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Noviembre 2010 – Revista Digital Nro 29
Entrevista al montañista salteño Enrique Pantaleón

En este hermoso dialogo Pantaleon nos cuenta de su vida comprometida con el desarrollo del andinismo salteño y con la cultura de montaña, invitándonos a descubrir que el montañismo existe más allá de las cumbres

Por Guillermo Almaraz


Restauración Fotográfica:
Centro Cultural Argentino de Montaña, Natalia Fernández Juárez y Raul Torres

Enrique Pantaleón es un personaje del andinismo argentino, a quien precede su fama de gran montañero, antes que la de dirigente tenaz de los clubes del Norte.

Amigo entrañable, es difícil abarcar todo lo que el significa en esta sencilla introducción a la entrevista, que el CCAM me encomendó que le hiciera.

De entre sus ascensos destacan el primero absoluto del Nevado de Palermo (6184 m) en 1975, el primero a la ruta Luracatao del Nevado de Cachi (6.342 m) en el mismo año y su ascenso al Aconcagua por el Glaciar de los Polacos.

Enrique Pantaleón en la cumbre del Nevado Gral Güemes


1- De alguna manera todo comienza, ¿como fue tu primer encuentro con la montaña?

Desde muy chico, mi lugar preferido de juegos fueron las laderas de los cerros 20 de Febrero y San Bernardo, montañas de no mas de 200 metros de altura sobre la ciudad de Salta, con un sinfín de recovecos y lugares mágicos para unos niños que tenían sus casas al pie de las mismas. Cuando tenía 12 o 13 años, un grupo de conocidos de la misma edad, me invito a organizar un viaje a una montaña nevada que se ve al norte de la ciudad. Buscando datos de la misma fuimos a la casa de José Fadel, miembro del Club Amigos de la Montaña, el cual nos dio el visto bueno, a mi, por haber nacido en la Quiaca, Jujuy, y a los hermanos Araujo ya que eran oriundos de Mendoza. Nos atendió con interés y nos hizo un mapa a mano alzada en una hoja de cuaderno con lápiz tinta. Posteriormente, al primer revolcón en el rio, el papel quedo blanco. Al cerro ni lo vimos porque era pleno verano y llovía torrencialmente todos los días. No subimos ninguna montaña pero aprendimos un montón, como cruzar ríos, seguir huellas, convivir con los pobladores del lugar y lo mas importante, formamos un trío para las montañas y para la vida.

Al regreso fuimos al club para asociarnos y comenzar con el montañismo

De alguna forma todo comienza, Yola y Armando, padres de Enrique, quienes permitieron
que viva una vida cerca de la naturaleza

Inicios en el deporte del andinismo, junto con un grupo de amigos


2- Muchas veces se dijo que el andinismo es más que un deporte y eso suena al menos algo vanidoso, en tu criterio, como se puede definir la actividad?

Antes el montañismo era más simple y tenía menos derivaciones. Hoy tenemos escalada libre, escalada artificial, octavo grado sin seguro alguno, boulder, excursionismo, treking, running, alta montaña, salto base, ski de travesía, ochomilismo, montañismo de exploración y un sinfín de definiciones mas. Cada una de esas especialidades tiene sus cultores, por eso creo que no se puede generalizar y menos a la gente de montaña que es especial. Por su rebeldía innata es que hacen lo que hacen, algunos buscan la adrenalina de vivir por medio de la actividad de montaña. Muchos, a cada paso, buscan mayor exigencia, en busca de fama, reconocimiento, dinero y en algunas ocasiones, pierden la mesura.

Walter Bonatti piensa de su relación con la montaña "la Montaña me ha enseñado a no hacer trampas, a ser honesto conmigo mismo y con lo que hago. Es una escuela indudablemente dura, a veces incluso cruel, pero sincera. Lo que no siempre sucede en la vida diaria. Así pues, si traslado estos principios al mundo de los hombres, me veré considerado como un tonto. Es verdaderamente difícil conciliar estas diferencias. De ahí la importancia de fortalecer el espíritu, de elegir lo que se quiere ser y una vez elegida la dirección, se debe ser lo suficientemente fuerte para no sucumbir a la tentación de tomar otra dirección".

