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Marzo 2021 – Noticias y Novedades
Conozcamos como crear una cultura de la seguridad en la montaña

En esta segunda entrega, que es parte del total de cuatro que comprende este curso, Narciso de Dios nos enseña el arte de la seguridad, que nos permitirá adentrarnos en el mundo mágico, y al mismo tiempo, riesgoso de las montañas

SEGUNDA PARTE

Por Narciso de Dios

¿Qué es la formación?

Una buena definición podría ser: “la formación es el nivel de conocimientos que una persona posee sobre una determinada materia”. Pues si lo analizamos bien, pronto descubriremos dos aspectos importantísimos en la formación: que ésta debe ser continua, y que siempre debería estar sujeta al espíritu crítico. Ambas cuestiones nos harán llegar a un mejor conocimiento de la materia. En nuestro caso, como montañeros o alpinistas, resulta más que evidente el aspecto constante que debe tener nuestra formación: la evolución de los materiales y de las técnicas -ya hablamos más atrás de ello- deben evitar esa actitud tan peligrosa, para nosotros y para nuestro grupo, de que “nosotros estamos de vuelta de todo y ya sabemos mucho”. ¡Nunca se sabe demasiado de ninguna materia!… por muy expertos que seamos en ella. Unas dosis de modestia y humildad resultan tan aconsejables como beneficiosas… por nosotros, y por los demás.

Una buena formación es la mejor base para afrontar nuestras actividades con seguridad. Miscelánea de imágenes en diferentes terrenos técnicos. Sólo la formación nos ayuda a disfrutar de todos ellos. Fotos: Colección Narciso de Dios


Pero si a todo lo dicho le añadimos un razonable espíritu crítico en nuestra formación, seguramente nos será un magnífico aliado a la hora de distinguir el grano de la paja; es decir, que dados los tiempos en que vivimos, donde las modas suelen arrasar todo, uniformando criterios y personalidades, ese espíritu crítico puede hacernos diferenciar entre lo verdaderamente útil y lo prescindible… pese a la fuerte campaña publicitaria que suele acompañar a ciertos productos, técnica o material revolucionario. No se trata de pensar que todo lo anterior es mucho mejor. Ni tampoco de enfrentarse a todo lo nuevo. Pero es cierto que el mercado, ¡ay, con sus intereses!, en ocasiones intenta poner de moda elementos que, a la hora de la verdad, tienen una vida más bien efímera. No te dejes deslumbrar… pero sé flexible para cambiar tus conceptos. Difícil equilibrio, ya sé, donde la experiencia tuya y de tus compañeros pueden ser la luz del túnel.

Volvamos a la formación. Por enseñar de manera más gráfica determinados conceptos, en mis cursos suelo describirla como una escalera ascendente, en donde cada peldaño es un punto de esa formación que debemos superar. El impulso hacia arriba nos dará tanto los conocimientos anteriores como la experiencia previa; por eso es sumamente importante que a cada escalón superior se llegue teniendo bien afianzado el paso en los de más abajo.

Conviene señalar que la mejor ayuda para ir progresando por la escalera nos la proporcionará un Profesor, y podríamos añadir, emulando a mis admirados Les Luthiers, “que los resultados serán mejores si el Profesor es bueno”. ¡Y no es broma!, volveremos sobre esta idea después, porque ahora es oportuno señalar que el ir saltando los peldaños de nuestra escalera de tres en tres no traerá, a la larga, ninguna buena consecuencia… aunque esto parece norma habitual de nuestros tiempos, donde la prisa parece ser el motor que marca toda actividad. ¡Y es un grave error que debemos evitar! El conocimiento y la experiencia sólo se logran con las horas de práctica. Y digo horas, no años… porque una persona puede llevar muchos años ejerciendo una tarea, pero a la que ha dedicado pocas horas, mientras otra, bien al contrario, en pocos años puede acumular muchas horas de práctica. Me permito recordarte que, por ejemplo, los pilotos de avión no miden su experiencia por sus años de práctica, sino por sus horas de vuelo, es decir, el tiempo invertido en su tarea. Quizá nosotros deberíamos hacer lo mismo.

