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Mayo 2011 – Revista Digital Nro 34
Ascensión de Jordi Pons a la pared Norte de los Drus en el 2003

Después de tres intentos por escalar esta pared, entre los años 1959 y 1974, al fin he conseguido pisar la cumbre de esta montaña, por eso nunca es tarde para convertir un sueño en realidad

- Por Jordi Pons -


Restauración Fotográfica:
Centro Cultural Argentino de Montaña, Natalia Fernández Juárez

 

Hace 24 horas que he realizado mi último vivac en la pared norte de los Drus y digo mi último vivac porque después de tres intentos por escalar esta pared, entre los años 1959 y 1974, al fin he conseguido pisar la cumbre de esta montaña, una de las más carismáticas del macizo del Mont Blanc, cuyas aristas de líneas perfectas convergen en una pequeña cima que se eleva de manera espectacular por más de ochocientos metros sobre el valle del Arve, en Chamonix

Jordi Pons en la pared Norte de los Drus, 2003. Foto: Flanqueig

En la década de los años 30, seis paredes Norte del arco alpino se convirtieron en claros objetivos para muchos escaladores de elite, cuya deportividad se mezclaba con un evidente patriotismo. El Dru formaba parte de esta media docena de paredes Norte junto al Cervino, las Grandes Jorasses, el Eiger, el Piz Badile y la Cima Grande di Lavaredo.Estas seis grandes clásicas fueron vencidas entre 1933 y 1938 atrayendo a los más destacados escaladores del momento, procedentes de las escuelas de escalada de Austria, Alemania, Italia e Francia. La prensa especializada se ocuparía de dar el relieve oportuno en cada una de las distintas victorias, cuyas conquistas no estaban exentas de dramatismo tras los muchos intentos frustrados por pisar sus cumbres. Los repetidos accidentes mortales, lejos de producir el desánimo entre los escaladores, solo sirvieron para acrecentar más si cabe, los deseos de conquista.

Observada desde el valle de Chamonix, la cumbre de los Drus, desafiando la verticalidad, destaca como una flecha en el cielo azul por lo que nada tiene de extraño que su pared norte entrara a formar parte de este reducido numero de paredes clásicas ambicionadas mucho antes de ser vencidas.

Pared en los Drus, Chamonix, Alpes Franceses, 1955. Foto: Edtorial Juventud

Pared en los Drus, 1955. Foto: Edtorial Juventud

En el año 1959, Josep Santacana y yo, tomamos la decisión de escalar esta pared. En aquel momento ni tan siquiera pensaba que habían otras tan importantes come ésta. Solo me atraían los Drus. Era la segunda vez que iba a Chamonix y la presencia de aquella espectacular aguja me había impresionado desde el primer día lo que justificaba mis deseos de escalarla.Nuestro equipo era tan limitado como ilimitado era mi entusiasmo. Las cuerdas ya eran de nylon, pero no así la vestimenta que estaba muy lejos de ofrecer la más mínima garantía en caso de mal tiempo. La aproximación desde Montervers y la Mer de Glace era la única ruta conocida lo que hizo posible que vivaqueáramos en la morrena no lejos de la pared norte. Al día siguiente ganamos altura relativamente deprisa pues el corredor Ryan-Lotchmatter no ofrece demasiados problemas técnicos.. A media tarde, superada la Fisura Lambert, decidimos detener la ascensión. Con la llegada de la noche llega también el mal tiempo y en pocos minutos todo cuanto nos rodea queda tapizado por una gruesa capa de nieve que poco a poco nos empuja fuera del pequeño rellano donde nos hallamos sentados.

Al día siguiente, apenas despunta el alba iniciamos el descenso. Mis pantalones de pana no están pensados para soportar la nieve y aún menos el agua por lo que a medida que perdemos altura, me veo obligado a sujetarlos para evitar perderlos durante las numerosas maniobras de cuerda que nos vemos obligados a realizar. De noche, muertos de cansancio, llegamos a Chamonix, justo cuando la gendarmería francesa empezaba a interesarse por nosotros.

