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Abril 2018 – Revista Digital Nº 56
El peligro de las serpientes en la montaña

Guía de prevención y tratamiento de accidentes ofídicos

Por Marcelo Lisnovsky


Es poco frecuente  encontrar la temática de accidentes ofídicos en la bibliografía de montaña, por la sencilla razón que esta es una preocupación menor entre los montañistas.

Las serpientes son animales poiquilotermos (= animales de sangre fría), es decir, no regulan el calor del cuerpo, su temperatura está en íntima relación con la del ambiente. En los ambientes fríos, sufren un período de hibernación durante el cual sus funciones están casi paralizadas. No encontraremos serpientes venenosas en la alta montaña (más allá de determinada altitud) ni tampoco en algunas regiones geográficas determinadas (Antártida e isla de Tierra del Fuego).

Yarara ñata. Foto: José Aparicio


Sí las podemos encontrar en el resto de las provincias argentina;  y en algunos casos puntuales, su presencia es altamente probable: como por ejemplo en los sistemas de Tandilia y Ventania, en la provincia de Buenos Aires, en las sierras del centro del país (Córdoba, San Luis), en la zona de las Yungas (Tucumán, Salta, Jujuy), en la precordillera (Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza) y hasta en la Patagonia (Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz).


Especies peligrosas en zonas de montaña

En las zonas montañosas de nuestro país existen varias especies peligrosas.

Las causantes de la mayor proporción de accidentes ofídicos son las serpientes del género Bothrops [yarará], con sus variedades yarará grande, yarará chica y yarará ñata. Las serpientes del género Bothrops representan el 97% de los casos de ofidismo en nuestro país.
Las serpientes de cascabel [Crotalus] representan el 2,5% de los casos y el 0,5% restante corresponde al género Micrurus [corales].

DESCRIPCIÓN DE SERPIENTES VENENOSAS DE ARGENTINA

Género Bothrops

Bothrops  alternatus (“yarará grande”, “urutú”, “víbora de la cruz” o “crucera”). Es quizás la más conocida o nombrada y la Bothrops que se encuentra con mayor frecuencia. Su nombre se debe a su gran tamaño, ya que puede superar el 1,50 m de longitud y una hembra adulta puede alcanzar 1,60 m. El dorso es de color pardo-grisáceo con dibujos semejantes a riñones o tubos de teléfono de color castaño oscuro bordeados de blanco. Posee un dibujo de líneas blancas con forma de cruz trunca en la cabeza. La cara ventral es blanquecina con pintas oscuras con una línea longitudinal oscura bajo cada rama de la mandíbula.

Yarara grande, víbora de la cruz


Bothrops diporus (“yarará chica”, “yarará overa”, “cabeza candado”, “yararaca pintada”). En general no suelen superar 1 o 1,2 m, una hembra adulta grande raramente mide más de 1,20 m. La coloración es similar a la anterior, pero los dibujos en la cara dorsal semejan mariposas con las alas abiertas, ya que tienen forma de trapecios, con sus bases menores hacia el dorso (formas de “reloj de arena”), y dos manchas cerca de los vértices de las bases mayores (una en cada vértice). Los dibujos pueden ser bastante variables. La cara ventral es de coloración blancuzca o amarillenta, en general homogénea (“yarará overa”). Es muy agresiva y veloz en el ataque.

Yarara chica. Foto: www.ecoregistros.com


Bothrops ammodytoides (“yarará ñata”). Es la más pequeña de su género en Argentina. Es la víbora más austral del mundo. Una hembra adulta no supera generalmente los 70 cm. La modificación de las escamas de la zona nasal le da un aspecto de “nariz” respingada (“yarará ñata”). Presenta un dibujo en el lomo de manchas irregulares marrón oscuro sobre un fondo grisáceo. Es la única especie típica de Argentina, siendo nuestro país el único en el que puede hallarse.