Una buena formación debe de ser constante; las técnicas y los materiales cambian, y, por tanto, un montañero
responsable de ir actualizando sus conocimientos. En la imagen, Laurent Croux muestra la técnica glaciar con unos
crampones Ekeistein de diez puntas: un gran Guía de Montaña que realizó su actividad entre finales del siglo XIX
y principios del XX. Foto: Colección Narciso de Dios

La formación es como una escalera en la que hay que subir peldaño a
peldaño… y el apoyo de un buen Profesor facilitará mucho la consecución de objetivos


A este respecto, en 1990 el psicólogo sueco Anders Ericsson, después de realizar algunos estudios, publicó un controvertido artículo en el que establece su famosa Regla de las Diez Mil Horas. Según Ericsson, en cualquier actividad humana “resulta más importante la práctica que el talento natural para desarrollarla”. Esto quiere decir que nada puede suplir, en nuestra formación, a un entrenamiento adecuado y sistemático, como mejor medio para afianzar y complementar los conocimientos adquiridos. Es evidente que, en un primer momento, una persona con habilidades naturales en una tarea tiene cierto terreno ganado en el desarrollo de la misma con respecto a otra que careciera de dichas habilidades… pero ello no es garantía de éxito. Todos conocemos deportistas de élite que, pese a sus dotes naturales para la práctica de su deporte, una mala vida o unas actitudes inadecuadas no le llevaron tan alto como era de esperar; sin embargo, también conocemos deportistas de élite que sólo a base de trabajo y más trabajo llegaron a convertirse hasta en leyendas en su actividad deportiva. El primero desperdició su talento natural… el otro lo consiguió con constancia y, seguramente, con humildad. Ahora es tuya la responsabilidad de elegir a qué grupo quieres pertenecer.

Según la Teoría de las Diez Mil Horas de Ericsson, “sólo deberíamos considerar como experto en una tarea a una persona que lleve más de diez mil horas de práctica en la misma”. Si aplicamos esta regla a la vida de un montañero o alpinista que, por su trabajo y sus obligaciones familiares no puede ir a la montaña más que los fines de semana y sus vacaciones, estamos hablando de un espacio de tiempo nunca inferior a ¡diez años!… recordemos esto para no dejarnos deslumbrar por muchos titulares de prensa o comentarios sociales, donde a casi cualquiera se le considera experto por hacer algo un puñado de veces.

Señalamos más atrás la necesidad de una formación constante para lograr que nuestras actividades sean cada vez más seguras. También señalamos, como un camino idóneo, la participación de cursos donde nos enseñen técnicas y protocolos de actuación en nuestras actividades montañeras. Pero, a pesar de lo impopular que pueda parecer la siguiente afirmación, debiéramos empezar nuestro espíritu crítico no dejándonos deslumbrar por el brillo del envoltorio… o de la persona que lo lleva.

Desgraciadamente, no todo curso que se oferta en el mercado tiene la calidad mínima exigida. En las fotos,
durante un “curso de Alpinismo”: están montando reuniones en una pista de esquí (foto real). Colección Narciso de Dios

Anders Ericcson, el psicólogo sueco autor de la “Teoría de las diez mil horas”


Recordemos ahora aquella frase de Les Luthiers de más atrás, porque no todos los cursos ofertados en el mercado brindan la necesaria calidad y seguridad que sería exigible. Entonces, ¿cómo puedo saber qué curso tiene esas garantías y cuál no? Es una oportuna pregunta, amigo lector… y, como en otras ocasiones, con una no tan sencilla respuesta, pues parece muy probable adolecer del necesario criterio para percatarnos de cuando nos venden humo. Pero si nos apoyamos en nuestro espíritu crítico, en nuestro sentido común y, fundamentalmente, exigimos que nos muestren una titulación oficial, habremos reducido el campo de malas experiencias… o el aprendizaje de conceptos o técnicas erróneos. Y si conocemos que ese titulado se esfuerza tomando cursos de reciclaje, entonces, seguramente, estaremos más cerca de acertar con la persona idónea para dirigir nuestra formación.