Pasan los años, pero no los suficientes como para hacerme olvidar los Drus y aquella pared de la que, probablemente, salimos mejor librados que si hubiésemos seguido hacia la cumbre. En el año 1972, deambulaba solo por Chamonix, tras despedir a mis compañeros Ferràn Abella y Joan Cerdá, después de haber realizado juntos la primera ascensión española a la arista Frendo en la pared Norte de la Aigulle du Midi. La casualidad hace que coincida con algunos jóvenes amigos del Grupo de Alta Montaña del Club Montañes Barcelonés. Entre ellos están Toni Fontdevila y Remi Bresco, cuyo prestigio como escaladores está fuera de cualquier duda. Mi propuesta de ir a los Drus les interesa, por lo que al día siguiente partimos hacia esta montaña cuyo glaciar del Niche, en plena pared, destaca de manera bien visible entre las oscuras aristas de granito.

Jordi Pons escalando por primera vez en los Drus, Chamonix, Alpes Franceses, 1959

Jordi Pons escalando por primera vez en los Drus, 1959

Con los años, la aproximación a la base de la pared Norte ha cambiado. Ya no se realiza desde la Mer de Glace, sino desde la estación superior del teleférico de Grands Montets, lo que reduce sensiblemente el horario y el cansancio, a pesar de lo complicado que resulta hallar un itinerario más o menos lógico entre el complicado glaciar de Nant Blanc. Son precisamente las incontables grietas de este glaciar, las que nos retrasan hasta el punto que, llegada la obscuridad, nos vemos obligados a vivaquear entre un indescriptible caos de hielos.

El imprevisto vivac nos permite atacar, a primeras horas de la mañana del día siguiente el corredor Ryan- Lochtmatter. Con todas las horas por delante y sin ninguna cordada que nos preceda, nuestra progresión es relativamente rápida o al menos así nos lo parece, además, el material ya no es tan anacrónico como el de 1959 y los flamantes pantalones Bonneval que adquirí tras el primer intento en la pared de los Drus, son toda una garantía en caso de tener de enfrentarme con el mal tiempo.

Pero estaba escrito que en esta ocasión tampoco conseguiría mi objetivo a pesar de haber alcanzado la zona más comprometida de la pared, donde las fisuras de granito caen verticalmente sobre el glaciar. Una meteorología adversa nos sorprende al pie de la Fisura Allain, en el tercio superior de la pared (por error no conseguimos enfilar la fisura Martinetti, que es mas fácil) En breves momentos, el cielo se cubre y los primeros truenos retumban encima de nosotros justo cuando ya hemos tomado la decisión de abandonar, lo más aprisa posible, el punto máximo alcanzado. En plena tormenta y con más miedo que vergüenza, vamos perdiendo altura viendo como se me escapa por segunda vez la posibilidad de vencer aquella pared Norte. Otra noche al raso y en condiciones precarias, no nos la quitará nadie......

Aguja del Dru, Chamonix, Alpes Franceses. Foto: www.lamontanadeserbal.blogspot.com

Aguja del Dru. Foto: www.lamontanadeserbal.blogspot.com

Dos años más tarde, o sea en el año 1974, Emilio Civís, Ángel Rosen de Vitoria y yo volvemos a la carga. Una escapada a Chamonix siempre es algo saludable....Curiosamente, los tres acabamos de llegar del Himalaya hacía pocos días. Rosen del Everest y nosotros dos del Annapurna. Esta vez sino subimos no será por falta de equipo ya que nuestra vestimenta es inmejorable: botas dobles, anoraks de nylon resinado y chaquetas de pluma de duvet auténtico. Las fibras sintéticas y el tejido de forro polar aún tardarían en aparecer. Los piolets, eso sí, siguen siendo de madera. La experiencia de mis dos anteriores intentos nos lleva a utilizar una táctica de ataque que nos parece buena. Saldremos de Chamonix a media mañana hacia Grands Montets, lo que nos permitirá poder atacar la pared entrada la tarde y superar algunos largos de cuerda por lo que al día siguiente dispondríamos de bastantes horas para concluir la ascensión.

En los últimos años, los Drus se han ganado una bien merecida fama de montaña peligrosa, debido a la caída de piedras que se desprenden no solo del Nicho sino también de la parte superior. A menudo son autenticas avalanchas de piedras y hielo las que barren toda la pared, habiendo causado algunos accidentes mortales.

Decididos a pasar la noche lo más confortable posible y a resguardo de la caída de piedras, nos instalamos en una pequeña repisa asomada sobre el abismo. Ante la imposibilidad de conciliar el sueño, me incorporo un poco justo en el momento en que las primeras descargas eléctricas iluminan el fondo del valle, no lejos de Chamonix ¡Mierda ¡ Otra vez el mal tiempo.- Civis- llamo a mi compañero- Hay tormenta sobre Suiza y no creo que tarde en llegar hasta nosotros. Ni a Cívis ni a Rosen parecen afectarles mis palabras. Insisto. Ni una estrella en el firmamento. No hace nada de frío y esto me preocupa.