Yvon Chouinard alpinista renombrado, empresario exitoso y surfista definió "sin arriesgar la vida y el cuerpo, no hay aventura".

El gran Lionel Terray con el título de su libro "Los conquistadores de lo inútil" en su tiempo armó un gran revuelo.

En mi juventud escribí lo siguiente "Montaña. Desde el día que mis pies comenzaron a llevarme por tus senderos y lugares inaccesibles, mas te admiro y me atraes con tu hechizo de cumbres nevadas, tus soledades y encantos, así también con la hospitalidad de tus moradores, por eso y mucho más voy hacia ti montaña, aunque en tu seno me encuentre con vientos y nevadas, con desfiladeros y peligros, tal vez la muerte acechando en algún recodo del camino. Siempre me verás dirigir mis cansados pasos en pos de horadar tu gélida e inaccesible cumbre nevada”.

Pantaleon, Fadel, Buller y Morales ascendiendo en el Zorrito, cerca de Cafayate


3- ¿Que implicaba escalar cuando empezaste en la actividad?

En la década del 60 poco y nada se conocía de la actividad de montaña en Argentina. Menos en Salta y como no es un deporte de masas, era muy poco difundido. Generalmente nos confundían por la mochila con hippies o mochileros, y por ende, poco afectos al agua y al jabón, siendo repudiados socialmente, no valiendo la pena ponerse a dar explicaciones ya que no entenderían.

Teníamos problemas con la adquisición de equipos de montaña, ya que Salta no era plaza donde se vendieran esas cosas. Si uno podía, lo tenía que comprar del extranjero, sino uno subía con lo que improvisaba.

La aproximación a la montaña se hacía caminando o con mulas, no había otro medio.

Plaza de Mulas. En la foto Pintado, Heredia, Pantaleon y Araujo

Avanzando por el filo de los guanacos junto con Heredia en 1972

Primera visión de la cruz cumbrera del Aconcagua en 1972


4- Si tuvieras que definirte como Andinista con tres montañas que hayas escalado ¿cuales serían y porque las elegís?

El Aconcagua, el Socompa y el Cotopaxi.

El primero porque en la década del 60 era el sumun del montañismo internacional por su altura, su fácil aproximación en mulas, su proximidad a la ciudad de Mendoza, sus leyendas e historias que año a año se aumentaban. Los libros "Historia del Aconcagua", de Mario Punzi, "Tempestad sobre el Aconcagua", de Tibor Sejel y "Más alto que los Cóndores", de Víctor Ostrosky entre otros, fogonearon la llamita de dicha cumbre.

Un tío me dedico un libro de montaña "Al futuro vencedor del Aconcagua" cuando empezaba a despuntar esta pasión endémica que es el montañismo.

Hubo una expedición salteña al Aconcagua en el año 1952 y desde esa fecha no hubo salteños en sus laderas por 20 años. Dicha expedición había sido organizada por el Club Andino del Norte, el cual no existía en la década de 1970. En 1972, organizamos la primera expedición del Club Amigos de la Montaña al Aconcagua bajo mi presidencia. Completando el circulo en la cumbre mas alta de América, volví a su cumbre en 1976, en esa oportunidad fuimos por la ruta directísima del glaciar de los Polacos.

Cumbre del Aconcagua en 1972

Junto con Heredia en la cumbre del Aconcagua (1972)


Al Socompa lo elijo porque allí conocimos la otra cara de la montaña. El día 23 de Diciembre del año 1965 siendo aún novatos en el conocimiento del arte del andinismo, partimos en tren hacia Socompa, el día 24 festejamos con los gendarmes la Navidad y el día 26 hicimos un campamento de altura cerca del filo que lleva a la canaleta que comunica con la cumbre. Horacio Araujo se acostó a descansar mientras su hermano Mariano y yo fuimos a explorar por donde subiríamos al día siguiente. José Alberto Pintado se quedó con Horacio, cuando regresamos, vimos a Pintado sólo fuera de la carpa, diciéndonos que Horacio no se despertó nunca y que roncaba medio raro y que se lo cortaba la respiración (apnea). No podíamos despertarlo, no tomo líquido ni comió en toda la noche. Se imaginan nuestra congoja.

