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Julio 2020 – Noticias y Novedades
Biografía de Demetrio Velázquez

Militar, andinista y especialista en esquí nórdico, católico, con una comprometida
vocación de servicio

Por José Herminio Hernández. Montañista, Coronel (RE)


Restauración Fotográfica: Centro Cultural Argentino de Montaña, Natalia Fernández Juárez


Más conocido como el Chueco, bien es sabido que su seudónimo es producto de tener sus piernas arqueadas, no por pertenecer y producto de su práctica en la caballería, sino porque nació ya  con sus piernas arqueadas, al caminar parecía que, permanentemente, estaba encima de un caballo.

Demetrio Velázquez esquiando


Nació en Leandro N. Alem, Misiones, el 22 de febrero de 1950, y se crio en Overa, en el campo, donde su padre Ceferino Velázquez trabajaba como recolector de hojas de yerba mate y su madre, doña Jorgelina Méndez, como  ama de casa, realizaba  los quehaceres domésticos. Ambos de origen paraguayo,  emigraron a la Argentina, en el año 1947, cuando se produjo la Revolución de los Colorados y Liberales.

Nos decía Demetrio: En Misiones nacimos los cinco hijos, cuatro varones y una mujer; vivíamos en una pequeña chacra, donde cultivábamos verduras, criábamos algunas gallinas, cerdos y teníamos alguna vaquita de donde todos los días las ordeñábamos para nuestro desayuna diario, también, teníamos algún caballo, que nos permitía los desplazamientos por el lugar, hasta nos trasladábamos muchas veces a la escuela montados a caballo.

Nuestra casa era muy humilde, las paredes de caña tacuara revocadas con barro y el techo de paja asentado también con una capa de barro; la cocina separada de la casa, porque era donde se hacía la comida, y por el olor que despedía la misma, con el tiempo, hicimos una casa de madera.
En el terreno que había desmontado mi padre, hicimos una cancha de futbol, donde jugábamos sin calzado, es decir a pata, recuerdo que había un yuyo, al cual le llamábamos torito, tenía unas pequeñas espinas que se adherían a nuestras plantas de los pies, de todas formas, estaban tan curtidas nuestros pies, que ya no nos dolían nada.

He regresado a Misiones y he visitado el lugar donde sabíamos tener nuestra casa, pero todo ha cambiado, se han forestado con pinos y otras plantas, todo está cambiado.

Para mí Dios existe en todos momentos de la vida y me di cuenta tarde, unas de mis grandes deudas con Dios, es porque siempre ha estado en mi vida y me ha acompañado siempre.

Yo quería estudiar, lamentablemente no podía seguir haciéndolo, de todas formas había un programa en Radio Nacional de Santo Tomé, Corrientes, LRA 12, pasaba a diario noticias y música de chamamé, y fue ahí que un día escuche por esta audición que había un programa de ingreso a la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral, el cual entre otras cosas, comentaban que se hacía gimnasia, y otras actividades que me llamó la atención; pensaba que todo eso tenía que ver con el deporte, la verdad que desconocía totalmente, lo que era, yo solo imaginaba que lo más importante era lo relacionado al deporte y eso me gustó.

Demetrio Velázquez y compañeros del equipo de esquí

Demetrio Velázquez esquiando


Mis padres, no tenían ninguna preparación, mi madre no sabía leer, mi padre había hecho solo dos o tres años de escuela, sabía leer a medias.

Cuando les comunique a mis padres que me gustaría ir a la escuela militar de suboficiales, ellos no querían al principio, era el segundo los hijos, el más grande a los 12 años ya empezó a trabajar con mi padre en el campo, en la cosecha de la yerba.

Para mí era muy dura la vida ahí, toda la familia iba normalmente a cosechar yerba y té, a veces en invierno, con mucho frío y muchas veces con carencias de calzado, en el mejor de los casos nos compraban unas alpargatas, la verdad que pensé que me gustaría tener otro porvenir.

Por otra parte, debo confesar que nuestra familia se comunicaba en guaraní, todos hablábamos el guaraní, incluso cuando fui a la escuela yo hablaba más en guaraní, que, en castellano, inclusive cuando ingresé, me habían puesto el nombre de “paraguayo”.

Ingresamos varios misioneros a la escuela, y en los momentos de descanso nos juntábamos y hablábamos en guaraní; en la escuela me decían que dejara de hablar el guaraní, porque si no nunca iba a poder hablar bien el castellano.

Pero debo comentar como fue mi ingreso, luego de enviar los papeles que fueron llenados a máquina por la secretaria de un juez, quien lleno la ficha de ingreso al instituto; fue mi primer paso importante en mi vida que después marcó el derrotero a lo largo del tiempo.

Sus papeles llegaron bien a la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral, en Campo de Mayo, Buenos Aires, no así la repuesta que llegó en el mes de abril, dos meses tarde, de todos modos, yo viaje y me presente.

Se lo dio de alta como aspirante de la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral el 01 de febrero de 1966, aunque fue formalmente, dado que él había llegado un mes tarde a la fecha de la incorporación.

No bien llegué, me reunieron con diez aspirantes más, que estaban en trámite de baja, y nos presentaron al director de le escuela; fuimos al despacho del coronel Lerena, de origen correntino de ley, del Litoral como yo, Dios estaba en su persona, nos haló muy bien, nos dijo que podían intentar volver el año que viene, que tratáramos de volver, que no abandonáramos la idea de la milicia que era una profesión muy buena, si nos gustaba esto que no podíamos abandonar la idea de incorporarnos, y fui ahí, en ese momento que largue a llorar, y le explique todo el esfuerzo que había realizado para llegar allí y que había llegado tarde porque me había llegado tarde la respuesta de mi aceptación de la inscripción y la respuesta, que había trabajado todo el verano para comprar todo lo que me exigían para traer en el ingreso, un par de zapatos, un pantalón, una valijita, los elementos de aseo, y que no me quería ir de regreso a mi casa.

Ante esta situación y verme llorar dijo: “Ud., refiriéndose a mí, se queda me espera acá, luego despidió al resto y regreso.” Yo me preguntaba ¿qué pasará? y me dijo: “Me ha impresionado su insistencia y deseo de quedarse”. Y continuó, “Soy hijo de una madre viuda, y ella lavaba ropa para que yo pudiese entrar al Colegio Militar de la Nación”.

Eso me valió para que se conmoviera y me diera la posibilidad de quedarme en la escuela. A todo esto, hacía ya dos meses que los aspirantes recién ingresados estaban incorporados y con ese tiempo de instrucción que yo no tenía, pero como el propio director bajo las órdenes para te tuviesen tolerancia en el trato, los subinstructores e instructores me tuviesen paciencia. Por todo esto yo descubro que Dios me guiaba en mis pasos.

Recorte de diario - El equipo argentino de esquí que participará del mundial de esquí militar en Suiza


Éramos 170 aspirantes, todos andaban bastante bien, yo como perro en cancha de bochas, cuando ellos volvían yo iba, pero eso fue hasta mitad de año, que, por el deseo de querer mejorar, ya me había estabilizado como el resto.

En ese periodo, me perdonaban todo por ser el nuevo, por falta de tiempo en la instrucción, debo aseverar que hasta en eso estaba la presencia de Dios, que por ese momento no me daba cuenta, pero con el tiempo y rebobinando mi vida, me doy cuenta, de esa presencia y porque no solo quería mejorar como soldado sino también, era como persona.

El Ejercito, fue mi tutor de mi carrera y de mi vida, a quien mucho agradezco; al Ejército, también, le agradezco el tener mi esposa y mis hijos.