Jo mirant amunt, Jordi Pons en la Pared Norte de los Drus, Chamonix, Alpes Franceses, 2003

Jordi Pons en la Pared Norte de los Drus 2003. Foto: www.naciodigital.cat

Jo vers la Lambert, Jordi Pons en la Pared Norte de los Drus, Chamonix, Alpes Franceses, 2003

Jo vers la Lambert, Jordi Pons en la Pared Norte de los Drus 2003

Media hora mas tarde, nos vemos envueltos en pleno fregado. Recogemos rápidamente el material esparcido por el suelo e iniciamos el primero de los "rappeles" justo cuando la tormenta rompe sobre nosotros. La tempestad no cesa y las descargas eléctricas se suceden unas a otras. El miedo me invade pues no quiero ni pensar lo que supondría que una de estas descargas se colara por donde nos estamos descolgando, teniendo en cuenta que las cuerdas pasan, precisamente, por las clavijas de hierro. Con las primeras luces del alba alcanzamos la estación de Grands Montets donde, aparte de sentirnos a salvo, podremos descansar hasta la llegada del primer teleférico y regresar, con la cola entre las piernas, al valle de donde partimos ayer.

Año 2003. Ha llovido mucho desde entonces. Han pasado 44 años desde la primera vez que pisé la cara Norte del Dru y 29 desde la última. La montaña sigue inalterable y su pared Norte, sumergida permanentemente entre las sombras, ofrece el mismo aspecto solemne y altivo de siempre. Solo la ausencia de nieve en el glaciar del Nixe ha desfigurado, si cabe, la imagen que conservaba de años anteriores. El retroceso de los hielos en las últimas décadas es evidente por lo que la ascensión a esta pared se ha convertido en algo así como una ruleta rusa, ante la gran cantidad de piedras que barren la pared a cualquier hora del día. Por supuesto que este cambio climático no ha afectado la estética de los Drus ya que su belleza sigue siendo la misma de siempre. No ha envejecido, cosa que no puedo decir yo. En este aspecto la naturaleza siempre ha sido superior al hombre.

¡Es una suerte, al menos para la naturaleza, claro¡

Jordi Pons bajando en la Pared Norte de los Drus, Chamonix, Alpes Franceses, 2003

Jordi Pons bajando en la Pared Norte de los Drus, 2003

Cuando ya casi me había olvidado de que los Drus seguían siendo una deuda pendiente para mí (entretanto había conseguido escalar las paredes Norte del Cervino, del Eiger, de las Grandes Jorasses, de la Cima Grande di Lavaredo y del Piz Badile ) apareció en escena el amigo Lluís Giner y vuelve a ponerme el caramelo en la boca - Jordi, ya verás como este año "cae" la Norte del Dru. Solo necesitamos un par de días de buen tiempo. Esta frase no era nueva para mí ya que durante los últimos meses Lluís me la había recordado en diversas ocasiones y lo que hubiera podido quedar como una simple anécdota empezó a tomar forma a medida que se acercaba el verano.

Es increíble la tenacidad de mi amigo. A finales de julio, nos situamos en Chamonix. Por razones de maniobrabilidad y aún de seguridad nuestra cordada se ve ampliada a tres escaladores. Carles Gusi, con quien ya había realizado una escalada en hielo en Colorado ( EEUU ), se anima a unirse a nosotros con lo que difícilmente habría encontrado un mejor tándem. Además, la edad de ambos suman la mía y esto ya es una garantía en una ascensión donde disponer de condiciones físicas es importante. A las 8 de la mañana iniciamos el descenso desde Grands Montets pisando un hielo negro y pulido como el cristal. A la vista de lo que observamos, no tiene nada de extraño que la aproximación a la cara Norte del Dru se vuelva a efectuar desde Montervers. Tres horas y media más tarde, iniciamos la ascensión por el corredor Ryan-Lochmatter, viéndonos obligados a extremar las precauciones, pues la ausencia de nieve pone al descubierto las piedras sueltas que silban por encima de nosotros como balas enloquecidas.No me resulta fácil reconocer los largos de cuerda a excepción de la Fisura Lambert y alguna que otra más, a pesar de que algunos de los pasos los estoy repitiendo por cuarta vez. El motivo quizás sea porque en esta ocasión hemos sustituido las botas de cuero por los "pies de gato" (calzado utilizado últimamente en la mayoría de ascensiones de roca de los Alpes), lo cual, sumado a mi posición de segundo de cordada, hace que las cosas se vean de distinta manera, sobretodo porque la técnica de progresión es muy distinta.