Por la mañana del siguiente día, a horas 10:00, bajé a la estación para solicitar la ayuda del enfermero de Gendarmería Nacional, el cual estaba apurado para regresar a Salta, así que me dio 3 inyecciones de Coragen para inyectarle en la vena y 10 pastillas de Teopalgen. Partí hacia el campamento cerca de las 12:30 hs llegando al mismo a las16:00 sin haber probado bocado alguno y habiendo bajado y subido tan sólo en 6 horas, con medicación y agua, pues no teníamos hielo para derretir.

Experimentamos con el pobre Horacio sin resultado alguno, Mariano y yo lo agarrábamos de una axila cada uno, para así bajarlo tramo a tramo. Lo dejábamos, bajábamos las 3 mochilas poniéndonos cada uno una y la otra la sosteníamos entre ambos de cada correa y volvíamos por Horacio. Así todo el resto del día, la noche nos sorprendió en la misma tarea. No aflojábamos, aunque el cansancio nos estaba ganando. En un momento oímos que nos llamaba el soldado Mamani, que por decisión propia, vino con mulas al pie del cerro. Luego vimos al encargado de la policía con el arriero Carrizo que venían montados con una mula de tiro. Llegamos al amanecer del día 28 a la estación, y por la mañana temprano llego una ambulancia con un médico de la mina la Casualidad. Al revisarlo a Horacio que no reaccionaba, dijo que no se animaba a bajarlo si no tenía ningún signo vital, porque se moriría en el camino. A cada rato le miraba las pupilas con una linterna y con una aguja le pinchaba la planta de los pies y nada de nada. En una de esas pruebas le dije que vi un movimiento en el pie, me pregunto si estaba seguro y le dije que si porque pensaba que valía la pena jugarse, a dejarlo morir en Socompa. Salieron a toda velocidad a la mina la Casualidad, para atenderlo mejor en su hospital. Nosotros nos quedamos en Socompa, tratando de coordinar con algún tren carguero que posibilite nuestra vuelta.

Horacio demoró muchos meses en curarse ya que se olvidó de hablar y caminar. La familia se fue a vivir a Buenos Aires. Pienso que fue un edema cerebral, pese a que los 6 médicos consultados hablaron de un extraño virus que estaba en la carpa.

En el año 1969 con Mariano volvimos al Socompa, pero, en la estación de trenes de Salta, nos encontramos con una expedición que iba al Llullaillaco comandada por Orlando Bravo. Bravo nos invitó a sumarnos a ellos, así que el Socompa quedó para otra oportunidad.
Recién en 1970 junto con Mariano, el día 2 de febrero coronamos finalmente cumbre del Socompa.

Enrique Pantaleon, 1975

De regreso de la cumbre del Aconcagua en plaza de mulas (1972)

Enrique firma por primera vez el libro de cumbre en el Aconcagua (1972)


La otra montaña que elijo es el Cotopaxi, por el viaje en si al Ecuador, por lo conocido y vivido y por las anécdotas que dejó la expedición.

Fuimos con Roberto Vitry, representando al país, a la primera confraternidad Internacional de Montañismo. Desde un principio todo tuvo una cuota de complicación. En el aeropuerto de Ezeiza empezamos con un paro del personal de Aerolíneas Argentinas que nos retrasó la conexión Lima Quito. En Lima no me dejaban subir con mi piqueta, ya que la consideraban un arma y arriba del avión vaya a saber que lío podía armar. Por lo expuesto, querían que la dejara o la tirara. El lio fue de menor a mayor, hasta que en plena pista, y con el avión detenido, llegó el capitán para corroborar que yo no largaba la piqueta. Finalmente, se llevo la piqueta a la cabina para entregármela en Quito. Consecuencia de la demora, al llegar, no nos esperaba nadie. Por suerte, una empleada de la oficina de turismo nos contactó con uno de los organizadores. Al preguntar en que condición representábamos a la Argentina, yo dije, montañista y Roberto por mandarse la parte, periodista. Cosa que si bien era verdad, en realidad, él iba como presidente del Club Amigos de la Montaña.