Género Crotalus

La única especie que existe en nuestro país es Crotalus durissus terrificus (“víbora de cascabel”, “mboí-chiní”). Se diferencia de otras serpientes por tener una estructura córnea en la punta de la cola conocida como crótalo o cascabel (“víbora de cascabel”) formado por una hilera de canutos achatados, huecos y articulados entre sí, los que emiten un sonido crepitante característico al golpear unos con otros a causa del movimiento vibratorio, que el ofidio imprime a su cola cuando se siente amenazado. Son animales grandes que pueden llegar a medir más de 1,50 m y pesar más de 4 kg. Tiene un color pardo claro con manchas romboidales de color marrón grisáceo bordeadas de blanco, a veces amarillento, en la región dorsal y latero-dorsal. El vientre es de color amarillo o blancuzco uniforme. Posee escaso dimorfismo sexual. Es capaz de atacar rápidamente desde una posición enroscada, con la cabeza en el centro.

Víbora cascabel. Foto: www.fotonaturaleza.cl


Género Micrurus

Micrurus pyrrhocriptus (“Víbora de coral”, mboí – chumbé). Habitan preferentemente en climas cálidos y húmedos, con lluvias frecuentes, aunque se las puede hallar en regiones frías y secas, como en algunas zonas de la precordillera e incluso en la Patagonia. Son serpientes de hábitos subterráneos y fosoriales. Micrurus pyrrhocryptus es la especie de mayor distribución en la Argentina habiéndose comunicado su distribución en el norte, centro y sur del país hasta Santa Cruz, si bien es muy raro hallarlas al sur de la provincia de Río Negro.

Víbora de coral. Foto: www.sp.depositphotos.com


Diferencias entre serpientes con y sin importancia medico sanitaria

Se analizarán por un lado las diferencias entre las víboras de los géneros Bothrops (“yarará”) y Crotalus (“cascabel”) y las culebras con las que se pueden confundir (“falsa yarará”), y por otro lado las diferencias entre las serpientes venenosas del Género Micrurus (“coral”) y las culebras del tipo “falsa coral”.

La única característica fácil de identificar e “indiscutible” de las víboras es la presencia de la llamada “foseta loreal”. Se llama “loreal” a la zona ubicada delante del ojo, detrás de las fosas nasales y encima de la boca. La presencia de un  orificio en esa zona da la certeza de que se trata de una víbora (“yarará” o “cascabel”). Si ese orificio falta, se trata de una culebra o de una boa. La serpiente de coral NO tiene foseta loreal.

Durante mucho tiempo se aceptó que las características de las pupilas eran una clave para establecer la diferenciación entre serpientes peligrosas y no peligrosas.

Así, la presencia de pupilas elípticas o “verticales” era sinónimo de serpiente venenosa, y la pupila redonda era un indicador de que se estaba en presencia de una culebra. En realidad la forma de la pupila tiene que ver con los hábitos diurnos o crepusculares-nocturnos de las serpientes. Así, las boas poseen pupilas elípticas de la misma forma que algunas culebras, mientras que las corales verdaderas poseen pupilas redondas, lo que indica que esta característica no sirve para diferenciar entre serpientes venenosas y no venenosas, a pesar de que las víboras posean pupila elíptica vertical.

El examen del cuello permite diferenciar a las víboras, (géneros Bothrops y Crotalus), que poseen una cabeza triangular con un cuello marcado, de las culebras y las corales, de cabeza redondeada y cuello poco evidente.

Como excepción se debe tener presente que las boas (no venenosas) también tienen cuello marcado, así como algunas culebras.

Diferencias entre Yararas. Referencias: Abalos, 1950


Las escamas que cubren el cuerpo también pueden ser un elemento que ayude a la identificación. En las víboras (Bothrops y Crotalus) las escamas que cubren la parte dorsal de la cabeza son más pequeñas que las del cuerpo y todas sus escamas son carenadas (= pequeño relieve que atraviesa la escama de forma longitudinal) lo que le confiere una textura rugosa, mientras que en boas, culebras y corales son lisas (aunque hay algunas pocas excepciones dentro de las culebras con escamas levemente carenadas). Las culebras presentan en la cabeza placas de mayor tamaño que las escamas corporales.

La terminación del cuerpo de las víboras hembras es abrupta, lo que brinda un aspecto de “cola corta” y “delgada” (se entiende como cola la región del cuerpo posterior a la cloaca), sin embargo algunas pocas especies de culebras pueden presentar también una cola afinada.