Jordi Pons, 2007. La Saca Gran

Jordi Pons, 2007. La Saca Gran

A últimas horas del día y después de quince largos de cuerda, nos detenemos en una pequeña plataforma utilizada anteriormente por otras cordadas. Atados y protegidos con los cascos de escalada, nos disponemos a pasar la larga noche metidos en un saco de vivac para dos personas, lo cual exige una buena dosis de resignación, ante la imposibilidad de mover ni tan siquiera un brazo. De madrugada y ante la evidente falta de confort por falta de espacio, nos ponemos en marcha rápidamente lo cual es una ventaja ya que según parece, hacia media noche se espera un cambio de tiempo, por lo que es importante encontrarse fuera de la pared Norte antes que ello ocurra.

Poco a poco, el glaciar del Nixe, va quedando a nuestros pies, mientras las fisuras por las que progresamos se enderezan de manera espectacular. Con los años, la nieve ha ido desapareciendo y ahora solo asoman lisas placas de granito encajadas entre restos de hielo obscuro. A media mañana llegamos a la zona más expuesta y vertical de la pared. Es el punto "clave" donde algunos restos de tacos de madera y viejas clavijas asoman de vez en cuando, dejando constancia de que nos hallamos en la parte más expuesta y difícil de la cara Norte. Progresando unas veces como cabeza de cordada Lluís Giner y otras Carlos Gusi, nos situamos bajo la Fisura Allain. Esta fisura no tan solo es la original, sino que además es más difícil que la llamada Martinetti, utilizada por la mayoría de cordadas, precisamente porque es más asequible que la primera. Es en plena superación de la Fisura Allain, cuando nos damos cuenta del reconocido prestigio de este largo de cuerda, considerado de sexto grado en los años siguientes al logro de la primera ascensión.

Jordi Pons, 2006. Peñon de Ifach, Alicante, España

Jordi Pons, 2006. Peñon de Ifach, Alicante, España

Al contrario de mis anteriores intentos, en los que el martillo y las clavijas estaban al orden del día, aquí no utilizamos ni una ni otra cosa. Solo los "friends" que pasan de manos de Lluís a los de Carles y viceversa, a cada lago de cuerda. Afortunadamente para mí, la colocación de cada uno de estos pequeños artilugios es un punto de seguridad increíble lo que me permite, en aquellos pasos donde la pared tira de espaldas colocar el estribo sin el menor pudor. Hacia las siete de la tarde llegamos a la brecha donde termina la ruta de la pared Norte. Dos rellanos sobre el abismo, protegidos con un pequeño muro de piedras, es un claro testimonio de las muchas cordadas que han pasado aquí la noche.

Es demasiado tarde para empezar a descender ya que se necesitan tres o cuatro horas para llegar, después de muchos "rappels" al refugio de la Charpoua. Además, hay otra razón que aconseja quedarnos aquí y es la llegada del mal tiempo previsto para esta noche. En realidad, todo es mal que mata pero si la tormenta nos sorprendiera en algún lugar más comprometido que aquí, la situación podría ser realmente crítica. La medida del saco de vivac es el mismo de ayer a la noche pero el rellano es algo mejor lo que permite afrontar, con cierta filosofía, la anunciada llegada del mal tiempo.

Jordi Pons, 2010

Jordi Pons, 2010

Al igual que en el año 1974, soy testigo del primer relámpago sobre la ciudad de Ginebra. No falla, antes de media noche retumban los truenos a nuestro alrededor y en pocos minutos empieza a nevar abundantemente. ¿A que estamos bien dentro de esta casita ? Quien ha dicho esto es el amigo Carles Gusi, que le sobra moral por los cuatro costados. Cierro los ojos en un intento por dormir. No resulta fácil. No por la estrechez del saco sino porque son demasiadas sensaciones las vividas en esta pared, a lo largo de mi vida montañera. Creo que nunca una montaña se me había resistido tanto.