Egreso como cabo del arma de Caballería en el mes de diciembre de 1967, de ahí fue destinado a la Escuela de Caballería, donde hizo el Curso de Cabos, desde el 16 de diciembre de 1967 hasta el 28 de junio de 1968, fecha en que todos los integrantes de esta promoción fueron destinados a los distintos destinos del arma.

El Ejercito me mostró las cosas y me dio las herramientas a las cuales, le puse empeño y dedicación, para lograr andar hacia adelante, siempre.

Mi esposa, Ema Rosalba, es una persona humilde, hija de una madre viuda, eran 6 hermanos; murió muy joven su padre, que era jornalero, trabajaba en la madera, bajando los troncos que cortaban por el lago Lolog, que se ubica a sólo 12 kilómetros de la ciudad de San Martín de los Andes y se accede por la ruta provincial N° 62, de la provincia de Neuquén, hacia el aserradero donde se procesaba la madera, se cayó a las aguas frías del lago y nunca más apareció.

El 29 de junio de 1968, fue destinado al regimiento de Caballería Coraceros General Lavalle, en San Martín de los Andes, Neuquén.

San Martín fue mi primer destino, luego de recibirme como cabo del arma de Caballería, en el Regimiento de Caballería de Montaña 4, Coraceros General Lavalle, y me decisión de ir a este destino, vino porque tenía un compañero correntino, que deseaba volver a su tierra natal, en Misiones, donde estaban mis padres, no tenía destino de Caballería, me daba lo mismo ir otro lado y, para no molestarlo con el destino a mí compañero y, para que él pudiese ir, elegí el Regimiento de Caballería 4, junto a otros 6 compañeros; esto fue otra ayuda de Dios, porque así caí en la montaña.

Caímos al destino en pleno invierno, dado que nos destinaron a mitad de año, caímos en julio de 1968; hacía mucho frío, nunca habían estado en un clima así, me salían sabayones en las manos, en las orejas, no tenía idea que era por el frío, me carcomía la cabeza pensando que podía ser hasta que preguntando me dijeron que, por la acción del frío, sufría mucho y me salían hasta llagas.

Para esa fecha tenía 18 años, mientras que los soldados a los cuales mandaba en el cuartel, tenían 20 años, por mi parte con el grado de Cabo, recién recibido y con inexperiencia, pero tuve gente muy buena, oficiales y suboficiales que me enseñaron mucho y me fueron curtiendo en la profesión.

Demetrio Velazquez eneñando esquí a jóvenes


No bien llegué, debuté como auxiliar de semana, en el escuadrón, había soldados santiagueños y porteños, los primeros humildes, buenos, algos lentos, mientras que los segundos, rápidos, muchos con el secundario y algunos universitarios, que se las sabían a todas; estos eran peligroso porque si le tomaban el tiempo a uno, y por mi estatura, me iban a pasar por encima, y me daba cuenta que en esto no podía fracasar, me hice de carácter, los trataba respetuosamente, pero con energía y consideración y eso hizo que me ganara el respeto la consideración por parte de ellos.

Al venir de un ambiente que no era de montaña y que no tenía la más remota idea de lo que era el montañismo y para prepararnos para trabajar en este ambiente tan particular, que es la montaña, nos mandaron a realizar los cursos a la Escuela de Instrucción Andina, ubicada en la localidad de San Carlos de Bariloche, Río Negro.

Esta preparación nos permitía a los recién egresados no solo capacitarnos para movernos en la montaña, sino que luego de esto podíamos instruir a los soldados en estas técnicas.

Esto fue un despertar para mí y fue una actividad que me encantó. Mis instructores de aquel entonces fueron, el entonces capitán Roberto Sosa, el teniente Raúl José, los suboficiales Juan Bautista Barrientos, Ernesto Inostroza, y también algunos civiles, como el Héctor Pichin Torres, quien me llevó en una oportunidad y ya instalado en Bariloche, al Pico Internacional del Tronador; en ese momento Pichin, era refugiero en el cerro Tronador, en el Refugio Otto Meiling.

En el año 1970, se realizó el seleccionado para integrar el equipo militar de esquí, que iba a competir a Chile. Nuestro profesor/instructor, era nada menos que el esloveno Francisco Jermán, un señor con mayúsculas del esquí de fondo; él fue quien me enseñó esa pasión por el esquí de fondo, además de darme la técnica del esquí de fondo, fue también quien me contagió en el deseo de difundir este deporte a otras personas.

Francisco Jermán, era un evangelizador de este deporte, para mí fue el más grande deportista del esquí de fondo de la Argentina, con un corazón inmenso.

Demetrio Velazquez en la montaña


El andinismo y el esquí

En el periodo estival de 1971, realizó los cursos básicos y avanzados de andinismo, obteniendo el título de subinstructor de Andinismo, en el mes de marzo de 1971.

El 20 de diciembre de 1971, fue destinado a la Escuela de Instrucción Andina, en San Carlos de Bariloche, Río Negro.

Recuerdo que después de probarnos a varios militares, me dijo, ese chueco, va andar bien. Me dejaron dos años en San Carlos de Bariloche, y luego de ese entrenamiento, competimos con los militares chilenos en el invierno de 1971, en Bariloche.

Competí y salí cuarto puesto de la segunda categoría y al año siguiente fuimos al Portillo, Chile y le volvimos a ganar a los chilenos.

En el año 1972, salí campeón argentino, siendo el más joven de los competidores, todo gracias a Francisco Jermán; él, fue quien me enseñó detalles de la técnica del esquí de fondo, y mi capacidad física hizo que pronto sacara muy bien la técnica, que en ese momento era la clásica, actualmente superada por l técnica del paso patinador o skiting.

Al salir campeón argentino de esquí de fondo, me ayudó mucho a seguir compitiendo. Fui ocho años campeón argentino de esquí de fondo, cinco consecutivos y luego del hijo de Jermán, me ganó un año y luego volví a salir tres años más.

Después fui también campeón de Biathlon, siendo dos años campeón argentino y tres años, campeón del ejército argentino, en prueba completa, nórdico y alpino.

A fines de 1973, la Federación Argentina, de Ski y Andinismo, FASA, nos seleccionó y pagó un curso internacional de esquí de fondo, en Finlandia, viajando con Francisco Jermán.

Demetrio Velazquez en Mendoza junto a un grupo de jóvenes en una salida a la montaña


Participaron del curso, el entonces teniente Orencio Salas, el mayor Carlos Abel Balda y yo; el estado me hizo entrega de U$S600, que fueron para abonar el curso, mientras que, del ejército, no recibimos nada; eso hizo que luego de pagar el curso, me quedé sin un cobre, no tenía ni para pagarme un café, solo me quedaba el boleto para el regreso.

Era el Cuarto Curso Internacional de Esquí de Fondo, que se realizaba en Finlandia y el único que dictaba para esa época en Europa, con el tiempo y luego de algunos años, lo hicieron en Italia y en otros países de Europa.

Los finlandeses eran los dueños de la técnica de esquí de fondo estilo clásico. Luego de esto, a continuación, se realizó el campeonato mundial de esquí de fondo, en Falun, una ciudad ubicada en la comuna del mismo nombre en la provincia de Dalarna, Suecia; por mi parte en ese momento, no tenía un cobre en el bolsillo, recuerdo que el Francisco Jermán, me dijo, “¡Quedate a correr, el campeonato mundial!” Era un mes más, de estar entrenando y compitiendo; por mi parte en esa época, era cabo primero, casado, con dos hijos, era imposible sacar de mi exiguo sueldo para poder afrontar estos eventos.