La afirmación de que era periodista, traería consecuencias impensadas. Los ecuatorianos dieron por cierto que yo era un escalador de renombre y por eso me acompañaba un periodista que cubriría mi actividad. ¡Ninguno de los escaladores mundialmente famosos que habían llegado a escalar sus volcanes fue como yo, con un periodista! En ese momento, era ni más ni menos, una celebridad.  Me pusieron en la primera cordada con Marcelo Altamirano y Luis Camacho, quienes eran los mejorcitos que tenía en Ecuador como montañistas. Marcelo guía obligado de los monstruos que visitaban las montañas ecuatorianas, sospechaba algo en el trato hacia mi persona. Cuando hablaba, todos me prestaban gran atención por sobre la opinión de los otros invitados, y eso que estaba el equipo de México, que fue al Ecuador como entrenamiento para ir al Everest. También estaba Claudio Lucero, jefe del cuerpo de Socorro Andino de Chile, con una brillante trayectoria montañística y más conocido por ser el primero en bajar del helicóptero de rescate que ayudo a los rugbistas Uruguayos caídos en la Cordillera, acompañado por el Doctor Ignacio Morlans.

En el transcurso de la subida al Cotopaxi, ese 26 de mayo de 1974, finalmente, Altamirano me contó el verdadero motivo del especial trato hacia mí de las autoridades, matándose de risa al saber la verdad.

Como no estaba programada ninguna charla por parte de la Argentina, con Marcelo programamos una proyección de diapositivas del Aconcagua de 1972, porque varios de ellos querían ir, por suerte que la casa de Marcelo era una casa antigua con habitaciones grandes, se lleno el living comedor y un entrepiso, no sabían de donde apareció tanta gente ya que lo planeado era algo privado "éxito total".

Nos invitaron para una charla en un colegio de señoritas en Ibarra, cuando llegamos a la estación, el micro ya había partido, tomamos un taxi, visitamos la población de Otavalo viendo las costumbres y la ropa típica. Paramos a fotografiar la línea del Ecuador. En el camino, vimos el micro que deberíamos haber tomado, al fondo de un barranco en medio de una plantación de maíz, cuando llegamos a Ibarra no lo podían creer, ya que nos daban por accidentados y no habían podido ubicarnos en ninguna lista de internados, en ninguna clínica ni hospital de Quito ni de Ibarra.

Marcha de aproximación hacia el Aconcagua

Ascenso por Polacos en 1976


El día 27 fuimos recibidos por el presidente Guillermo Rodríguez Lara y el día siguiente, por el Director de Cultura y Turismo del Ecuador Guillermo Durán. Nosotros le regalamos sendos ponchos Salteños y ellos nos regalaron un libro sobre el Ecuador de Eichier. Hoy piense que fue una lástima que no los hicimos autografiar. Los diarios de la capital ecuatoriana reflejaban nuestra actividad, dando cuenta que el presidente no recibió a nadie mas esa mañana, (parece que les caímos bien o no tenía ganas de recibir a nadie) y que pasamos varias horas de charla distendida. Al ver la repercusión nuestra, nos contactaron de la embajada argentina ofreciéndose para lo que quisiéramos. Rechazamos su buena voluntad porque veíamos que era con intención de figurar, ya que días antes de ser verdaderas celebridades, habíamos pasado a buscar una bandera y nos tuvimos que retirar con un “esta embajada esta para otras cosas y no para dar banderas”.

Finalizando el viaje, acompañamos a los colegas chilenos a Lan Chile a retirar sus pasajes. Al vernos llegar, las empleadas nos pidieron nuestros pasajes, les dijimos que los teníamos por Aerolíneas Argentinas y que eran Quito-Buenos Aires-Salta. Sin costo alguno y solo buscando agasajarnos, nos ofrecieron Quito- Guayaquil-Santiago de Chile- Buenos Aires- Salta sin pagar nada, con estadía y desayuno en un hotel de primera de Guayaquil. En Santiago de Chile nos daban fecha abierta para regresar cuando quisiéramos. Como mi hermana estudiaba en Santiago aceptamos la propuesta. Al llegar a Santiago nos dimos con el toque de queda por el derrocamiento de Salvador Allende. Había filas para comprar, unos pan, otros verduras, otros carne, etc., etc. y sin saber si al final de la cola había mercadería o no. Que mal vi a Santiago en esa oportunidad, la gente en la calle no sabía para donde ir, ofrecían a los turistas sus joyas de oro o piedras preciosas a bajos precios para tener efectivo en la mano.