Mis dos amigos, Lluís y Carles, no saben que les estoy profundamente agradecido por haber hecho posible que hoy, 30 de julio del 2003, a mis setenta años, hayan hecho posible que un sueño se haya convertido en realidad. En silencio, la nieve se va depositando sobre nuestro saco de vivac. Será de madrugada cuando nos daremos cuenta de la abundante nevada que había caído sobre los Drus, cuya pared Norte ha quedado impracticable por unos cuantos días.

Por suerte para mí, ya no habrá necesidad de un nuevo intento.......


Jordi Pons Sanginés

- Extraído de la Enciclopedia Viquipedia del Catalán -

Nacido en Barcelona en1933, es un alpinista, esquiador, cineasta y escritor catalán. Es, de su generación, el único alpinista que, además es un cineasta de primera calidad, aún activo en ambas especialidades.

Es considerado uno de los padres de la actual generación de alpinistas y escaladores de Cataluña y de todo el Estado español, con ascensiones a paredes míticas como la cara Norte del Eiger o el espolón Walker de las Grandes Jorasses, en el Macizo del Mont Blanc , en el Hindukush, al Annapurna, etc. Formó parte de la primera expedición catalana al Everest en el año 1982, organizada por el Centre Excursionista de Catalunia (CEC), de la que queda como testimonio el magnífico filme Everest 82, primera expedición catalana. En 2003, cuando ya había cumplido los 70, escaló la pared del Dru, una de las más difíciles escaladas de los Alpes, después de varios intentos a lo largo de su vida de escalador, de la que también queda un testimonio gráfico, el vídeofilm La inaccesible pared norte del Dru.

Jordi Pons filmando en la pared Oeste del Everest

Jordi Pons filmando en la pared Oeste del Everest

Jordi Pons en el Fujihama, Japón, 2008

Jordi Pons en el Fujihama, 2008

Su obra cinematográfica comprende más de una veintena de documentales de los que, él dice pueden ser presentados con una cierta dignidad, muchos de los cuales destacados con premios en  el Festival de Cine de Montaña de Torelló y en los festivales internacionales de Trento o de Les Diablerets. De entre todos cabe destacar los documentales del Ama Dablam (1981), el citado Everest 82, el Cho Oyu 8201 m (1984) y Mackinley , la montaña polar (1987), todos ellos rodados con cine 16 mm, la calidad de los cuales está muy por encima del concepto de una cierta dignidad que él usa modestamente cuando habla de sus filmes y cuando afirma que para sacar a la gente de su casa para ver un documental sólo se podía hacer si había un mínimo de garantías de pensar que las imágenes eran de suficiente calidad para hacer perder unas horas de sueño. En 2005 recibió una medalla UNICA (Unión internacional de Cine Amateur) de manos de la Sección de Cine del CEC. En 2007 fue elegido miembro honorífico de la UIAA (Federación Internacional de Alpinismo y Escalada). Es la quinta persona que obtiene esta distinción en esta organización.

Ascensiones más destacadas de Jordi Pons:

1959 Cima Grande di Lavaredo, Cara Norte, Comici Route
1960 Centinelle Rouge (Mont Blanc), Primera ascensión española
1960 TorreTrieste, Cassin-Ratti route, Primera ascensión española
1961 Nevado Huacaran Sur, Primera ascensión
1962 Cervino (Matterhorn) Cara Norte, 21ª ascensión, primera española
1964 Eiger Cara Norte, 47ª ascensión mundial, primera española
1967 Grandes Jorasses Walker Rid, Primera ascensión española
1964 Cima Grande di Lavaredo, Directisima
1963 Nevado Siula Grande, Huay Huash. Directísima, Primera ascensión, Peru.
1965 Cima Canali, ruta Herman Buhl
1966 Chimborazo, Primera ascensión española
1967 Garet   El D´jenoun. Primera ascensión
1968 Monte Ararat, Armenia
1969 Istor-O-Nal Hindu Kush 7398mts, Primera ascensión
1970 Piz Badile Cara Noreste.
1974 Annapurna Este. 8024m, primer “8.000” español
1976 Agpatut, Groenlandia
1978 Yerupaja South direct west
1979 Dhaulaguiri. 8172m 6ª ascensión
1981 Ama Dablam 6.768m 3ª ascensión
1982 Everest Arista Oeste 8.500 metros
1983 Aconcagua, Argentina
1984 Cho Oyu, 8201m, 3ª ascensión después de Messner y Vera Kormakova.
1985 Kilimanjaro, Africa.
1987 Mac Kinley Arista Oeste
1988 Gasherbrum II, 8035m, Paquistan.
1991 Kanjirolawa, 6250m, Dhaulagiri, Cara noroeste, primera ascensión
1997 Nevado Artesonraju, 6.050m, Cara Oeste
1999 Piramide Tacul, Ruta Contamine
2003 Drus Cara Norte, Ruta Allain, Alpes
2006 Nevado del Pissis, 6.882m Argentina
2007 The Professor, ICE FALLS. Canadá
2007 Louise Falls, Lago Louise. Canadá
2007 Serac Grassi, Alpes
2007 Dent du Geant, Alpes