Francisco Jermán, me dijo, quédate a correr el Campeonato Mundial, que yo me encargo de los gastos, eso hizo que me entusiasmara y además de ser una oportunidad de competir era una buena oportunidad para aprender algo más sobre esta disciplina, fue así que no solo representé a nuestro país, sino también fue representar a nuestra institución.

Demetrio Velazquez en Mendoza junto a un grupo de jóvenes en una salida a la montaña


Las  competencias como esquiador

Siendo un excelente esquiador de fondo, realizó en el periodo invernal de 1973, obteniendo el título de subinstructor de esquí, publicado en el Boletín Reservado de Ejército Nro 4523; este mismo año al cumplir las exigencias para la obtención del Cóndor Plateado, se le es otorgado el 4 de mayo de 1973.

Con fecha 03 de enero de 1974, es publicada en el Boletín Reservado de Ejército Nro. 3971, la capacitación que obtiene en Finlandia, la de Instructor de esquí Cross country,

En los años 1972, 1974 y 1977, fue Campeón del Ejército en la Categoría de suboficiales.

La década de los años setenta fue muy productiva en cosechas de logros deportivos, fue Campeón Argentino de Esquí de fondo en los años 1972, 1973, 1974 y 1975; participando en las competencias internacionales del Campeonato Mundial de esquí de Fondo en Falun, una ciudad ubicada en la comuna del mismo nombre en la provincia de Dalarna, Suecia, en el año 1974.

Obtuvo el primer puesto en el Campeonato argentino-chileno, de esquí de fondo, en los años 1973, 1975, 1977 y 1981 y también, el primer puesto como integrantes de las Competencias de patrulla, en los años 1973, 1975 y 1977.

Demetrio Velazquez en un campeonato de esquí


Participó en el Campeonato Mundial de esquí de fondo organizado por CISM - International Military Sports Council, en el año 1975, en Andermatt, Suiza.

Como instructor de la Escuela de Instrucción Andina, los instructores, era muy común que nos integráramos a la comisión de Auxilio del Club Andino Bariloche; eso hizo que fuéramos convocados para integrar una comisión de rescate de los cuerpos de un accidente que se había producido en la Antártida, integrada este grupo de once científicos argentinos, que se trasladaban en un avión Twin Otter y que había tenido el accidente, y era necesario encontrar los cuerpos para solucionar un problema legal de los seguros de los integrantes.

La exploración se hizo y encontramos el lugar del accidente, pero sin encontrar cuerpo alguno de los accidentados y tuvimos un accidente de un helicóptero, donde fallecieron la tripulación; eso hizo suspender la búsqueda y de inmediato el regreso de la comisión.

De todos modos, pude ver ese escenario blanco del continente Antártico, vi que era muy parecido a nuestro ambiente de montaña, quizás con más inclemencias del tiempo, pero con características similares. Era como la actividad que realizaba en San Carlos de Bariloche, la nieve, el frío, el viento, todo parecido, casi no había muchas diferencias.

El 21 de diciembre de 1976, se le otorga la máxima distinción de montaña del Ejército Argentino, el Cóndor dorado, que es publicado previo a cumplir con todas las exigencias, por Boletín Reservado de Ejército Nro 4114.

En el año 1977, fue Campeón Argentino de Biathlon y vuelve a lograr este campeonato en el año 1980.

Demetrio Velazquez dando una entrevista en un campeonato de esquí

Demetrio Velazquez dando una entrevista


En la Antártida

El 17 de febrero de 1977, fue destinado al Comando Antártico, seleccionado para realizar el curso preantártico con vista a conformar un grupo de integrantes que instalaron la Base Antártica General Belgrano II. Desde el 06 de febrero de 1978 hasta el 01 de junio de 1978, integró la Base Antártica Esperanza.

Desde el 17 de enero de 1979 hasta el 13 de febrero de 1980, integró la dotación de la Base General Belgrano II.

A mi regreso de la comisión, se me metió en la cabeza que debía intentar formar una dotación, elevé mi solicitud y fui seleccionado para hacer el curso preantártico, durante un año y luego, un año de permanencia en el continente blanco, integrando la dotación que iba a construir la Base Belgrano II, en un afloramiento rocoso, llamado Nunatak, este traslado hacia el Sur, fue realizado durante el año 1979.

Nunatak, es un afloramiento montañoso que se encuentra rodeado por un campo de hielo; el término ha sido usado en idiomas europeos Occidentales desde de la década de los años 1880.

Si bien es una comisión que suele durar 12 meses, nuestra comisión duró un mes más, es decir, trece meses. Fue una hermosa experiencia, humana, profesional ya hasta espiritual; también, por ser un lugar en donde el sueldo, es muy importante, dado que es una zona desfavorable, me permitió comprar mi casa, mi primer auto nuevo y con el resto que pude ahorrar nos fuimos toda la familia a conocer la parte Sur de Chile, pasear y hacer algunas compras para nuestra casa.

El propio Demetrio, nos relataba así sus experiencias en el continente blanco: Se conformaron todas las dotaciones de cada base y a mí me tocó ir fundar la Base Belgrano II. Éramos 8 hombres, un jefe de base, un médico, dos suboficiales superiores entre ellos, un topógrafo y un suboficial del arma de Artillería, que a su vez se había capacitado como cocinero, dos mecánicos, el radioperador y el suscrito, una especie de “Tutti Fruti”, es decir, que hacía de todo un poco, aunque mi especialidad era de experto en actividades de montaña, especialmente en técnica de hielo. Así que luego de muchas expectativas e inseguridades, porque uno nunca sabe hasta que no está en el lugar, es decir en la Antártida, que ha sido destinado al lugar. Por otra parte, era para mí una gran posibilidad económica dado que el pago era mi superior por ser un destino desfavorable, donde se podía ahorrar bastante dinero, mientras que la familia quedaba en San Carlos de Bariloche, no solo era estar un destino desfavorable, sino que por un año no veíamos nuestra familia. 

Nos embarcamos en el rompehielos General San Martín, en el puerto de Buenos Aires, rubo a la Antártida, lo que significaba para mí una gran alegría, era cumplir un sueño tan anhelado.

Demetrio Velázquez en la Antártida, Base Belgrano II


Después de 10 días desembarcamos en el lugar, cercano donde iba estar emplazada la base; nuestra dotación estaba compuesta por, el teniente primero Ramón Varela, como jefe de base, el médico, el suboficial principal Ferrari Giménez, topógrafo, el suboficial principal Juan Carlos Bechelli, el sargento primero mecánico de helicóptero Miguel Castillo, el suscripto, el sargento Luis Orellano, radioperador, el sargento Luis Burgo, mecánico de instalaciones fijas.

Fue una dura experiencia, con sabor a triunfo; la dura separación fue muy provechosa dado que permitió valorar de las dos partes, tanto de mi esposa y del mío, madurar espiritualmente y sentimentalmente el matrimonio.

Cuando nos comunicamos periódicamente por radio nunca acusaba ningún problema, ni tampoco enfermedad, sabía que no podía hacer nada desde la distancia, pero tampoco ella no daba ninguna mala noticia sobre el andar de la familia, eso me permitía estar tranquilo y poder hacer sin inconveniente las tareas que debía desarrollar; por otro lado solo podía tratar de trasmitir amor y confianza, fue un gran sacrificio de mi parte y de la familia, sabiendo que por otro lado iba a tener una recompensa material que nos serviría para mejorar nuestras condiciones materiales de la familia, es decir, un mínimo bienestar.

Las experiencias de esas noches interminables ¡fueron duras! En el comienzo de la noche polar o en el medio de la misma, se nos quemó el motor generador de corriente, nos quedamos incomunicados y sin luz.