Por eso me permití señalar algo que he visto quizá demasiadas veces: el deslumbramiento que produce el ir con un famoso… quién no por haber subido montañas muy difíciles tiene porqué ser un buen Profesor. Sin embargo, y no es una contradicción, también he conocido, y colaborado, con alpinistas muy famosos que eran excelentes profesores… al lado de algunos a los que su fama era un buen camuflaje a su déficit docente.

Hablábamos al principio de este artículo de cómo ha ido evolucionando la técnica de aseguramiento al compañero en la escalada como prueba de que el concepto de seguridad es cambiante; ahora podemos señalar este ejemplo como algo muy evidente para comprobar la necesidad de esa formación constante (reciclaje) señalada más atrás. Pero, además, tanto una buena formación, llena de experiencia práctica, como ese espíritu crítico que señalábamos como necesario, serán fuente de inspiración para encontrar soluciones a problemas de toda índole que se nos planteen en nuestras actividades… porque, por muy bueno que sea nuestro Profesor, nunca podrá enseñarnos todo aquello que podamos necesitar un día.

Por eso es muy importante aprender bien sólidos conceptos y protocolos, pues ellos serán la base para que, en un momento dado, podamos deducir una solución a un problema o circunstancia infrecuente. Dicho de otro modo: cuanto más profundo sea nuestro conocimiento, cuanta más grande sea nuestra experiencia, mayor será el número de recursos con el que hacer frente a situaciones especiales.

La experiencia sólo se consigue con la formación y la práctica… ambas permitirán adentrarse con seguridad en
terrenos antes vedados. Escalador utilizando la técnica artificial de progresión. Dibujo: de Xavi Socias

Se impone la necesidad de ser críticos a la hora de contratar un curso… para evitar que “nos vendan humo”. Imagen de un alumno practicando la progresión por terreno helado durante un curso de Alpinismo. Foto: Colección Narciso de Dios

Exige una titulación oficial a la persona a quien contratas el curso… y entérate de si toma cursos de reciclaje,
porque eso será buena señal. Foto: Colección Narciso de Dios


Algunos errores evitables con una buena formación; ejemplos prácticos

Como continuación a lo dicho, también esa sólida base de conocimientos y de experiencia nos hará evitar errores que, en algún momento, puedan resultar fuente de peligro para nosotros o nuestro grupo. Vamos señalar, a modo de ejemplo, algunos de ellos, para te sirvan de reflexión y puedas sacar tus propias conclusiones:

es demasiado habitual ver a escaladores con el arnés de escalada mal ceñido a su cuerpo; llevar el cinturón demasiado bajo -el peso del material de escalada tiende a que se deslice- puede hacer que el escalador se salga de él en caso de una caída boca abajo. Las caderas deben hacer de tapón, y por eso es imprescindible colocarlo sobre ellas… y apretar bien la correa de cierre para evitar en todo lo posible su deslizamiento. También es frecuente ver a escaladores con las perneras del arnés a medio muslo, en vez de junto a las ingles; este es otro grave error que igualmente puede facilitar el peligroso volteo.

a estas alturas nadie discute la utilidad del casco… ¡que debe ir puesto en la cabeza!, y no en la mochila o colgando del arnés. Hay una regla básica: en caso de duda sobre cuándo debes ponértelo… ¡¡póntelo ya!!