Jordi Pons, 2010. Foto: Final Vivencias

Jordi Pons, 2010. Foto: Final Vivencias

Jordi Pons en Puente del Inca, Argentina. Foto: Jaime Suárez, Facebook Jordi Pons


Jordi Pons escala la Norte de la Pique Longue del Vignemale a los 83 años

- 14/09/2016 -
- Por Darío Rodríguez e Isaac Fernández, Desnivel.com -

En 1952, cuando tenía 19 años, estuvo a punto de intentar esta ruta: "Con 19 años, aquella aventura me venía grande... afortunadamente, llovió". Sesenta años después lo ha conseguido. De la cuerdas de cáñamo, mosquetones de hierro, pitones y alpargatas de los años cincuenta... a escalar con ochenta y tres años con fisureros y pies de gato. Nunca es tarde para cumplir un viejo sueño.

Jordi Pons es una de las figuras más sobresalientes del alpinismo de nuestro país.Nacido en Barcelona en 1933, su currículum de primeras nacionales es impresionante. Actualmente Presidente de Honor de la FEDME, firmó las primeras de las tres míticas paredes norte de los Alpes: Cervino (1962 con Heinz Pokorski), Eiger(1964 con Josep Manuel Anglada) y la Walker de las Grandes Jorasses (1967). Fue también el primer español en escalar un seismil (1961, el Nevado Huascarán en Perú con Anglada), un sietemil (1969, el entonces virgen Istor-o-nal en el Hindu Kush pakistaní con Anglada, Cerdà y Civís) y un ochomil (1974, primera absoluta delAnnapurna Este, con Anglada y Civís).

En los años ochenta, fue el alpinista español con más ochomiles, tras haber ascendido el Dhaulagiri (1979, primera nacional), el Cho Oyu (1984, primera nacional) y el Gasherbrum II (1988) además del citado Annapurna Este. Otras primeras nacionales suyas son el Monte Ararat (Armenia), el volcán Chimborazo(Ecuador), el Nevado Yerupajá Sur (Perú), el Ama Dablam y el Kanjeralwa (Nepal) o el Garet el D'jeneoun (Argelia). El McKinley, el Kilimanjaro, el Aconcagua y muchas otras montañas también figuran en su haber.

La que no había conseguido ascender nunca era la cara norte del Vigmenale, laPique Longue (3.298 m) en los más cercanos Pirineos. Y eso que en 1952 ya viajó allí para intentarla. Sin embargo, aquel día se puso a llover y tuvo que dejarla para más adelante... "Poco podía imaginar que sesenta años más tarde, con Joan Quintana, volvería a meterme en este berenjenal", reconoce Jordi Pons, quien apunta que "esto demuestra el valor de la tenacidad y que, en un deporte como el montañismo, nunca es tarde para intentarlo; transmite un mensaje para todos aquellos que se proponen algún día conseguir un reto".

Jordi Pons (83 años) en la norte del Vignemale. Foto: Joan Quintana, PixPeak


"Con 19 años, aquella aventura me venía grande... afortunadamente, llovió"

Fue una asignatura que quedó pendiente durante seis décadas...
Es que para mí aquella aventura, con 19 años, me venía grande. Afortunadamente, llovió y ya nos fuimos hacia Aragón.

Mis compañeros, Xavi Ayuso y Joan Quintana, me decían "Jordi, si en un momento dado no estás motivado, ves algún problema o no te encuentras bien"... O sea que yo iba un poco condicionado a ver mi comportamiento cómo iba. Afortunadamente fui ascendiendo sin problemas. Los mil metros no te los quita nadie, pero tampoco es nada del otro mundo, sobre todo cuando vas con pies de gato y un buen equipo. Iba con 4 kilos en la mochila, si es que llegaba, y me llevaban en volandas para que no tuviera ningún problema. Y a veces los sueños se convierten en realidad.

