en el año 2002.

La última presentación la realizó en la reunión anual Société Hydrotechnique de France (SHF) celebrada en el campus de Grenoble los días 9 y 10 de marzo de 2005.

En el verano de los años 1957 y 1958, fue invitado a participar de la expedición glaciológica a Groenlandia.

Para la década de los años 60, se enfrentarán dos sabios de los glaciares Louis, considerado un teórico, un inventor, un físico, un mecánico excepcional y un excelente cartógrafo. Nadie podía rivalizar con él en su área, sacándola a la glaciología de la difícil situación que se encontraba en Francia, creando una nueva ciencia ligada a la geofísica, en cierto modo fue un hombre de las luces, comparado y seguidor de los pasos del sabio francés Charles Marie de la Condomine; mientras que Claude Lorius, era un brillante geoquímico, en investigación asociada a exploraciones, pero sobretodo, un geopolítico y un táctico de la glaciología francesa en la Antártida.

Fitz Roy, cara-oeste. Foto: Marcello Sanguineti


Los escenarios eran distintos en donde se fueron acomodando no solo los estudios sino los aportes para el desarrollo de los estudios, uno en el ambiente parisino y el otro en Grenoble.

A comienzo del año 1967, Louis, se trasladó a Perú, con el objeto de realizar estudios de los glaciares en algunos sectores de la Cordillera Blanca del Perú, regresando en el año 1969, para seguir con los estudios para la instalación de un embalse y una central hidroeléctrica.

En noviembre de 1971, regreso a Santiago de Chile para dar un curso sobre Hidrología de nieves y hielos, destinados a ingenieros hidrólogos de los países andinos.

Entre los años 1972 y 1975, introdujo en su haber el estudio de las placas tectónicas. Siguiendo sus estudios de glaciología por diversos escenarios, y durante varios años, llegando para el año 1990, a jubilarse de su actividad.

En el año 1992, la Sociedad Internacional de Glaciología, cuya sede se encuentra en Cambridge, Reino Unido, le otorgó el premio Seligman Crystal, en reconocimiento a su notable contribución a la Glaciología, en particular en ámbito del deslizamiento de los glaciares.

El Glaciar Lliboutry, que fluye hacia el Suroeste en el Bourgeois Fjord, Loubet Coast, siguiendo el trabajo geológico en el área por BAS de Rothera, en los años 1980/81, y en asociación con los nombres de los glaciólogos agrupados en esta área, nombrado en honor al Físico, glaciólogo, científico y montañista francés Louis Antonin François Lliboutry, quien investigó la deformación mecánica del hielo y las propiedades micrometeorológicas de las superficies de hielo, y que también realizó un estudio general de los glaciares en la Península Antártica, se encuentra ubicado a los 67° 29' 00" de latitud Sur y a los 66° 42' 00" de longitud Oeste de Greenwich.

El profesor de la UGA, Olivier Gagliardini, en agosto de 2017, nos decía: En ese acto Louis Antonin Francois Lliboutry, concluyó su discurso en la SHF, señalando: “Todavía hay mucho trabajo numérico por hacer. Se lo dejo a los investigadores más jóvenes, que no tienen miedo por el hecho de que el tema no está de moda. En este último punto se equivocó: los problemas sociales asociados con el aumento del nivel del mar impulsados por la pérdida de masa de glaciares y capas de hielo han vuelto a poner de moda este tema y también han contribuido a la aparición de los nuevos enfoques teóricos, numéricos y experimentales que se han desarrollado en los últimos diez años”. Nuestra comprensión de la fricción en la base de los glaciares está lejos de ser completa, pero descansa sobre cimientos sólidos cuyas primeras piedras fueron colocadas por este científico y montañista francés, Louis Lliboutry, en el año 1958 y continuaron a lo largo de su vida.

Las contribuciones de Johannes Weertman, en el año 1957 y Louis Antonín Francois Lliboutry, en el año 1958, han provocado el inicio de muchos trabajos sobre el deslizamiento de glaciares, incluidos los enfoques experimentales, teóricos y numéricos.

Sin embargo, en realidad no se han propuesto nuevos procesos para explicar el deslizamiento de un glaciar sobre el lecho rocoso duro. De hecho, es asombroso que la base conceptual para el deslizamiento de los glaciares sobre el lecho rocoso se haya establecido hace ya muchos años, pero todavía sabemos tan poco sobre la fricción basal de los glaciares. En general, el trabajo de las últimas décadas que siguió a estas dos contribuciones se centró sólo en refinar las formulaciones matemáticas que vinculan las velocidades de deslizamiento, las tensiones de hielo basal y las presiones del agua.