Ya hablamos de ir a la montaña con el equipamiento adecuado a la actividad a realizar. Resulta tan frecuente como desalentador ver a personas con un calzado inadecuado en terrenos nevados… y el ir con raquetas de nieve no justifica llevar la ligera bota de trekking. En este equipamiento adecuado incluiremos junto a la ropa los materiales necesarios para la seguridad de nuestra actividad; aquí tampoco se justifica llevar la mejor ropa del mercado en la mochila… e ir caminando sobre un glaciar o terrenos nevados en manga corta y sin guantes

También hablamos de la sobre-estimación como fuente de peligro. Creernos mejores de lo que somos, física y técnicamente; dejarnos arrastrar por el entusiasmo al preparar una actividad (sobre el mapa suele ser donde más rápido se camina o escala); no evaluar correctamente y con un margen de seguridad los peligros y riesgos que deberemos afrontar… todo ello puede ser un cóctel de muy malas consecuencias. Parece evidente que la prudencia siempre será una buena consejera… y que siempre será mejor quedarse corto en nuestra actividad que llegar a estar superado por la misma.

La formación debe ser constante para ir mejorando a medida que avancen los materiales,
pues estos condicionarán las técnicas.  Histórico sistema de aseguramiento en Dolomitas
a principios del siglo XX… algo que hoy nos parecería inaceptable

Errores evitables con una buena formación: dos ejemplos de arnés mal puesto; esta colocado demasiado bajo;
así se corre el peligro se salirse de él, en caso de caer bocabajo… y la muchacha lleva, además, las perneras
mal ubicadas. Foto: Colección Narciso de Dios

Errores evitables con una buena formación: hoy nadie discute la necesidad del casco. Sin embargo, en la década de los 80
no fue así… la imagen de la izquierda es de 1981, a de la derecha el autor en junio de 1987; ambas escalando
con los elementos y estética propios de la época… ¡y sin casco! Fotos: Colección Narciso de Dios


Listado ilustrativo, no exhaustivo, de conceptos para reflexionar que nos permitirán mejorar nuestra Cultura de la Seguridad

Para seguir en esa reflexión que desde el principio te propuse, vamos ahora a detallar un listado de conceptos y cuestiones. Nadie te ve, nadie te oye… ¡sé sincero contigo mismo!: ¿en cuántas serás capaz de reconocer a alguien de tu entorno… o a ti mismo? Un buen análisis te llevará a conclusiones tan positivas como provechosas.

Errores evitables con una buena formación: en la imagen una persona pésimamente vestida y mal calzada. Estas no son maneras para el terreno nevado


La suerte NO es una opción

En este apartado parece que vamos a señalar una obviedad. Pero, amigo lector, si reflexionas un poco sobre ello, verás que tiene más enjundia de la que pudiéramos sospechar en un primer instante. ¿Cuántas veces hemos afrontado, de manera más o menos consciente, situaciones en la forma de “vamos a ver qué pasa”? o, como decía un buen compañero de montaña, con su característico sarcasmo: “vamos a vida o muerte”; dicha ironía se basaba en la mentalidad del alpinismo europeo de entreguerras, generalmente más una concepción germana, donde el lema era “victoria o morir”… y, donde la Cara Norte del Eiger es el paradigma de tal filosofía. ¿Es necesario señalar que este modo de entender nuestra actividad está en las antípodas de La Cultura de la Seguridad?

La suerte nunca debe presidir nuestros actos. Un dudoso puente de nieve sobre una grieta o un arroyo, roca frágil e inestable en un sector de una escalada, una cascada de hielo que lleva días soportando altas temperaturas, una previsión meteorológica muy dudosa, condiciones de la montaña poco favorables, compañeros inadecuados para la actividad… son muchos los ejemplos. Aquí la lección que debemos sacar es, como reza el título de este apartado, que la suerte no es una opción, que debemos buscar otra alternativa a la de afrontar algo en esa especie de juego a cara o cruz. ¡Jugar a la ruleta rusa jamás debe ser nuestra opción!... y, aunque más tarde hablaremos de ello, pensar en aquella frase que nos enseñaban nuestros mayores: “una retirada a tiempo, es una victoria”… porque ya habrá tiempo de volver, y un accidente puede acabar con nuestros sueños.