Como un fin de historia y uniendo las anteriores, durante mi segundo ascenso al Aconcagua, por el Glaciar de los Polacos, ese 16 de enero de 1976, al abrir la  caja donde se dejan los testimonios vi una bandera Ecuatoriana y al desplegarla, sorprendido observé la firma de Marcelo Altamirano, que había estado allí una semana antes.

Estas son las tres montañas elegidas y eso no quiere decir que no haya otras, por ejemplo las transitadas con mi esposa Patricia o las diversas salidas de excursionismo con ella y nuestros hijos o con otros montañistas.

5- ¿Formaste un cordada núcleo con algunos compañeros? ¿Quiénes fueron tus grandes amigos de la montaña?

Forme varias cordadas con diversos montañistas. Una de ellas, la más duradera, fue con Mario Alberto Heredia y José Pintado. Otra con quine compartí muchas montañas fue con Mario Jauregui y Daniel Robaldo. También tuve compañeros ocasionales con los que compartí muchas salidas: Julio Cesar Cristofani, Rodolfo Ramos, Alejandro Giménez, Néstor Chocobar. Amigos en la montaña y fuera de ella fueron Mario Jáuregui y Daniel Robaldo.

Punta de Vacas, inicio de la aproximación al Aconcagua. En la imágen los hermanos Heredia y Pantaleon

Cumbre del Lascar en Chile. Una hermosa experiencia junto con Patricia, el Tata Pastrana y Rodolfo Ramos

Cumbre en el Quewar (6130 m) de izquierda a derecha, Lazaro, Robaldo, Pantaleón y Chocobar


6- Como fue tu vínculo con los clubes de montaña. ¿Fuiste presidente de los dos Clubes más importantes de Salta?

Siempre bregue para que el montañismo sea reconocido como deporte y no como un rejunte de gente que salía a la montaña sin ton ni son, perdiéndose lo realizado por dicha actividad. Para ello, había que cimentar una institución con ideas, trabajo, difusión y estar full time. Por eso ocupe cargos desde cobrador, pasando por todos los estamentos de la Comisión Directiva, hasta llegar a ser Presidente. En todos los años que estuve en el Club Amigos de las Montaña vi poca vocación de servicio de parte de sus asociados hacia la institución, si era para provecho personal aparecían, para trabajar para el club, no. Paradójicamente, el lema del club es "lo mejor para el compañero".

Como siempre digo, las cosas se demuestran con hechos y no con denostaciones solapadas en el anonimato. Pongo, de esta manera, en la palestra mi actuación como dirigente y como deportista, viendo paralelamente como varios "gallinatos" no tienen ni para empezar. Durante mis años de socio del Club Amigos de la Montaña, había remado contra la corriente durante mucho tiempo, incluso desde la presidencia, sin poder torcer el rumbo. Fue así que renuncié al club sin rencor con la institución a la cual le dediqué muchos años de mi vida. Al renunciar, varios socios se fueron conmigo. Me sentía comprometido hacia ellos, así que seguimos saliendo a la montaña sin pertenecer a una agrupación por varios años. Viendo que cada vez éramos más y por consiguiente las salidas aumentaron, decidimos fundar un nuevo club bautizándolo "Club de Montaña Janajman". Janajman en quechua quiere decir “hacia lo Alto” y reconociendo su etimología tanto en el sentido espiritual como deportivo. Nacimos con todos los papeles que exigía el Gobierno y desde ese día el montañismo de Salta giró a través del Janajman, fui su primer presidente y otras tres veces mas.

Pasado el tiempo vi que aquí también pasaba lo mismo que en el otro Club, al igual que en otros de nuestro país. Esto lo veía no solamente en los clubes de montaña, sino en el diario vivir de los argentinos, comprobando con hechos de nuestra historia el porque de nuestro presente y futuro.

Milite en el sindicalismo, llegué a ser presidente del cuerpo General de delegados del Sindicato de Luz y Fuerza, forme parte de la confederación de deportes. En 1994 redacté la Ley de Deportes de la provincia siendo aprobada por las dos cámaras, en todas partes vi la apatía por el trabajo hacia la comunidad pensando en beneficios propios.