El motor andaba a gasoil, nos brindaba lo más importante que era las comunicaciones y luz; un día el mecánico se descuidó y por el ambiente seco, más la temperatura que producía el motor, se nos incendió el refugio y el motor.

Nos quedamos con un motor de emergencia que por su capacidad era poco lo que nos podía brindar, era un motor Kawasaki de 0,750 kW, y con esa potencia la radio funcionaba con limitaciones, por la tanto no llegaba la señal de radio al continente.

Por ese momento, uno de los integrantes se enfermó, pronosticándosele por parte del joven médico un problema cardiaco.

Nuestro médico, era inexperto no solo en la parte militar sino también, en lo específico de su materia, dado que era recién recibido, no contando con el equipamiento necesario para un estudio más profundo. Empezaron los problemas.

Cada vez peor las comunicaciones, se hacían cada vez más difíciles de realizar, solo se hacían por telegrafía CW.

Demetrio Velázquez


Todo esto llevó a pesar en lo peor, nos reunimos para en caso de un deceso donde ubicar el cadáver, para lo cual, pensamos en ponerlo en el frigorífico, a mi cargo, por tal motivo hicimos un lugar previendo lo peor.

El enfermo que tenía en ese momento 50 años, y pesaba 70 kilogramos, llegó a pesar 42 kilos.

A todo esto, se logró comunicar el jefe de base con el comandante antártico y el director del Hospital Militar Central y propusieron enviar un Hércules para sobrevolar la base y lanzar medicamentos con paracaídas, un motor generador de corriente nuevo para mejorar las comunicaciones y también un aparato para controlar las pulsaciones y poder hacer un mejor diagnóstico, pudiendo emitir una señal y trasmitirla directamente al HMC, para que ellos evaluaran el problema.

Luego de esto los especialistas del HMC, pudieran evaluar y diagnosticar el problema, al mismo tiempo medicarlo con las medicaciones que había lanzado el Hércules, mientras que el médico realizaba el tratamiento y el seguimiento al enfermo.

Además, de todo lo necesario para el enfermo y el motor para la base, un amigo, nos envió 200 litros concentrados de jugo de naranja, lo que significó una gran alegría para todos, jugo que nos duró hasta finales de la comisión.

El motor lo lanzaron sobre una bahía congelada para evitar se cayera en una grieta, en proximidades de la base.

El problema que nosotros estábamos a cine metros de desnivel, para arriba; había que trasladar el motor en una pendiente abrupta de hielo, y para poder desplazarlo sobre el piso congelado  fabriqué un trineo de madera y lo cubrimos con una chapa de zinc, en la base para se desplazara mejor.
Con las cuerdas, mosquetones y cuatro pares de grampones, nos dispusimos a subirlo, realizando poleas, fijadas con clavos de hielos, así lo fuimos izando hasta llegar a la base, trabajando en dos equipos de trabajo.

Previo a eso desarmamos al motor en dos partes y así pudimos alivianar la carga. Tardamos 48 horas consecutivas para subir e izar el motor e instalarlo, y empezó a funcionar para alegría de todos, restableciendo las comunicaciones con el continente, con el Comando Antártico y con nuestra familia.

Teníamos una comunicación semanal con nuestra familia, era de media hora, era como una cita, donde tanto nosotros como los nuestros estaban expectantes para pasarnos las noticias y novedades y saludarnos, lo cual estábamos anotando toda la semana los temas más importantes para poder pasarles a nuestras familias o preguntarles de sus cosas, mi familia había quedado en San Carlos de Bariloche.

Era muy gracioso porque a pesar de que uno tenía anotado todo lo que había pensado durante la semana para contar llegado el momento solo la mitad les contaba porque el resto se lo olvidaba; otras veces había muy mala propagación y lamentablemente, no podíamos comunicarnos y pasaba para la próxima semana los mensajes.

Muchas veces me tocó quedarme sin poder comunicarme y pensaba que el que estaba en la radio de la Escuela Militar de Montaña, no quería comunicarse y eso hizo que me prometí hacerme radioaficionado, pudiendo con el tiempo comprarme mi propia radio y poder servir al que lo necesitara.

Cuatro años después de mi regreso, obtuve la licencia de radioaficionado y empecé a ser útil en este rubro y otros como es la Red de Emergencia Nacional, que antes tenía la C. M. T.

Una afición que me permitió no solo conocer gente por medio del éter, es decir, de la señal de la radio, sino también, poder ayudar a muchos que necesitaban ubicar a algún pariente o conocido. Con el tiempo me hice de algunos amigos por este medio, y llegué a conocerlo hasta como eran, por la forma en que hablaban y se expresaban o cuando estaban con algún problema, hasta llegar a tener con bastante certeza como eran en su transitar diario.

Demetrio Velázquez en cumbre


Me comunique con todo el mundo. Una madrugada, eran como las cinco de la mañana, y con este apasionamiento que te da estos aparatos, me comuniqué con móvil aéreo. Era un piloto que estaba volando entre París y Hong Kong, en una empresa de Lufthansa, me preguntó si tenía teléfono y si podía hacer un llamado a Córdoba,  dado que su madre cumplía años, 75 años, y fue sí que pude hacer la comunicación, por medio de Arrima pach, con el hijo, para alegría de ambos, en ese momento lloré de alegría por haber podido hacer el enlace y prestar ese servicio y llevar alegría a dos personas que sin conocerlos, me contagiaron con la emoción y alegría de un saludo y de haber podido hablar entre ellos.

Claro está que en ese tiempo no había las comodidades que actualmente te dan los celulares que de cualquier parte del mundo podés conectarte y hablar.

Así fue que conocí mucha gente y de todas partes del mundo, con historias muy lindas que sería muy largo expresarlas y contar de todas ellas, muchas páginas llenarían esas anécdotas.

De hecho, nos reuníamos cada tanto a charlar con amigos de todo el mundo, compartiendo experiencias, y aunque más no sea para saber cómo andan y saludarnos.

Últimamente, la tengo algo abandonada a mi estación de radio, dado que soy muy amante a la vida al aire libre y me cuesta sentarme adentro para ponerme a charlar por radio.

Sigo teniendo licencia como radioaficionado, como también la tiene mi esposa, y cada tanto despunto el vicio con alguna llamada; mantengo también, un buen equipamiento, con antenas de otras bandas, eso me versatilidad para operar y poder ser útil a la comunidad.

Retomando la vida en el continente blanco, debo comentar que hemos tenido días tan fríos que el termómetro ha marcado -53° C. Aunque lo más sorprendente para la vista y como experiencia para mí, fue la aurora polar, cuyos juegos de luces en el cielo, intermitentes y de distintos colores, en casi medio firmamento, hacia el polo, que a uno lo deja ante tan maravilla con la boca abierta. Parecía una guerra visual electromagnética de diferentes movimientos y colores, una maravilla para mí nunca vista.

Con el seudónimo de “María”, se lo denominaba al que tenía alternadamente que hacer de ayudante de cocina, la limpieza de los lugares comunes, el servicio del desayuno, la comida, el lavado de los platos y ollas, atender la calefacción, y cargar de combustible al tanque del motor, que alimentaba al mismo, todas esas actividades, poner una olla para derretir el hielo y hacer agua, la hacíamos por turno y esa figura del que las realizaba se le ponía el nombre de “María”, esto era en todas las bases antárticas, no se de cuánto tiempo venía ese nombre aplicado a estas actividades, pero de muchos años atrás. Los sábados salíamos todos a picar hielo y acomodarlo en cajones aparcados para que luego, fuera sea ingresado cuando se necesite, por el que estaba de turno para esa tarea.