Conviene recordar ahora una ecuación, de la que hablamos en la primera parte de este artículo, para entender en profundidad que echarnos en brazos de la suerte nunca puede ser una opción. Te recuerdo dicha ecuación para que vuelvas a reflexionar sobre ella:

riesgo = peligro x exposición

Errores evitables con una buena formación: en la imagen un participante en una carrera de montaña; algunas de
estas pruebas van por cotas propias de la alta montaña, por lo que tanto el equipamiento como la vestimenta
del corredor les hacen muy vulnerables ante cualquier mínima contingencia o cambio meteorológico, lo que supone
una mala gestión del riesgo… por más que sea aceptado por las organizaciones de dichas pruebas.
Foto: Colección Narciso de Dios

Errores evitables con una buena formación: un montañero sobrestima sus capacidades al hacer que su línea
de ascenso atraviese debajo de unas peligrosas cornisas… y en una ladera soleada y en día de temperaturas
poco bajas. Tenía opciones más seguras… que desestimó

Errores evitables con una buena formación: la sobreestimación como fuente de peligro. Histórica imagen del
alpinista alemán Toni Kurz, en el dramático abandono de su intento a la Norte del Eiger, Alpes suizos;
era el 26 de julio de 1936. Foto: Colección Narciso de Dios


Miedo vs. pánico

Tener miedo es algo tan natural que no es ni siquiera malo, sino, bien al contrario, es algo estupendo, pues nos pone en alerta ante una situación de riesgo o de peligro. Ya dijimos más atrás que, posiblemente, el mayor peligro al que podamos estar sometidos es cuando ignoremos la existencia de ese peligro o riesgo; y dijimos que ello es así porque al no ser conscientes de tal circunstancia, nada haremos para contrarrestarlo. El miedo es una señal de alarma, una alerta al enfrentarnos a algo desconocido o a un riesgo o peligro detectado. Como se ha señalado, no es malo en sí mismo… siempre que le sepamos canalizar en nuestro favor.

Hablamos de miedo, más también podríamos referirnos al pánico. Pero, ¿miedo y pánico no son la misma cosa? Pues conviene aclarar que no, ¡en ningún caso! El origen de ambos podría ser el mismo, pero para entender la diferencia quizá convendría que definiéramos qué es el pánico, y, a modo de aproximación podríamos decir que “el pánico es un miedo insuperable y paralizador ante una situación que creemos fuera de nuestro control, o ante un riesgo o peligro enfrentado a nosotros”.

Conceptos para reflexionar: la suerte NO es una opción. Dos imágenes de un video en los que el esquiador, pese a las alarmas que le ofrece el terreno, decide pasar por ese inestable puente de nieve… en la segunda imagen se ve cómo se le hunde el mismo a su paso. Foto: Colección Narciso de Dios

Conceptos para reflexionar: gestionando el miedo. Generalmente, la noche en el refugio o campamento dispara los temores ante la actividad del día siguiente. Dibujo: de Xavi Socias

Conceptos para reflexionar: la suerte NO es una opción. Podríamos apostar a que este adulto no ha
evaluado bien los riesgos al afrontar de esa manera su actividad. Te propongo que analices
la foto bajo el prisma de la ecuación: peligro = riesgo x exposición. Foto: Colección Narciso de Dios