Lo mismo ocurre con la obra de Louis Antonín Francois Lliboutry, donde pasó el resto de su carrera proponiendo una larga serie de fórmulas, más o menos restringidas a casos particulares de deslizamiento glaciar, en sus numerosos artículos que siguieron a los del año 1958.

Incluso hoy en día, donde ha surgido la forma de la ley que vincula la velocidad de deslizamiento, las tensiones del hielo basal y la presión del agua, los parámetros físicos que entran en esta ley siguen siendo poco conocidos. Esta falta de conocimiento proviene del hecho de que observar la base de los glaciares sigue siendo una tarea muy difícil.

Sin embargo, muy recientemente han surgido una serie de herramientas numéricas y observacionales que sugieren que se avecinan descubrimientos inminentes en el estudio de la fricción basal.

En el lado numérico, los métodos inversos permiten reconstruir la fricción basal utilizando solo mediciones de las velocidades de la superficie de los glaciares, obtenidas, por ejemplo, por mediciones satelitales. Además, nuestra comprensión de la hidrología glacial y los modelos desarrollados recientemente proporcionan una estimación de la distribución de las presiones del agua en la base del glaciar.

Por el lado de la observación, el trabajo reciente utilizando redes de sismómetros desplegadas en y alrededor de los glaciares ha demostrado que el deslizamiento basal del glaciar no se limita a los procesos de fluencia descritos por Johannes Weertman y Louis Antonín Francois Lliboutry, sino que también está relacionado con eventos de deslizamiento repentino (llamados deslizamiento de palo) similares a los observados en fallas de la corteza terrestre. Estas mismas observaciones sísmicas también permiten escuchar el ruido generado por la red hidrológica en su base, y así determinar las características geométricas y de presión de la red de drenaje subglacial.

Glaciar Grande bautizado por Lliboutry. Foto: Alamy Stock Photo


Contribución importante al estudio de los Penitentes. Cerro Lliboutry en la Patagonia

Una de sus contribuciones más notables ha sido sobre la formación de los Penitentes; elementos estos que se encuentran en la Cordillera de los Andes, mencionados con este nombre, por su forma. En honor a este destacado escritor y montañista, se le ha dado el nombre de cerro Lliboutry, a una montaña, ubicada en la cordillera de los Andes Patagónicos.

Entre sus obras más destacadas podemos mencionar: El origen de los penitentes, editado en el año 1953, en Santiago de Chile; L´origine des pénitens de beige. Compte-rendus Ac. Sc., publicado en el año 1953; Les pénitents de glace et la transformation de la beige en glace Dans les Andes de Santiago. Compte-rendus, Ac. Sc., publicado en el año 1953; El origen de los penitentes. Informaciones geográficas, editado en el año 1953; Internal moraines and rock glaciers, publicado en el año 1953; Dispersión de las precipitaciones anuales en Santiago, publicado en el año 1953; The origin of penitens, publicado en el año 1954; Le Massif du Nevado Juncal (Andes de Santiago), ses penitens et ses glaciar, publicado en el año 1954; LÁndinisme au Chili. Education Physique et Sport, publicado en el año 1954; Nieves y glaciares de Chile: Fundamentos de Glaciología, publicado en el año 1956; Perú: evaluación de riesgos telúricos en el Callejón de Huaylas, con vista a la reubicación de poblaciones y obras públicas, en el año 1971, en París; Details of Quantitative Geophysics & Geology Quantitative Geophysics & Geology, editado en el año 2004, por Springer Verlag, en inglés; Enseignement des sciences de la terre.

Hans Fernández, nos decía sobre Louis Lliboutry: Lliboutry es una de las figuras de las ciencias de la criósfera más importantes del mundo. Y buena parte de su trabajo lo desarrolló en Chile. El francés es de esas figuras desconocidas que tienen todo el mérito para merecer fama y reconocimiento. Sus aportes son valiosos hasta el día de hoy. No solo en el campo de la glaciología, sino también en la forma de enfrentar situaciones complejas en base a convicciones y pasión.

Falleció en Grenoble, Francia, el 21 de octubre de 2007, a los 85 años de edad.

La portada del fantástico libro que resume la vida y obra del glaciólogo francés.
“El hombre que descifró los glaciares: Louis Lliboutry”. Marc Turrel, 2019


Video:
Louis Lliboutry, el hombre que descifró los Glaciares
Agradecemos al Club Alemán Andino (DAV) por compartir este trabajo documental

Canal Youtube DAV Santiago: www.youtube.com/user/DAVchile



José Herninio Hernández, Coronel (RE)

José Herninio Hernández
Andinista y escritor
jherdez6@gmail.com


Área Restauración Fotográfica del CCAM:
Natalia Fernández Juárez

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