Como éramos seis los que cubríamos ese servicio, una vez por semana, también para el baño y para economizar energía, nos bañábamos cada cuatro días con 20 litros de agua caliente.

El domingo, era el día de descanso del “María” y cada uno se las arreglaba, en las actividades, y ese día por turno, íbamos rotando quien hacía la comida para todos. Cuando me tocaba a mí, ya tenía un menú fijo, o empanadas de carne o pastel de carne al horno con puré. Lo que sí podemos decir, que no hubo nunca falta de víveres, dado que los cálculos y sobre la base de experiencias anteriores, se llevaba no solo lo suficiente, sino mucho más de lo que se necesitaba para pasar un año largo. Teníamos suficientes víveres, carne de pollo, de pavo, de lechón, de vacuno, carne de exportación y cordero.

Una vez por semana, se trasladaba lo que se iba a consumir durante la misma, dado que el menú ya estaba fijado, también estaba la verdura deshidratada, legumbres, harinas, huevos en polvo.

Bebidas teníamos 4 botellas de vino por semana, una botella de whisky, cinzano, coñac, cervezas, jugos dividimos para todo el tiempo en 56 semanas, siempre algo más por las dudas, dado que uno sabe si se puede prolongar la estadía en el continente blanco.

También, programábamos la cantidad de bebidas para toda la semana, en la Antártida como en la montaña, no existe la improvisación, todo se provee.

Recuerdo que los martes en un menú con carne, tomábamos 2 botellas de vino, al igual que los viernes otros dos más, y el sábado acompañando las pizzas, tomábamos una lata de cerveza.

Con la comida no teníamos problemas, para los que fumaban, había cigarrillos de todo tipo, para todos los gustos.

Lo difícil fue cuando durante mucho tiempo, cuando no funcionaba el motor para darnos luz, fue cuando fueron los momentos más difíciles dado que todo el día era de noche y debíamos andar con linternas y cuando nos enviaron el nuevo motor fue cuando ya había pasado la noche polar y cada día se prolongaba la luminosidad de la jornada.

En los días de oscuridad y luego de cumplir con las actividades programadas, nos tirábamos en las camas para escuchar Radio El Mundo, escuchando el programa de “Caño 14”, ¡Qué alegría!”, escuchábamos tangos, y el resto del día, el resto del día escuchábamos Radio Cooperativa de Chile, que tenía una gran señal y nos llegaba muy bien, era solo esa señal que nos llegaba del continente.

Demetrio Velázquez en cumbre

Compañeros de montaña


Un día que estaba haciendo de “María”, como a las tres de la mañana, andaba solo por la base, cuando de repente se empezaron a mover las cosas y a caerse, me asuste y fui a despertar a mis compañeros; se sentía olor a azufre, salimos todos afuera de la base, aunque no pasó a mayores, estuvimos despiertos todos el resto de la noche, hasta que se lo comentamos por radio a la D.N.A., y un científico nos comentó que había sido producto de un movimiento del suelo, por la fricción de la capas de la corteza terrestre, producía el escape de ese olor, que era un fenómeno natural.

La noche polar en verdad es muy tenebrosa, triste y muy larga, afectando psicológicamente a las personas, nada fortifica el espíritu en ese calvario, solo Dios.

Nos permitió conocernos cada uno y eso nos permitió darnos fuerzas en los momentos flacos de la convivencia.

He tenido la experiencia de participar en las convivencias o retiros espirituales, con gentes de distintos lugares y distintos niveles sociales, claro está que fue durante algunas horas, no convivir las 24 horas durante un año, lo cual se hace bastante difíciles, especialmente cuando la falta de las comodidades y de los afectos las personas cambian su forma de actuar y de ser y el trato cambia y uno debe poner todo lo bueno para convivir y hacer un ambiente agradable, o al menos pasable.

Respecto a esto debo decir que, por ejemplo, el joven médico, recién incorporado a la fuerza y creo que fue una mala decisión, enviarlo sin experiencia al menos de la milicia, por la jerarquía se autoproclamó segundo jefe de la base, claro el pobre, se había recibido de médico, recién recibido, hizo un curso de tres meses y se le otorgó la jerarquía de teniente primero, pero desconocía el trato y la convivencia con los demás militares, que si bien eran suboficiales eran antiguos todos en el grado y con varios años de milicia; este médico, de milicia nada, era más tierno que la lechuga,  en ese ambiente fue terriblemente inútil salvo en lo especifico de su profesión que a medias la llevaba adelante, especialmente con el suboficial que tuvo el problema cardiaco.

No así el jefe de la base, un buen soldado considerado, sufrido, conocedor en el manejo del personal, con criterio. Los suboficiales antárticos, uno topógrafo que fue el que se enfermó, buen hombre y camarada, con experiencia anterior, buen consejero, el otro era artillero, devenido cocinero, buena persona, aunque algo tierno para realizar marchas, de todas formas, por su experiencia, era un buen consejero, especialmente para descomprimir los conflictos internos.

Es de resaltar que, el alejamiento de las comodidades propias de una casa, la soledad, el mismo ambiente todos los días, la incomunicación por un periodo prolongado, lo agresivo del clima, el encierro durante la noche polar, todo ese coctel, puede provocar las peores reacciones en la gente.

Por eso es fundamental que el personal, permanentemente se encuentre atareado para que la mente no empiece a buscar algún conflicto, veces de poca monta, pero que allá se magnifica.

Por eso el mejor remedio era el trabajo, para que la mente y los terribles altibajos emocionales fueran controlados.

Solo una mente clara, con mucha fortaleza y fe, lo pueden superar a diario y salir airoso.

Compañeros de montaña y esquí junto a Demetrio Velazquez en cerro Catedral


Respecto a los dos mecánicos, uno era de instalaciones y el otro de helicópteros, muy trabajadores y humildes, fueron buena pasta para trabajar en equipo; mientras que el radioperador, joven y con bastante experiencia antártica y en la radio, se desenvolvió sin problemas, por mi parte, con algo de experiencia en la Antártida y mucha en la montaña, me permitió llevar adelante este largo trabajo de aislamiento.

Esta fueron los integrantes de la dotación de la Base Antártica Belgrano II, que inauguró la misma el día 5 de febrero de 1979.

Esta convivencia durante la noche polar, nos permitió conocernos a todos hasta en las mínimas expresiones, tales hasta cuando uno mentía. La luz trae cosas buenas, cosas lindas; mientras que la noche, las tinieblas y la oscuridad, debilitan la mente y el ánimo.

Con las primeras luces comenzó a aparecer el buen ánimo y la alegría, las ganas de reír y como los presos se comienzan a tachar en el almanaque los días para el regreso, comienza también, la cuenta regresiva.

Al principio era de noche y de día, hasta que el día le fue ganando y estirando cada jornada que pasaba hasta que no teníamos nada de oscuridad.

Esto me permitió que armara un trineo tipo cajón, alargado con chapas de zinc de la base, cargamos comida preconfeccionada, abrigo, bolsas de dormir, calentador, etc., hicimos un tiro de cuerda para arrastrar el trineo y salimos tirando dos y nos íbamos turnando para llevar la carga y nos fuimos por la bahía congelada hasta el mar, aproximadamente 10 kilómetros. El espectáculo se nos presentó a la noche, cuando debíamos dormir, es decir, cuando correspondía dormir, dado que no había noche, el crujir del hielo sobre el cual estábamos, era aterrador l comienzo hasta que nos acostumbramos.