Como se ve, el pánico tiene su origen en un miedo, pero un miedo que nos deja fuera de combate… y esto es algo que nunca debemos consentir ni en nosotros mismos ni en nuestro grupo. No entraremos aquí a analizar si los miedos o pánicos son racionales o no -esta cuestión se escapa del ámbito de este artículo- pero sí daremos una serie de tácticas para, primero, evitar que el miedo se convierta en pánico (pues anula nuestra capacidad de respuesta) y dos, canalizar ese miedo en nuestro beneficio. Es de sobra conocido que la cohesión entre el grupo o el compañero de cordada resulta fundamental a la hora de afrontar cualquier dificultad; por tanto, es un aspecto en que nunca habremos trabajado lo suficiente, es decir, durante esa salida a la montaña, hay que seguir esforzándose en la unión del grupo… y esto, si habitualmente salimos con el mismo grupo de personas, generará una espiral de confianza mutua que será muy provechosa en los momentos difíciles. Además, esa espiral se retroalimenta con el paso del tiempo, llevándonos a cotas insospechadas, y generalmente muy positivas.

En la montaña, sobre todo en los momentos críticos, la democracia raramente funciona. Suele ser mejor que alguien, generalmente el más experto, se encargue de dirigir y tomar las decisiones importantes. Será antes de iniciar la salida cuando se puede establecer ese régimen democrático, donde cada cual pueda mostrar sus opiniones al respecto para llegar a un necesario consenso; una vez conseguido este, es exigible la responsabilidad de cada miembro del grupo para no salirse de lo pactado, y cuando surja una circunstancia especial, por riesgo o peligro u otra causa, será el responsable del grupo quien deba tomar la decisión que considere más acertada… No obstante, si la ocasión lo permite, no está de más consultar la opinión del grupo, porque, a fin de cuentas, en todas nuestras salidas afrontamos escenarios de riesgos compartidos. No confundir lo dicho con intentar establecer una especie de dictadura del jefe… tan tradicional en las viejas expediciones patrocinadas por una nación. Nuevamente conviene apelar al sentido común para llegar al necesario equilibrio, porque las diferencias de criterio en un grupo, seguro que son fuente de discusiones y malos momentos… ¡y esto sí debe ser evitado a toda costa!

¿Y qué hago si el miedo se me convierte en pánico… o en algo parecido? Como prometimos, señalaremos unas sencillas técnicas para superarlo, donde, ya se dijo, la confianza en nuestro grupo y en la persona responsable del mismo es de gran ayuda. Los Guías de Montaña y Profesores sabemos la importancia de esa confianza depositada en nosotros, pues es la clave para que la otra persona, o grupo, sea capaz de sacar lo mejor de sus potencialidades, en ocasiones, hasta puntos que alguno de ellos no creería con antelación. Sin embargo, además de la búsqueda de ese apoyo, individualmente, debo tratar de aislar mis pensamientos de la situación de peligro, centrándome en la respiración que se ha de procurar sea lenta y rítmica, evitando así la peligrosa hiperventilación. Cerrar los ojos por unos instantes para favorecer la concentración puede ser aconsejable. No descartes el contacto físico con un compañero: un abrazo, una caricia, un gesto de cariño o amistad siempre resultan un estupendo estímulo.

Conceptos para reflexionar: gestionando el miedo. El Guía muestra cómo se cruza el arroyo sin mojar las raquetas,
y estudiando el terreno para que la nieve no se le hunda sobre el agua; su misión aquí consiste en generar
confianza en la persona que le sigue. Foto: Colección Narciso de Dios

Conceptos para reflexionar: gestionando el miedo. Las aristas resultan muchas veces vertiginosas, allí nos envuelve
siempre el vacío. El apoyo en nuestro grupo y/o nuestro Guía resulta fundamental para desenvolvernos con la misma
soltura que en otros terrenos. En la imagen, cerca de la cima del Aneto, 3.404 m.s.n.m. Pirineos-España.
Foto: Colección Narciso de Dios

Conceptos para reflexionar: gestionando el miedo. En nuestras escaladas, la confianza en el compañero que asegura
resulta el mejor medio para gestionar nuestro miedo ante los pasajes difíciles que afrontemos. En la imagen,
Julito Marina, amigo y compañero del autor en muchas escaladas. Foto: Colección Narciso de Dios