La terminación de la cola puede ser simple (Bothrops y Micrurus) o terminada en un apéndice caudal, cascabel o crótalo (Crotalus).

Si bien la única característica diferencial inobjetable entre víboras y culebras es la presencia de la foseta loreal, alguna de las características mencionadas puede ser de mucha ayuda para diferenciar entre serpientes no venenosas y víboras. Por ejemplo, cualquier serpiente que posea cabeza redondeada, o que no tenga la cabeza triangular con el cuello marcado, o que posea pupila redonda o tenga escamas lisas, no es una víbora.

En síntesis: debemos buscar la foseta loreal (entre el ojo y la nariz) y observar el dorso de la cabeza (escamas pequeñas carenadas en yarará y cascabel).

Las víboras de coral verdaderas, poseen en su cuerpo bandas negras completas (= el anillo rodea la totalidad del cuerpo)  y nítidas, de a una o de tres. Las falsas corales, presentan bandas incompletas (= el anillo NO rodea la totalidad del cuerpo) de a pares.

Culebra. Foto: Doumecq Milieu


Accidente ofídico: síntomas clínicos

Envenenamiento botrópico (“yarará”)

El veneno de las Bothrops produce un cuadro clínico con alteraciones locales y sistémicas compatible con un síndrome histotóxico – hemorrágico – hipotensivo que puede conducir a la muerte. Si bien el veneno de las distintas especies de Bothrops no es idéntico, el envenenamiento se traduce en un cuadro clínico similar:

Manifestaciones locales: los signos locales comienzan inmediatamente tras la inoculación del veneno: inflamación, dolor muy intenso, edema que no deja signo de Godet, equimosis, ampollas de contenido sero-hemático y se observa la impronta de los dientes inoculadores del animal (uno o dos). En el transcurso de los días puede progresar a la necrosis en un porcentaje pequeño de casos, produciéndose una escara que al desprenderse deja una úlcera de evolución tórpida. La necrosis también puede ser profunda con pérdida de gran extensión de tejido muscular, llegando en algunas ocasiones, sin el tratamiento adecuado, a producirse la pérdida de extremidades. Potenciales secuelas invalidantes son la amputación de falanges o de todo un dedo o cicatrices retractiles con alteración anátomo-funcional del área comprometida.

Manifestaciones generales: los signos sistémicos tienen un período de latencia de aproximadamente 30 minutos y consisten en trastornos de la coagulación sanguínea hasta incoagulabilidad, que se traducen en alteraciones en el coagulograma (tiempo de coagulación, tiempo de protrombina) con o sin hemorragias (gingivorragia, epistaxis, hematemesis, melena, hematuria, etc.).

Pueden existir otras manifestaciones generales como: epigastralgia, náuseas, vómitos, taquicardia, hipotensión, que en muchas ocasiones son premonitorias de la evolución al choque circulatorio. Puede existir compromiso renal que se traduce en disminución de la diuresis y alteraciones hidroelectrolíticas. Puede evolucionar a insuficiencia renal aguda sobre todo si el manejo terapéutico no es adecuado y la administración de antiveneno se retrasa.

Víbora Yarará en Tres Picos, Buenos Aires


Envenenamiento crotálico (“víbora de cascabel”)


Es un síndrome neurotóxico, miotóxico y coagulante, potencialmente letal, que se produce por la inoculación del veneno de ofidios de la Familia Crotalidae, Género Crotalus, especie durissus, subespecie terrificus (“cascabel”, “mboi-chinÍ”).

Importante: Cabe destacar en este punto, que el veneno de Crotalus durissus terrificus de Sudamérica es bioquímicamente muy distinto al de las Crotalus de Norte y Centroamérica. El envenenamiento crotálico en América del Norte es similar al envenenamiento botrópico en Argentina. Por lo tanto no se aplican a nuestro país, las guías y recomendaciones de la literatura procedente de esos países sobre envenenamiento crotálico.

El paciente puede presentar un síndrome neurotóxico y miotóxico Manifestaciones locales: los signos locales son mínimos y se caracterizan por eritema leve, acompañado o no de discreto edema a nivel del sitio de introducción de los dientes inoculadores. En este caso no hay dolor, inclusive puede haber hipoestesia o anestesia de la zona mordida.