Pudimos observar algunas aves que anidaban cerca y que estaban con sus pichones, era nuestra única compañía.

Después de la noche polar y sabiendo que no lejos de ahí, había una base rusa, teniendo como necesidad de cambiar un conector de gas, le propuse al jefe de base intentar ir a buscar un conector en la otra base. Una mañana, preparé mis esquís de fondo, y salí rumbo al refugio ruso, realmente poco consciente lo que estaba haciendo sabiendo que en la montaña y en latitudes extremas jamás se debe uno desplazar solo. Pero llegué bien, aunque antes del arribo a mi destino me caí y me di cuenta que estaba arriba de una gran bóveda de hielo bastante profunda y de color azul cristalino.

Estaba tendido sobre una capa delgada de hielo, y que por la distribución del peso de mi cuerpo extendido no había cedido el puente, luego, me empecé a deslizar hasta pasar la zona de peligro y así logré superarla, me paré muy asustado y desde allí empecé a tener más cuidado. Llegue al refugio, tome un flexible y retorne a la base, esquivando los peligros que pude tener a la ida, era el mes de octubre, todavía hacía mucho frío esto hizo que el puente todavía estaba resistente y soporto mi peso.

A fines de noviembre, tuvimos la visita a la base de unos alemanes que llegaron en helicóptero desde un barco que había quedado varado en la barrera de hielo, distante unos 15 kilómetros de la base.

Compartimos un café y nos dejaron una caja de vino francés. Los vinos comunes que teníamos nosotros, era vino común, que, al estar mucho tiempo a la intemperie, y por los cambios de temperaturas, los corchos se habían salido algunos y al cabo de un tiempo, se habían picado, no en todos los casos, pero en su gran mayoría.

Así que reservamos varias botellas para el relevo. Mientras que el médico se adueñó del vino francés, y lo custodiaba él personalmente.

Demetrio Velazquez en cerro Catedral con su familia


Una noche con los suboficiales nos llevamos la caja, traspasamos el vino con una jeringa y en su lugar la pusimos vino Toro, que era el teníamos. El día que nos despedimos, el medico se notaba que no sabía nada de vinos por lo visto, dado que cuando comenzó a consumirlo, decía que era muy bueno y que tenía cuerpo, siendo que era el vino común Toro que le habíamos cambiado.

Para fin de año y dado que nos sobraba de todo, lechón, pavo, cordero, vacuno, etc., así que preparamos lechón al horno, arrollado de matambre y pollo y algunos bocaditos al horno, una delicia todo. Nos reunimos alrededor de la mesa con la nostalgia propia de la ausencia de la familia y perdimos la radio de comunicaciones e hicimos un contacto con la Base Belgrano I, nos mandaron sus saludos y buenos augurios, en espera del relevo.

En esa base, tenía varios amigos y especialmente, uno que había sido instructor mío en la montaña, el sargento ayudante Juan Bautista Barrientos, y que los dos éramos de San Carlos de Bariloche y nos conocíamos bastante, incluso familiarmente.

Esos contactos por radio era muy lindo pasatiempo, atrás fueron quedando los tiempos duros y tristes, mientras que se acercaba nuestra despedida del lugar.

Quedaba poco para volver a estar con nuestra familia luego de una larga ausencia; de hecho, cuando el Rompehielos se puso en marcha desde Buenos Aires, lo íbamos siguiendo por radio e íbamos siguiéndolo a diario por la radio su derrotero, lo cual nos despertaba una ansiedad su llegada.

Mientras nosotros preparábamos nuestra base para la entrega a la nueva dotación; habíamos encargado una placa de bronce con los nombres de toda la dotación, para dejar en el lugar por ser nosotros los fundadores de la misma; preparamos un monolito de cemento cuya base era de 50 por 50 centímetros, lugar en donde además íbamos poner la placa, y así lo hicimos.

Con la cuerda de escalada escribimos en la pared de hielo, una leyenda que decía “bienvenidos”.

A fines de enero de 1980, estábamos sobre la Bahía Congelada, la base estaba casi lista para la entrega.

Recuerdo además, que cuando llegamos, al principio de la campaña, salíamos con el suboficial artillero, a caminar en las inmediaciones de la Base, y me comentaba que era un viejo caminador de la Antártida, creo que lo hacía para impresionarme, pero en una de esas caminatas se cansó tanto que lo tuvimos que traer en andas, porque no daba más… por eso hicimos al finalizar la campaña, como cargada, con las dos primeras letras de su nombres y apellido, él se llamaba Juan Carlos Bechelli, y bautizamos al lugar Valle del Jucabe, y lo dejamos enterrado en el lugar como recuerdo de esta anécdota.

Salimos con el joven médico en total cuatro integrantes de la base, y el inexperto médico, no se dio cuenta y piso en un delgado puente de hielo y se cayó en una grieta de una profundidad de 15 metros aproximadamente, tuvimos que ir urgente a buscar la cuerda y en 20 minutos ya lo teníamos afuera, y se dirigió hacia mí que era el especialista de rescates y me dijo, “sepa que ha hecho nada más lo que le corresponde”. Fue tal el encono que me produjo y que me tuve que frenar para no tirarlo de nuevo a la grieta, son anécdotas pasadas y que ya quedaron en el pasado.

Llegó el día del relevo, arribo próximo a la bahía, el rompehielos Irizar, con todos nuestros pertrechos nos fuimos acoplando a nuestro nuevo hogar dejando atrás todo el trabajo, anécdotas y recuerdos de un largo año pasado en el lugar y saludando y deseándoles a los que arribaban buenos augurios.

Cuando embargamos, el comandante, me pidió que hiciera un sondeo en un lugar nuevo cercano a lo que había sido la Base Belgrano I, para buscar un lugar adecuado para instalar una nueva base; me trasladaron en un helicóptero, con una cuerda de escalada y luego de buscar el lugar, trajeron en el helicóptero el material para la construcción de un refugio para posteriormente construir una base que le llamaron Belgrano III.

La Base Belgrano I, con el tiempo y cuando se desprendió el tempano donde estaba instalada navegó hasta que se hundió en el mar…

Una vez seleccionado el lugar, enviaron el refugio y trasladaron la gente para instalar luego lo que con el tiempo se llamó como expresara anteriormente Base Belgrano III.

Se estuvo trabajando las 24 horas seguidas. Por mi parte me trasladaron hacia la Base Belgrano I, cuando estábamos llegando a la barrera, el barco tocó una parte de ésta y se desplomó un bloque enorme de 15 metros de alto, por 200 metros de largo y 100 metros de ancho, aproximadamente. Tres integrantes de la base que estaban ahí cayeron al mar, dos lograron salvarse, mientras que el tercero murió, luego de haber cumplido un año de trabajo en la base, muy doloroso para todos.

Emprendimos con mucha tristeza el regreso. Un integrante que había dado todo de sí para trabajar en el lugar había muerto, un verdadero héroe, pero para su familia no era lo mismo, ¡era un dolor muy grande!

Demetrio Velazquez en cerro Catedral


Nuevos destinos nuevos logros

En el mes de abril de 1980, se presentó a su nuevo destino la Escuela Militar de Montaña y el 16 de octubre del mismo año, pasó a revistar como integrante del Equipo Militar de Esquí, dependiente del Estado Mayor del Ejército, pero para los fines administrativos en la misma escuela de montaña.