Centrarse en pensamientos positivos, donde esa confianza de la que hablamos debe ser nuestro alimento, impidiendo en todo momento imaginar el peor de los escenarios ante la situación vivida. Es evidente que es necesario un equilibrio entre lo blanco y lo negro… pero para superar nuestros miedos, tener tendencia al blanco nos ayudará. Reclamar la ayuda del responsable del grupo y de algún otro miembro del mismo también puede facilitar la superación de ese miedo; nunca es buena idea esconderse de los demás tratando de ocultar los temores que nos atenazan, pues nuestras capacidades físicas y técnicas se verán mermadas, ¡y mucho!, en esas condiciones. Si vamos con Guía o Profesor, esa comunicación con él buscando su apoyo es, quizá, la manera más rápida de encontrar la solución. Posteriormente, en un ambiente más sosegado y tranquilo, es recomendable hacer un análisis crítico que cuestione nuestros pensamientos y actitudes, esos que nos llevaron a esa situación próxima al pánico… así evitaremos que se vuelva a repetir. Porque no todas las actividades son igual de idóneas para todo el mundo.

El miedo es consustancial a cualquier actividad humana. Como hemos visto, puede ser algo muy beneficioso en nuestras actividades; y tan es así, que a mis alumnos siempre le digo que “yo nunca me ataría a una cuerda con un alpinista que declarara no tener miedo… ¡porque eso no es un valiente!... es un inconsciente, y, por tanto, un ser peligroso para sí mismo y sus compañeros”. La valentía no está en la carencia del miedo, sino en la capacidad de superarlo sin que nos merme nuestras capacidades. Y nunca, pero. nunca, deberíamos permitir que ese miedo se convierta en pánico.

Conceptos para reflexionar: democracia y toma de decisiones. En la imagen, es el Guía quien propuso la colocación de los crampones justo al borde de la nieve. En el Espigüete, Cordillera Cantábrica, España; abril de 2006.
Foto: Colección Narciso de Dios

Conceptos para reflexionar: democracia y toma de decisiones. Será responsabilidad del montañero más
experimentado -o del Guía- la elección de la línea a seguir en la ascensión. La aceptación previa de ciertas
normas evitará discusiones en el grupo. Foto: Colección Narciso de Dios


Sobre parabolts y expansivos en pared

Desde hace unos años, con el surgimiento de ese tipo de escalada que se dio en llamar escalada deportiva, muchos escaladores sufren algo que yo denomino, no exento de ironía, como Síndrome del Parabolt, donde su devoción al mismo es ciega. Y esto puede ser un error. Resulta indudable que el parabolt supuso un avance en la seguridad en cuanto a su fortaleza -cuestión distinta es el debate ético-, pero eso es así únicamente si está correctamente colocado. Sin embargo, no todos los expansivos están puestos, desde el punto de vista técnico y físico, con la corrección debida; resulta demasiado habitual ver chapas separadas de la pared, con lo que su efecto palanca sobre el vástago es muy peligroso. Tampoco parece tenerse en cuenta, con la importancia debida, que los expansivos colocados en lugares muy húmedos tienen una vida más corta… por no hablar de los ubicados bajo la influencia del mar, donde no es extraño ver el parabolt por su exterior en buen estado, pero tener su vástago, lo que está metido en la roca, totalmente comido por el óxido: un parabolt bajo la influencia salina del mar tiene una vida útil sorprendentemente corta. Tampoco es extraño ver otro grave error: la mezcla de diversos tipos de aleaciones, entre la chapa, la tuerca, la arandela y el vástago, lo que genera tensiones innecesarias en el punto de seguro… y una menor vida útil del mismo.