Manifestaciones generales: aparecen rápidamente pudiendo presentarse visión borrosa, diplopía, anisocoria, disminución de la agudeza visual, ptosis palpebral (facies miasténica), parálisis neuromuscular progresiva, dificultad para hablar, mialgias y oscurecimiento de la orina (mioglobinuria). Aproximadamente la mitad de los casos pueden presentar trastornos de la coagulación sanguínea hasta incoagulabilidad y manifestaciones generales como náuseas, vómitos, sudores, somnolencia, inquietud o agitación. En envenenamientos graves puede producirse parálisis respiratoria e insuficiencia renal aguda. Los signos y síntomas neurológicos se mantienen alrededor de 2 semanas y desaparecen gradualmente sin dejar secuelas aparentes.

Picadura de cascabel. Imagen: Universidad de Sabana


Envenenamiento elapídico (víbora de coral)


La sintomatología corresponde a un síndrome neurotóxico de aparición precoz, generalmente dentro de la primera hora de ocurrida la mordedura.

Se pueden presentar: Manifestaciones locales: son mínimas, con escaso dolor, edema leve y habitualmente presenta parestesias.

Manifestaciones generales: se caracterizan por el compromiso neuromuscular, músculos faciales, faringolaríngeos (crisis de sofocación, sialorrea, disfagia), oculares (ptosis palpebral, oftalmoplejía, anisocoria), causando fascie miasténica y puede ocurrir parálisis de los músculos intercostales y el diafragma. La parálisis de los músculos respiratorios puede llevar a la insuficiencia respiratoria y la muerte.

Hasta la fecha no se han descrito en humanos alteraciones de la coagulación, ni lesiones locales, ni miotoxicidad, ni mioglobinuria provocadas por su mordedura.

Ofidiotoxicosis, picadura de coral


Tratamiento de los casos de ofidismo

El único tratamiento efectivo en los casos de picadura de ofidios venenosos, es la administración de ANTIVENENO(= suero antiofídico) con la mayor precocidad posible.

El tiempo para aplicar el antiveneno varía según la especie responsable del accidente:

Bothrops (“yarará”): de 6 a 8 horas [Optimo: 2 horas].

Crotalus (“cascabel”): de 2 a 4 horas. [Óptimo: 30 minutos].

Micrurus (“coral”): de 1 a 2 horas. [Óptimo: 30 minutos].

Como el antiveneno se obtiene del suero de animales hiperinmunizados (= equinos) con dosis progresivas de veneno, existe riesgo de reacción anafiláctica al mismo. Por lo tanto la administración de antiveneno deberá realizarla SIEMPRE un médico capacitado, en un centro asistencial, con la posibilidad de asistir adecuadamente a la persona que presente síntomas de intolerancia al mismo.

En laboratorio, víbora coral


Medidas generales en el tratamiento de accidentes ofídicos

Las medidas de orden general para el correcto manejo de los envenenamientos ofídicos son:

• Internación para realizar tratamiento y control de la evolución del paciente.
• Disponer de un plan de contingencia ante la necesidad de traslado a una Unidad de Cuidados Intensivos.
• Retirar anillos, pulseras, cadenas, tobilleras y zapatos que puedan comprometer la circulación sanguínea.
• Mantener en reposo absoluto al paciente.
• Colocar un acceso venoso y asegurar las medidas generales de sostén.
• Realizar asepsia del área injuriada.
• Inmovilizar y elevar el miembro afectado.
• Evaluar la necesidad de profilaxis antitetánica y proceder a la misma si no se tiene inmunización previa o está incompleta.
• Evitar la administración de inyecciones innecesarias ya que existe el riesgo de hemorragias por defecto de coagulación.
• Vigilar la mecánica respiratoria, el estado hemodinámico, el equilibrio hidroelectrolítico y la función renal.
• Utilizar analgésicos si fuese necesario.

Porcentaje de mordeduras de serpiente según las partes del cuerpo


Medidas de prevención de accidente ofídico en ambientes naturales 

Antes de viajar averigüe la localización de los centros antiponzoñosos mas cercanos a su destino.