Nos decía Demetrio, que: Con el tiempo, pude hacerme una escapada también a mis pagos, para volver a visitar a algunas gente conocida en Misiones y algunos parientes; fui a visitar a la señora que me había realizado a máquina los papeles para mi ingreso a la Escuela de Suboficiales, la secretaria del Juez del lugar, que ya tenía más de ochenta años, cuando me presente y le comente quien era, se pudo muy contenta, le comente mis periplos por el país y por el mundo, fue una alegría verme realizado, que su pequeña atención había dado sus frutos en mi vida y además, contenta por la familia que había formado.

En el año 1981, participó en el Campeonato Mundial de Biathlon en Lahti, capital de la región de Päijänne Tavastia, Finlandia.

En el año 1982, participó nuevamente en la Copa del Mundo de Biathlon, en Rasun Anterselva (en alemán Rasen-Antholz), sencillamente conocida como Antholz, provincia autónoma de Bolzano/Bozen (Süd Tirol), Italia; también participó este mismo año, en otra competencia para la Copa Mundial de Biathlon en Ruhpolding, distrito de Traunstein en Baviera, Alemania.

Obtuvo el primer puesto en las Competencias de Biathlon Andino Militar argentino-chileno en el año 1982.

El 14 de octubre de 1982, le salió el pase nuevamente al Comando Antártico, siendo trasladado a su vez a Ushuaia, como Escalón Adelantado de este comando.

En los últimos años, además de las tareas de montaña, tanto de esquí como de andinismo, he descubierto que así como Dios me ayudó para ser algo en la vida, me siento en la obligación de devolver algo de lo recibido a mis semejantes, es por eso que me incorpore junto a mi esposa a Caritas y también, el proyecto de tratar y escuchar a la gente anciana, porque ellos necesitan que alguien los escuche y les brinde cariño y afecto, y hay muchas necesidades.

Yo he sido siempre catequista. Mis hijos han sido contagiados por las actividades de montaña. He subido con ellos el Lanín, mi esposa y dos hijas y en el año 2014, lo hemos hecho con los mellizos, ¡también!

Es designado encargado de Cursos e instructor de los mismos, en la Escuela Militar de Montaña, en el año 1980.

Demetrio Velazquez en Mendoza


Integró el Esquipo Militar de Esquí del Ejército Argentino, además, siendo su entrenador durante los años 1980 y 1982.

Designado encargado de la Compañía Comando y Servicios de la Escuela Militar de Montaña, en el año 1983.

En el mes de marzo de 1983, recibe la Aptitud Especial Antártida, publicada por Orden del Día Nro3/83, cumpliendo las exigencias para la obtención, por su permanencia y trabajo durante una campaña en el continente blanco.

Se desempeñó como instructor del curso actualización y perfeccionamiento de esquí, realizado en la localidad de Puente del Inca, en el período invernal de 1983, publicado según la Orden del Día Nro 179/83.

Fue nombrado jefe del Escalón adelantado del Comando Antártico en Ushuaia, durante los años 1984 y 1987.

En el año 1985, es nombrado delegado técnico de esquí de fondo por la Federación Argentina de Esquí y Andinismo.

Fue nombrado director de la Escuela de esquí de fondo, del Club Andino Ushuaia, en los años 1984 a 1987 y también se desempeñó como entrenador del mismo club, en esquí de fondo.

El 1 de noviembre de 1988, La Escuela Militar de Montaña, le otorgó la distinción de Caballero de la montaña en el grado de gran oficial.

Fue Campeón Argentino de Esquí de fondo en la categoría veteranos en los años 1989, 1993 y 1994.

En los años 1988 y 1990, fue el encargado del Club de Montaña Cazadores de los Andes, para desarrollar actividades de montaña en San Carlos de Bariloche, Río Negro.

En el año 1991, es designado Encargado de la Escuela Militar de Montaña y al año siguiente Encargado de la Compañía comando y Servicios del mismo instituto.

En el periodo invernal de 1991, se desempeñó como instructor del Primer Curso para Maestros y Profesores educación física, en la localidad de Copahue, según Orden del Día Nro 75/91.

En el año 1992, es nombrado por el Comité Olímpico Argentino, como entrenador del Equipo Olímpico de Biathlon, para las competencias de Alvertville, departamento de Saboya, en los Alpes franceses, en la región Auvernia-Ródano-Alpes Francia.

Entre los años 1993 y 1995, fue nombrado entrenador del Equipo Militar de esquí del Ejército Argentino.

Entre los años 1990 y 1996, fue director del Equipo Provincial rionegrino de esquí de fondo, viajando con una delegación de juveniles a las competencias de Europa, en España, Italia, Francia, Austria y Alemania, durante 53 días con 10 atletas argentinos, obteniendo un cuarto puesto en el topolino de fondo en Italia y participando, además, con 6 atletas en el Campeonato Mundial Juniors de Asiago, en la provincia de Vicenza en la región del Véneto, Italia.

Entre los años 1996 y 1998, se desempeñó como Encargado de la Escuela Militar de Montaña.

El 5 de julio de 1998, se desempeñó como Arbitro internacional de biathlon, en las competencias realizadas en el país. 
Se desempeñó como subdirector de la Escuela Municipal de Montaña de San Carlos de Bariloche, Río Negro.

El 12 de noviembre de 2003, es distinguido y nombrado como Caballero Expedicionario al Desierto Blanco, categoría de Primera.

Demetrio Velazquez


Su personalidad

Qué bueno resulta  finalizar esta biografía, de tan destacado atleta argentino, con las palabras de un profesional de la montaña y notable esquiador ,como es el coronel Salas.

Quien escribe estos conceptos siguientes, es el coronel (R) Jorge Orencio José Salas, presidente de la Federación Argentina de Pentatlón Moderno y Biathlon (2012-2020), : Respecto a mi querido amigo Demetrio Velázquez, (El chueco), es una persona que desde que lo conocí estuvo ligado a mi paso por la Escuela de Instrucción Andina y luego escuela Militar de Montaña (Unos 22 años). Hubo dos personas que siempre estuvieron presentes en mis días de Montañez y esquiador y fueron el coronel Abel Balda y el Chueco Velázquez.

Demetrio fue creciendo, desde la posición más humilde hasta alcanzar un prestigio merecedor de los más notables elogios, que de ninguna manera son exagerados…creo sinceramente que sobrepasan los parámetros normales ampliamente.

Nadie más que yo, conozco y compartí ese sendero que transitamos juntos por mucho tiempo, agradezco a Dios que me haya puesto en la misma cuerda y la misma huella…

Fue como un misterio el origen de la fortaleza y la aptitud técnica de un físico, que no se consideraba ideal para entonces…que equivocados estaban…al ritmo de un gran corazón y una depurada técnica… nació la mejor técnica de esquí de fondo de la Argentina.

Acompañando todo esto, no quiero dejar de resaltar sus virtudes personales, la humildad, la responsabilidad, la camaradería, la contracción al trabajo y el saber llevar adelante un hogar ejemplar en cual le brinda todo el afecto que su persona merece.

Juntos realizamos las más difíciles escaladas de nuestra época y juntos emprendimos la aventura de nuestro primer curso Internacional de Instructores de Esquí de Fondo en el Vuokattin Urheiluopisto junto a Francisco German y Abel Balda... luego el primer campeonato mundial en Falun, el mundial militar en Andermatt, los Juegos Olímpicos en Lake Placid y toda nuestra campaña con los amigo Chilenos en la Competencias Invernales y mucho más actividades repartiendo enseñanzas, creando centros invernales…Ushuaia…Caviahue…el Centro del Cerro Otto…la Antártida…etc.

Demetrio Velázquez escalando


Hoy agradezco a Dios y a la vida haber vivido esos momentos juntos…

Nuestro cuerpo ya no volverá físicamente a todos esos lugares. Pero el corazón y los recuerdos viven allí en medio de tantos recuerdos.