Conceptos para reflexionar: parabolts y anclajes expansivos. Tres imágenes significativas: en la primera se observa que la chapa no apoya en la pared: grave error; la segunda se aprecia el desgaste interno debido a la acción del ambiente
salino; en la tercera, rotura de los cáncamos por la acción de la corrosión. Fotos: Colección Narciso de Dios

Conceptos para reflexionar: parabolts y anclajes expansivos. Desgraciadamente, no es infrecuente ver en las paredes graves errores en la ubicación de los parabolts; tres ejemplos: izquierda: el vástago o espárrago está demasiado fuera;
centro: la anilla expansiva está fuera de la roca, es decir, que está colocado al revés; derecha: anclaje para rapel con
un grave error de concepto: los dos expansivos están colocados en la misma línea vertical. Fotos: Colección Narciso de Dios

Conceptos para reflexionar: parabolts y anclajes expansivos. Imagen de un parabolt, donde se pueden apreciar todos sus elementos... ¡que deben ser de la misma aleación! Foto: Colección Narciso de Dios


Sobre el cansancio y los errores

Insistamos una vez más en que la formación constante es la mejor fuente para no cometer errores… o reducirlos a mínimos; porque el ser humano, por naturaleza, es dado al error. Y aquí conviene señalar al cansancio como un estupendo aliado en la comisión de errores. Es de sobra conocido que suelen producirse más accidentes en los descensos que en los ascensos de las montañas; existen varios factores para que ocurra esto, pero el cansancio es uno de sus principales agentes. Sólo existen dos formas de minimizar los riesgos a que nos somete una capacidad de razonar más lenta fruto del cansancio (hecho que se multiplica con la hipoxia), y origen de esos errores: la primera es el entrenamiento; nunca nadie en ningún momento está sobradamente entrenado… y la prueba es que siempre encontrará a alguien más fuerte, es decir, aún habrá margen de mejora.

El entrenamiento, como los frenos de un vehículo, nunca son excesivos. El otro factor para minimizar esos riesgos fruto del cansancio es la mecanización del gesto; si recordamos a un jugador de baloncesto tirando un tiro libre, o a un tenista antes de efectuar su saque, comprobaremos cómo, en cada ocasión, hacen el mismo protocolo de movimientos antes de lanzar la pelota; para ellos, esa secuencia de gestos es un ritual, y lo es porque les tienen mecanizados… igual que una persona cuando cambia de marcha en un vehículo: no piensa, no razona, simplemente ejecuta. Como montañeros o alpinistas, el ser capaces de establecer protocolos de movimientos, que siempre serán los mismos en las mismas circunstancias, evitará que el cansancio se alíe con el error. La clave está en que, en esos momentos, no pensaremos qué hacer, simplemente ejecutaremos. Ponerse el arnés y el casco o prepararse para un rápel serían dos buenos ejemplos. En cuanto a minimizar los peligrosos efectos de la hipoxia únicamente existe una solución válida: hacer una lenta y correcta aclimatación. Las prisas nunca son buenas... y en este punto han costado muchos disgustos y algunas vidas.

Conceptos para reflexionar: el cansancio como mejor aliado del error. El autor, en el centro de la foto, en la cima
del Cervino; a su derecha está la persona que había guiado hasta allí, y cuya fatiga física y mental les obligó
a ralentizar el descenso… y a vivaquear en la Cabaña de Solvay: fueron dos decisiones prudentes; Julio de 1991.
Foto: Colección Narciso de Dios

Conceptos para reflexionar: el cansancio como mejor aliado del error. En la imagen izquierda, el autor en julio de 1984,
tras 27 horas de esfuerzo para escalar la Pared Noroeste del Nevado Ranrapalca, 6.162 m., en la Cordillera Blanca
de Perú, y descender después por la vertiente de Llaca, llegando hasta Huaraz “non stop”; posiblemente,
la primera travesía de la montaña. Fotos: Colección Narciso de Dios


Videos:
Formación en actividades de Montaña

La suerte NO es una opción

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