¿Cómo surgió la idea?
Fue por Joan Quintana, que un día se le encendió la bombilla; leyendo mi currículum se dio cuenta de que no había hecho la Pique Longue. Un sueño de joven que se había quedado en sueño... y va y sesenta años más tarde lo he hecho, gracias a mis compañeros de cordada Joan Quintana, Xavi Ayuso y Carles González, que es bombero y era el que filmaba. Me encontré rodeado de tres personajes con una seguridad increíble. Y escalar 1.000 metros de desnivel co una mochilita de 4 kg a la espalda y una cuerda por delante... pero, claro, hay que subir, que tampoco sé si todo el mundo puede hacerlo con 83 años, casi 84.

¿Cómo es la ruta?
Es una clásica. Es un paredón al que le faltan 100 metros para llegar a ser como El Capitan, es un murallón.

¿Cuánto tiempo invertisteis?
A las 7 de la mañana empezábamos en la rimaya y las 7 en punto de la tarde llegábamos arriba, aunque incluso contemplábamos la posibilidad de llegar de noche.

Jordi Pons (83 años) y Joan Quintana en la norte del Vignemale. Septiembre 2016. Foto: Jaume Altadill, PixPeak


"Lo que antes hacíamos en 15 días, ahora resulta que se hace en tres"

¿Cómo te sentiste en la escalada?
Muy bien. Cuando vas con profesionales... si había una placa de esas que son inclinaditas pero que no hay presas, que tienes que subir en adherencia... me dejaban los pedales colgados y simplemente tirando, sin siquiera subirme en ellos, superaba aquellos metros. Como era el ultimo y me tocó recuperar todo el materia, llegaba a la reunión envuelto en los pedales, los friends, los empotradores... Ahora estas cordadas jóvenes, cada vez que hay una fisura van colocando empotradores por todas todos sitios –cosa que me parece estupendo–, mientras que antes te lo pensabas mucho antes de colocar una clavija. Entonces yo iba recuperando todo el material y cuando llegaba a la reunión donde estaban ellos, parecía que iba disfrazado. Me encontré muy bien, al día siguiente hubiera podido ir de excursión perfectamente.

¿Hubo algún largo que te costara más?
No, en absoluto. Salimos a las 5:30 de la mañana del refugio de Oulettes, a las 7:00 en punto saltábamos la rimaya y nos enganchábamos de la pared, atacamos justo por el couloir de Gaube –que está absolutamente seco, con solo un par de techos con hielo– y en ningún momento, de los treinta largos de pared que hay, me encontré apurado, al contrario. Luego bajamos todo el glaciar del Petit Vignemale y subimos a dormir al refugio de Baysellance. Al día siguiente, bajada a Oulettes, al parking y a España. Lo que antes hacíamos en 15 días, ahora resulta que se hace en tres días. Lo que hacíamos con mosquetones y clavijas y buscando, ahora se hace con un material ligero y con pies de gato. No tiene nada que ver lo que se hace hoy en día con lo que nos tocaba hacer en los años cincuenta.

Me llevo un gran recuerdo de esta montaña. Cuando se enteraban que tenía 83 años, los guardas de los refugios se quedaban parados, me felicitaban y yo me sentía arropado de pensar que hay poca gente a mi edad que se mete en una pared de 900 metros de altura, y eso siempre se agradece. Me sentí muy feliz de poder decir que en España todavía queda más de un Carlos Soria.

Jordi Pons (83 años) y Joan Quintana. Septiembre 2016. Foto: Jaume Altadill, PixPeak


"Me cansé más llegando al refugio que durante la escalada"

¿Y al día siguiente no tenías agujetas ni cansancio?
No. Yo llevaba muchos días sin escalar por un problema de ciática, y aproveché ahora quince días en Andorra para hacer 6.500 metros de desnivel en el Comapedrosa, el Tristaina, el Font Blanca, el Casamanya, el Pic Alt de la Capa... Son seis cumbres y cada una tiene un promedio de 1.000 metros de desnivel. La técnica de escalada es lo último que se pierde. De hecho, reconozco llegué tocado al refugio de Oulettes cargado con la mochila y las horas del sol. Como me dijo, Xavi Ayuso "fuiste de mal a mejor: llegaste justo al refugio, al día siguiente bien, y a la hora de la escalada aún mejor". Y luego el regreso –que por primera vez utilicé esos cramponcitos que van en las zapatillas de andar–, ni agujetas ni nada, yo mismo me sorprendí y pensé "a ver si es que estoy volviendo a una segunda juventud".