Lleve ropas y protección adecuadas (botas de cuero o de goma; polainas de cuero, pantalones largos, gruesos y holgados).

Camine por el centro del sendero.

No levante objetos del suelo sin mirar cuidadosamente el área.

No introduzca las manos en huecos de árboles, del suelo o bajo piedras o troncos.

Si desea sentarse a descansar en el piso o recostado contra un árbol, revise escrupulosamente alrededor del lugar; si va a hacerlo sentado sobre un tronco o una piedra, trate de moverla y golpearla y revise por debajo y sus alrededores.

No deje bolsas o mochilas abiertas en el suelo.

Revise y sacuda vigorosamente el calzado y la ropa antes de ponérselos.

No deje residuos ni restos de comida en las cercanías del campamento. Los restos de comida atraen roedores, y éstos son la dieta principal de las víboras.

Picadura de yarara Orduna


Si se produce un accidente ofídico:

Trate de identificar la serpiente responsable del accidente (color, diseño, tamaño); la obtención de imágenes digitales con cámaras o teléfonos celulares puede ser una buena opción.

NO trate de capturar a la serpiente agresora. Se expone a una nueva mordedura.

Mantenga la calma.

Anote la hora del accidente.

Si se encuentra en un lugar inaccesible por tierra y debe transportar al accidentado, improvise una camilla.

Es muy importante que el accidentado no camine (esto aumenta la circulación del veneno). Procure llevarlo en cualquier medio de transporte disponible hasta el centro asistencial más cercano (caballo, vehículo 4x4, helicóptero, etc.)

Picadura de yarara Orduna


Contraindicaciones y procedimientos que deben evitarse

NO SE DEBE:

Usar torniquetes. Esta medida agrava el bloqueo vascular, favorece el síndrome isquémico-edematoso y la necrosis.

• Realizar incisiones, amplias fasciotomías y cauterizaciones en el sitio de la mordedura, pues estas medidas destruyen tejidos y pueden limitar las funciones.
• Inyectar antiveneno en el sitio de la mordedura porque aumenta el edema y con ello la isquemia, disminuyendo su absorción sistémica.
• Administrar agentes inhibidores de la fibrinólisis ante la presencia de síndrome hemorragíparo sugestivo de coagulación intravascular diseminada (C.I.D.)

Esta medida agrava la coagulopatía, y provoca hemorragias intensas.

Nota:

También deben evitarse medidas de uso popular como: suministrar bebidas alcohólicas como estimulantes o para mitigar el dolor, la inyección o colocación de sustancias como vinagre alcohol, kerosene, etc., en la zona de la mordedura, realizar cortes en la herida para succionar veneno, etc.

Agradecemos la colaboración del Doctor Adolfo R. de Roodt, del Instituto Nacional de Producción de Biológicos – ANLIS, Laboratorio de Toxinopatología, Centro de Patología Experimental y Aplicada – Facultad de Medicina – UBA, en la confección de esta nota.

Marcelo Lisnovsky con yarará de la cruz


Bibliografía Recomendada:

- Guía de prevención, diagnóstico, tratamiento y vigilancia epidemiológica de los envenenamientos ofídicos. Orduna, Lloveras, de Roodt,    Costa de Oliveira, García, Haas. Ministerio de Salud.
- Animales ponzoñosos: producción de antivevenos en ANLIS. Revista ANLIS. Año 1 Nº 1.
- Manual práctico sobre serpientes. Raúl L. Carman.
- ¿Qué sabe usted de víboras? Jorge W. Abalos.
- Historias con víboras. Carlos S. Grisolía.
- Guía de serpientes bonaerenses. Luis A. Giambelluca.
- Áreas protegidas de Tucumán. Lomáscolo, Grau, Brown.
- Anfibios y reptiles de Misiones. Guía de campo. López y Prado.
- Puna y Yungas. Guía de Flora y Fauna. Petraglia de Bolzón.
- Patagonia y Antártida. Guía de Flora y Fauna. Petraglia de Bolzón.
- Serpientes Misioneras. Ariel López. Fundación Vida Silvestre Argentina.
- Apuntes del Curso de Ofidismo. Instituto Nacional de Producción de Biológicos Dr. Carlos G. Malbrán, Años 2014 y 2017.

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