El reconocimiento  hacia  Velázquez  también lo escuchamos  del General de Brigada (R) Víctor Figueroa, quien nos decía: Cuando hablamos del Suboficial Mayor Demetrio Velázquez, es imposible no recordarlo cariñosamente, como “El Chueco”, de una personalidad afable, cortes y disciplinada. Forjó una reputación tanto en el ámbito militar como en el civil, en base al esfuerzo personal y a su perseverancia, ganándose el respeto y admiración de todos. Lo recuerdo como un gran soldado apasionado por la montaña.

Demetrio, podías contarnos algunas anécdotas de tus actividades de montaña, que te hayan ocurrido y por supuesto nos relataba:

En el año 1976, vino a San Carlos de Bariloche, un amigo del entonces teniente Jorge Salas, de origen italiano, dueño de un negocio de artículos deportivos de invierno, y junto a ellos, me invitó para llevarlo a escalar la Torre Principal del Catedral.

La escalada fue como es habitual, empeñativa, pero la disfrutamos; empezamos a escalar algo tarde, no como de costumbre; fuimos realizando los relevos en la cabeza de la escalada, hasta lograr la cumbre, lamentablemente, se nos hizo de noche ya cuando regresábamos, a eso de las 02,00 horas, además de falta de luz, se largó un granizo fino y el viento con las algunas ráfagas fuertes, estábamos arriba del nicho cuando empezó.

En eso como es habitual, largamos una cuerda para realizar el descenso de cuerda doble, pero Jorge, no se dio cuenta y la cuerda la lanzó justo que recibíamos una de las tantas ráfagas y ésta la voló y la encajó, trabándola en un encastre de piedras, quisimos recuperarla, pero se trabó más; Salas, me dijo, quédate vos con el italiano, que yo voy a cortar la cuerda para realizar el rapel.

Me quede con el italiano, estaba muy asustado; así lo hice bajar a pesar de que la cuerda le faltaba algún par de metros para llegar al piso, y a pesar de su susto bajo yo estaba arriba dando seguridad sin escuchar nada, sin saber que pasaba, finalmente, todo fue bien y luego, baje sin problemas.
Recuerdo que antes de largarse cuando le estaba pasando la cuerda por el mosquetón y lo estaba preparando al italiano para el rapel, me dijo tengo mucho miedo y me comentó que tenía una hija y una suegra en Italia incluyendo un par de zapatos, bastones, fijaciones y varias ceras, regalo por esos momentos, aunque dramáticos,  que había disfrutado con nosotros y en reconocimiento nos envio ese regalo. 

Demetrio Velazquez con su familia

Demetrio Velazquez junto a su esposa


En el año 1984, dentro del programa de la marcha blanca, que se hacía en Ushuaia, entre otros eventos se hizo un concurso fotográfico, en ese entonces me encontraba en el Sur con mi familia y participé del evento, el cual fue muy concurrido y divertido.

La marcha se largó en Rancho Hambre paralelo a la ruta nacional Nro 3 y después, seguimos por Garibaldi, aproximadamente unos 25 kilómetros, la llegada fue en el centro de esquí las Cotorras.

Había que sortear algunos cursos de agua, es decir, algunos arroyos pequeños, yo me coloqué un arnés de cintura y con un trineo de plástico el cual arrastre a mi hijo Rubén que tenía 4 años, el mismo tenía un mango hacia arriba de unos 30 centímetros, del cual se agarraba el pequeño; mi hijo se aferraba del cuello del pato que tenía el trineo, y yo con esquí lo llevaba arrastrando; en un momento dado, miré hacia atrás y veo que estaba dormido en el trineo, parece que el vaivén de la marcha lo había mecido y dormía plácidamente, pero sin soltarse del trineo, claro que si lo hacía seguro que lo perdía en el camino.

Dentro de los que participaban también estaba mi amigo Carlos Sampatti, un fanático del esquí de fondo y quien me ayudo mucho en el Sur para desarrollar el esquí de fondo en Ushuaia, con él homologamos las pistas en aquellos lados. Fue Carlos quien al vernos en ese momento nos plasmo en una foto, en ese escenario que era muy bueno, cercano al arroyo que habíamos sorteado, con un paisaje estupendo, ganando con esa foto el concurso fotográfico y nosotros pasando a la posteridad casualmente.

Del evento participamos unos 50 deportistas, también lo hacían los chicos del Mayenco Ski Club de Jaca, España, que, por un intercambio con el Club Andino de Ushuaia, se encontraba en esa oportunidad. Que le cuento que esa foto ganó el concurso, lo cual fue una alegría y emoción para mí y toda la familia.

Certificado otorgado a Demetrio Velazquez del curso de instructores de esqui cross-country

Certificado otorgado a Demetrio Velazquez por participar en el cursillo
de la Solidaridad Olimpica de esquí en Caviahue


En el año 2000, en uno de mis ascensos a la cumbre del pico Argentino del cerro Tronador, conformando la cordada junto a Ricardo Correa, Esteban Darcacha, un sacerdote, un médico y un integrante del centro atómico, conocido. Fuimos en una camioneta hasta Pampa linda, llegando a las 11,00 horas.

Contratamos caballos para llevar la carga; antes de comenzar la marcha, nos comimos una cabeza de cerdo que llevábamos cocinada al horno, partimos hasta arriba de los caracoles, ahí nos entregaron la carga de nuestras mochilas, seguimos caminando llegamos al refugio descansamos un rato.

Tomamos café y continuamos hasta el filo de la Motte, en este lugar instalamos nuestro campamento, era ya tarde, casi de noche.

Durante la toda la noche soplo mucho viento, lo que provocó que se nos rompieran los travesaños flexibles de la carpa, a eso de las 06,00 horas nos levantamos y luego de desayunar, emprendimos nuestra marcha con bastante viento. Les dije al grupo que si continuaba este viento tendríamos que volver, pero gracias a Dios, el viento disminuyó y pudimos continuar.

A las 12,00 horas, estábamos en la cumbre desde allí con mi radio handy, llamé a mi casa comunicando nuestra cumbre y también, que la señora de Esteban pudiera hablar (hazaña de la comunicaciones), luego, el sacerdote, saco de su mochila todos los elementos y celebro una misa en la cima, fue muy emocionante dar gracias a Dios por la ascensión y por esa maravillosa misa en la cima del cerro, después, al regreso, auxiliamos a un grupo de brasileros que tenían algunos inconvenientes y regresamos al campamento base, recogimos nuestro material y partimos hacia el refugio Otto Meiling; allí descansamos un ratito y continuamos nuestra marcha hasta Pampa Linda, llegamos a las 02,00 horas, es decir, de madrugada, colocamos nuestros equipos en la camioneta y regresamos. A eso de las 06,00 horas, estábamos de regreso en San Carlos de Bariloche, en nuestras casas.

Como verá dentro de todas mis actividades siempre he tenido una cuota de la mano de Dios que me ha protegido y ayudado a concretar mis sueños como militar y como padre de familia, de la cual estoy muy orgulloso.

Habitualmente pienso  que nuestra institución se nutre de mucha gente muy buena, que se destaca no solo por sus valores militares y deportivos, sino también por sus valores morales y espirituales, y que son ejemplos para nuestra sociedad, como es el caso de este destacado y pionero esquiador militar, el Suboficial Mayor retirado Demetrio Velázquez.

Certificado otorgado a Demetrio Velazquez por participar en el seminario de Ski Nórdico en Bariloche

 

Área Restauración Fotográfica del CCAM: Natalia Fernández Juárez

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