Hace 60 años, ¿con qué material escalabas?
Con cuerdas en cáñamo de 40 metros, mosquetones de hierro, pitones y alpargatas; cuerda a la cintura, asegurando por la espalda, sin casco ni arnés ni nada. Y así fuimos incluso al Dru con Santacana la primera vez. Todo aquel material, comparado con lo que se lleva hoy en día... Ahora, incluso llevábamos mucha agua; mis amigos llevaban tres o cuatro litros, yo llevaba una botella de medio litro.

Jordi Pons -83 años- y Joan Quintana (izq.) en la cumbre del Vignemale. Foto: Carles González, PixPeak


"Me recuerda a la norte del Petit Dru, que hice en 2003, 44 años después del primer intento"

En comparación con otras escaladas tuyas que recuerdes, ¿cómo la has visto?
Bueno, yo sólo había tenido dos escaladas que no había podido hacer, y ambas parecidas. Una era la pared norte del Petit Dru, que intenté en 1959, en 1972 y en 1974, y hasta el cuarto intento con Lluís Giner, 44 años más tarde, a los 70 años, en el 2003, no la conseguí escalar. Y a los 83, la norte del Vignemale. Ambas paredes tienen un parecido, porque fueron un reto pendiente que se quedó ya para la posteridad. He tenido la gran suerte en mi vida que, sin ser ningún héroe, he conseguido que las etapas de la vida se fueran sucediendo una tras otra y que algunas de las rutas que quedaron sin hacer las he realizado muchos años después.

¿Tú qué te consideras más alpinista o escalador en roca?
Me considero alpinista, porque me ha gustado tanto el hielo como la roca. En cambio, no he sido un hombre que me haya dedicado a abrir vías un domingo tras otro. Y es que durante 30 años fui corredor de esquí nórdico y, en lugar de pasar los fines de semana en Montserrat abriendo rutas, me dedicaba más a otra actividad. Y al final, aunque haya hecho más de 200 ascensiones en Montserrat, me considero más alpinista que escalador.

De hecho, también destacaste en los ochomiles...
Sí, hice el Annapurna Este, el Dhaulagiri, el Cho Oyu y el Gasherbrum II. El Dhaulagiri fue una gran ascensión. La hicimos al mismo tiempo que Sylvain Saudan y su expedición franco-suiza en la que hubo fallecidos... y eso pesa, que estés en una expedición y haya compañeros que dejen el pellejo. También estuve en el Shisha Pangma, que es una montaña que ha quedado por hacer, con los militares cuando murió Joan Martínez.

¿Qué ochomil es del que guardas mejor recuerdo?
Del Annapurna Este, el primer ochomil, y luego quizás del Dhaulagiri. Los franceses antes de ir al Annapurna estudiaron el Dhaulagiri y dijeron que era demasiada montaña para ellos en aquella época (1951). Y eso que eran Lionel Terray, Louis Lachenal, Jean Couzy, Gaston Rébuffat, Marcel Schatz... Pues resulta que no lo fue para Jordi Pons, que hizo cumbre con los navarros y con Ang Rita, que era su primer ochomil y luego hizo doce ochomiles.

¿Cómo es tu vida ahora? ¿Sigues entrenando todos los días?
Más que entrenarme, procuro no hacer una vida sedentaria. Procuro salir y hago todo lo que puedo para mantenerme... pero es lo mismo que he hecho toda la vida: hago gimnasia por la mañana, voy algún día a correr por las montañas de los alrededores –más que correr, es andar deprisa–... Considero que soy un hombre que se cuida un poco, pero nada del otro mundo. Sí que entrené mucho en la época en que hacía esquí de competición.

Jordi Pons escaló el pasado miércoles 7 de septiembre la Norte de la Pique Longe para una filmación de la productora Pixpeak, para un episodio que se emitira en TV3. En la escalada le acompañaron Joan Quintana, Carles Gómez y Xavi Ayuso. Jaume Altadill le filmó desde la base.

Jordi Pons (83 años) en la cumbre del Vignemale. Foto: Joan Quintana, PixPeak


Área Restauración Fotográfica del CCAM: Natalia Fernández Juárez

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