Por el momento soy el Único que ocupó la presidencia de los dos clubes de montaña de Salta con personería jurídica, primer Socio vitalicio del Janajman y actualmente sigo vinculado a la comisión directiva como parte del tribunal de control.

Cerca del cuello de botella, en Polacos (1976)

Llegando a la cumbre del Aconcagua por los Polacos 1976


7- Disfrutaste muchas salidas con tu esposa e hijos. ¿Como fusionaste familia y montaña?

Mi vida giró y gira a través de la naturaleza, siendo una forma de vida. Conocí a Patricia en un curso de turismo que daba el ateneo el Tribuno, del cual era el ayudante de campo de la materia Montañismo. Pasaron los años y nuestra amistad se fue consolidando cada vez más por tener las mismas inquietudes. Aventura, historia, turismo, ciencias naturales, etnografía, arqueología y varias otras cosas más. Esa amistad se fue transformando en noviazgo.

Viví tres años en la selva boliviana del año 1977 a 1980, motivo que acelero nuestro casamiento en el año 1979, para irnos a vivir juntos a Bolivia. En 1980 nació Nicolás en Santa Cruz de la Sierra. Ese año regresamos a Salta, donde retomamos el montañismo mientras la familia crecía. En 1981 nació María Guadalupe. Desde muy pequeños los sacamos a la montaña, era natural y común que todos los fines de semana saliéramos de campamento o excursionismo ya sea con el Club o con algunos colegios (trabajábamos organizando campamentos estudiantiles).

Las expediciones a alta montaña también se dieron por necesidad de sacar a los socios del Club e instruirlos.

Lo que mas nos gustaba era salir de excursión y disfrutar del verde, el canto de las aves o el murmullo del agua de los arroyos a través de las piedras. Fue un proceso que se dio de forma natural, porque se tenia que dar si o si, por la forma de vida que llevábamos. Fueron años de vida como cualquier familia de clase media sublimados en el éxtasis de la familia en la naturaleza. En el año 2002 falleció Patricia en un accidente en el puente del diablo (en la Poma), estábamos toda la familia disfrutando de un paseo en la naturaleza y ella se la llevó. Andaba como ciego que perdió su blanco bastón. La vida sigue igual, aunque haya un gran vacío. Se sigue, tratando de mitigar ese vacío con el cariño de los hijos y los nietos a quienes uno se debe. Alejo de Nicolás, Camila y Patricia de Guadalupe.

Patricia y Enrique en el Torreon

Enrique y Patricia en el Lascar, al fondo el Pili

Patricia en la cumbre del Lascar, al fondo Aguas Calientes


9- Sos un gran lector. ¿Llevabas libros en la mochila? ¿Algún libro motivó que fueras a alguna montaña?

Siempre donde voy llevo algo que leer, ya sea en la montaña o en la vida diaria. Si tengo que esperar o hacer filas, saco mi material de lectura y hago mas amena la espera. No puedo dormir si no leo algo.

Desde muy chico me gustó leer sobre aventuras, ya sea en la montaña, selva, desierto o relatos de hechos reales.

Varios libros me motivaron para ir a distintas montañas. Entre alguno de ellos destaco "Mi amiga la Montaña" de José Fadel y "Ascensión del Aconcagua" de Rene Ferlet y Guy Poulet (primera ascensión a la pared sur). También, algunos relatos de Montañas del Norte editados en cartillas o notas periodísticas

10- He podido compartir reuniones, asados y algunas copas de vino con vos y he disfrutado mucho con tus anécdotas de montaña, contanos alguna

¡Me pedis que cuente una anécdota, así en seco y con la pandemia que nos tiene recluidos en esta "prisión Domiciliaria" sin poder ir ni a la esquina! Parecen lejanas esas épocas, donde las horas de la noche se desgranaban a la vuelta del crepitar del fuego al lado de la parrilla, donde el asado lentamente se doraba y todos en alegre camaradería conversábamos de montañas habidas y por haber, acompañados de sendos vasos de vino, como para que no se seque la garganta, arrullados por los efluvios del Dios Baco. En una palabra…. falta la inspiración.

1° historia:

Quebrada del Agua está a 12 kilómetros de la estación del ferrocarril Socompa, se caracteriza por tener una laguna con tres tipos de agua: salada, dulce y termal. En su orilla, protegida por las rocas esta la casa de piedra de la familia Alegre con un pozo de agua en un patio interior, al lado de la cocina. Ésta funciona a leña, calentando las habitaciones que se comunican entre si. Por el techo de una de ellas, se accede a otras habitaciones que conforman un solo bloque protegido de la nieve y el frío del invierno. Dicha casa albergó a ancestrales pobladores. El abuelo era minero o cateador pirquinero. Andaba meses al lado de su burro que llevaba los elementos para cavar, comer y dormir en busca de una veta salvadora. Conocía la cordillera como uno conoce su cama. La puna catamarqueña, salteña y el norte de Chile lo veían pasar.

Celestino Alegre Quiroga (su hijo) también sacó ese amor a la Cordillera viviendo entre Socompa y Salta, lo mismo que Roberto hijo de "Tino" o Celestino.

Fueron famosos por su conocimiento de la zona. Gendarmería los contrataba como guías o baqueanos cuando debían internarse en la cordillera. En ocasión del conflicto con Chile de 1980, el Ejército incorporó a Roberto como guía baqueano.

Enrique Pantaleón durante una expedicion a la Puna, hace unos años

Enrique Pantaleón con sus nietos. De izquierda a derecha Camila, Enrique, Catalina y Alejo

Una parte de la vida de Enrique Pantaleón. Un rincón de su biblioteca


Tino fue quien descubrió el cementerio incaico del volcán Llullaillaco, comentándole a Orlando Bravo, pionero del montañismo tucumano y doctor en Física, catedrático de la Universidad de Tucumán y estudioso de la astronomía incaica, tal descubrimiento. Es así como nos invita, debido a la aclimatación que teníamos, para ir a investigar el cementerio que estaba intacto.

Para la expedición, Bravo consiguió un vehículo todo terreno y un ómnibus de la universidad donde vendría un equipo de investigadores de dicha casa de estudio con todos sus aparatos.

Cuando ya tenía la gente, los vehículos, los aparatos de estudio, los aparatos de audio, cine, fotográficos le mandó un telegrama a Celestino Alegre.

“Voy Bravo “y este le contestó: “Espero Alegre “un juego de palabras interesante usando los apellidos.

La expedición no se hizo. Por Chile entraron unos sanjuaninos y Tino los llevo a depredar el cementerio, terminando por regalar las cabezas de las tumbas a gendarmes, a gente del ferrocarril o a cualquiera. Yo ligue una, la cual se pudrió y los dientes se partieron por el cambio del clima. En ese tiempo nadie sabía tratar el material arqueológico, por más que la puse en cal y luego en formol.
Ningún museo la quiso.

Campo base del Salin. El grupo escucha atento las historias relatadas por Enrique. Foto: Guillermo Almaraz

Durante los festejos de los primeros 25 años del Club Janajman. En la imagen Fernando Martinis, actual presidente,
Jaime Suarez, Enrique, Jaime Suarez y Guillermo Martin, presidente del CCAM


2° historia

De regreso de la cumbre del Nevado de Castillo, General Güemes o Piedra Sonada, bajábamos corriendo perseguidos por una tremenda tempestad de nieve, truenos y rayos. Pablo Pagano, un curita amigo de toda la vida, bajaba desesperado y en su desesperación se acordó más de la cuenta de su Religión, levantando los brazos al cielo clamando a Dios que lo proteja del tremendo temporal. Con la piqueta en una de sus manos y en altura, la parte metálica se ponía de color azul por la electricidad estática. Al ver esto le grite: “pelotudo de mierda baja la piqueta, sorprendiéndose Pablo por el grito y dándose cuenta que podíamos quedar fulminados por un rayo tirando la piqueta lejos de él. ¡El tema no era con Dios, era la estática! Dicho percance quedó como una anécdota risible ahora que estamos en el llano.

Enrique Pantaleón recorriendo Saqsaywaman (Cuzco- Peru)

En la cumbre del Aconcagua observando la cumbre sur, en 1976

 

Área Restauración Fotográfica del CCAM: Natalia Fernández Juárez

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